| A. Gisbert: "El fusilamiento de Torrijos" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”El fusilamiento de Torrijos”.
A. Gisbert. Museo del Prado. Madrid. 1888 En el contexto general del panorama romántico de la pintura española podemos distinguir distintas tendencias y estilos que irían desde el retrato y el paisaje, a la pintura de género. No obstante se advierte a partir de la segunda mitad del S. XIX un esfuerzo en muchos pintores por conciliar dos conceptos estéticos contrapuestos, como son el sentimiento romántico y el clasicismo artístico, dando lugar a lo que muchos especialistas han dado a conocer como eclecticismo pictórico. Es en este ámbito en el que debemos de incluir ese género peculiar que es la pintura de Historia. En el fondo es una manifestación más del ideal romántico, porque la pintura de Historia es un género muy relacionado con pasajes de periodos históricos en los que se podían encontrar paralelismos con los momentos del presente. Era además un referente muy frecuente a la hora de exaltar movimientos de corte nacionalista que encontraban su justificación en la situación política medieval o moderna de muchos países. Por ello mismo fue una tendencia apoyada desde la propia oficialidad, ya que podía utilizarla como elemento de propaganda, aunque en ocasiones sirvió también como forma de reivindicación. Podríamos decir que la pintura de Historia en España ya había tenido sus ejemplos en pintores anteriores a este movimiento concreto, como el mismo Goya o Vicente López, si bien, aunque ahora se trata de otra forma de este mismo género, pues consiste principalmente de ser un cronista de aquella época, sin ninguna licencia al sentimiento, sino por el contrario con una sujeción estricta a los datos históricos de la escena y al realismo de la época y de las crónicas. Se fijan no sólo los datos y la propia narración, sino incluso el tamaño de los lienzos, normalmente de grandes dimensiones para mayor exaltación de la escena, con lo que ciertamente es un género en el que hay poco margen para la libertad del artista. Si bien con el paso del tiempo la pintura de Historia ha sido muy poco considerada y en ocasiones incluso denostada por su excesivo carácter propagandístico y su acusada pomposidad, lo cierto es que en su momento gozó de un enorme favor del público y de las instituciones oficiales, y que fueron muchos y buenos sus mejores representantes, y asimismo que algunos cuadros de Historia son magníficos cuadros de buena pintura. Basta repasar la nómina de los pintores que o bien son fieles seguidores de esta Escuela, caso de J. Casado de Alisal, Antonio Gisbert o Francisco Pradilla, o son artistas que si bien no se consagran exclusivamente al género, también hicieron sus incursiones en él, como ocurre con Eduardo Rosales (El testamento de Isabel Hemos elegido para esta “Mirada” que le estamos dedicando a la pintura de Historia en España, una pintura que ha aparecido recientemente en los medios de comunicación con motivo de la inauguración de la ampliación del Museo del Prado, al aparecer como fondo de la foto oficial en la que posan los reyes y el resto de autoridades de la nación. Se trata de un cuadro de uno de los principales pintores del género que hemos citado, Antonio Gisbert, un pintor nacido en Alcoy que cultivó este tipo de pintura con frecuencia, cosechando sus mayores éxitos con dos cuadros de línea similar, Los comuneros, y éste que nos ocupa, El fusilamiento de Torrijos. Se trata de un encargo de Práxedes Mateo Sagasta, en plena época de Desde el punto de vista pictórico, el cuadro es de un estricto purismo en cuanto al trazo y la composición, predominando el dibujo preciso y de línea firme, y una composición muy ordenada, con la posición de todos los personajes en una formación horizontal, que marca una ligera oblicua en diagonal para inducir profundidad. En el centro del grupo y a modo de vértice compositivo se destacan las figuras de los protagonistas, Torrijos delante de todos y a sus flancos, Flores Calderón y su ex ministro de Nitidez en toda la visión de cuadro, pero también colores apagados completan esta recreación narrativa, a la vez amarga y heroica. ![]() Otros artículos de esta sección...
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