A. de Messina: "Cristo muerto sostenido por un ángel" PDF Imprimir Correo
Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   
Domingo, 07 de Febrero de 2010 19:03

Cristo muerto sostenido por un ángel

 

Antonello de Messina

Museo del Prado. Madrid. 1475-1476.

 

Antonello de Messina (1430-1479) es un pintor que debemos de encuadrar en el marco de la pintura del Quattrocento italiano, si bien el suyo es un caso particular, y muestra en sus pinturas una serie variada de influencias procedentes además de muy distintos focos, que le convierten en caso atípico dentro de lo que serían las características del Quattrocento.

En primer lugar hay que contar con sus orígenes sicilianos, de hecho su nombre en realidad era el de Antonello di Giovanni d'Antonio, pero se convierte en Antonello di Missina en atención a su lugar de nacimiento. De esos orígenes quedará en su pintura una fuerza expresiva directa y sincera como la que se advierte por ejemplo en su famosa Virgen de la Anunciación, en la que retrata en realidad a una joven siciliana, probablemente Eustochia Smeralda Calafato que fuera su amiga y puede que amante.

Pero tal vez el aspecto que más sorprende siempre al estudiar la pintura de Messina es su relación formal tan estrecha con los pintores flamencos, hasta el punto de que la suya es una pintura deudora de su influencia. Cuesta saber cómo le llegaría ese influjo, que no sólo se advierte en el plano formal, sino también en el técnico pues su dominio del óleo es asimismo una herencia aprendida de la Escuela flamenca. Algunos la relacionan con su formación en Nápoles ciudad que contaba con obras de pintores flamencos procedentes de colecciones nobliares y de la propia Corona de Aragón. Vasari en sus “Vidas” al hablar de este pintor llega incluso a decir que fue discípulo de Van Eyck, lo que no se puede confirmar. Lo que si se sabe con seguridad es que después de su aprendizaje en Nápoles marcha a Milán donde trabaja para los Sforza, coincidiendo allí con Petrus Christus, que también pudo ser quien le introdujera en los aspectos que más sorprenden de su pintura y que más lo relacionan con los pintores flamencos: el detallismo, el rigor minucioso y su precisa técnica al óleo.

Pero aún nos quedan más influencias por añadir a la obra tan rica en matices de Antonello de Messina porque también Piero Della Francesca ejercerá un cierto ascendiente sobre el pintor siciliano, especialmente en lo referido al tratamiento de la perspectiva. Una perspectiva geométrica o lineal a la que es capaz de sacarle un enorme partido como ocurre en su obra de “San Jerónimo en su estudio”, y en la que lo mismo que Piero Della Francesca, superpone con habilidad varios planos de visión. Su mayor captación del volumen a través del claroscuro también es otra aportación que recibe del pintor italiano.

Hacia el final de su vida marcha a Venecia, para realizar el Retablo de San Casiano (hoy en el Kunsthistoriches Museum de Viena). Allí, en Venecia, colaborará en el taller de Bellini y será él precisamente quien difunda la técnica al óleo, del mismo modo que la mutua colaboración en dicho taller le empujará hacia una pintura más luminosa y brillante, claramente veneciana, pero que en este caso actúa como un reencuentro con la misma luminosidad con la que había nacido su pintura en su Sicilia natal.

La obra que hemos elegido para la “Mirada” de hoy, aprovechando que ha sido el cuadro postulado para el “enigma de la semana”, es una de las obras en las que mejor se aprecia esa mezcla de influencias que recibió el pintor, porque por una parte son evidentes aspectos que lo relacionan con la pintura de los Primitivos flamencos, pero también hay signos evidentes de su paso por Venecia y de su colaboración con Bellini. La misma iconografía, poco común, de una Piedad convertida en un Cristo doliente sostenido por un ángel, parece que ya la habían utilizado Mantenga y la había repetido su cuñado, Giovanni Bellini, difundiéndola con éxito por Venecia.

De la tradición flamenca se advierten aspectos como el fondo del paisaje, la meticulosidad de los detalles o la dureza en los pliegues del paño de pureza. El simbolismo de las calaveras en alusión a la muerte y al calvario de Cristo se observan también como iconografía de la Piedad en algunas obras flamencas (véase sin ir más lejos “El descendimiento” de Van der Weyden en el mismo Museo del Prado). En todo caso, el detalle de los olivos del fondo y de la propia ciudad de Messina como fondo del paisaje, convertida en este caso simbólicamente en Jerusalén celeste, le dan a la obra el toque italiano y mediterráneo.

No es el único, porque en la obra también se advierte la influencia veneciana: la luminosidad brillante y cálida del cuerpo de Cristo es típicamente veneciana, así como la expresividad de los rostros, la del ángel, y sobretodo el soberbio rictus de Cristo, que entroncan con la tradición del Quattrocento italiano.

No está claro por todos estos distintos pormenores si la obra la realizaría a su vuelta a Messina después de su etapa Veneciana, cuando su mala salud le obliga a regresar a su ciudad natal, donde moriría poco después, o si la terminaría todavía en Venecia. Lo que sí sabemos es que es una de las joyas del Museo del Prado, y además una de las de más reciente adquisición pues se compró en 1966 a una colección privada procedente de Irún, que a su vez la habría adquirido muy probablemente del Monasterio de Monforte de Lemos, donde la sitúan algunos especialistas.

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"La Anunciación"

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"San Jerónimo en su estudio"

 

Última actualización en Domingo, 07 de Febrero de 2010 19:29
 

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