A. Hiroshige: "Súbita lluvia sobre el puente Atake" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Súbita lluvia sobre el puente Atake.

Ando Hiroshige.

Museo de Arte Fuji.  Tokio. 1856.


No cabe duda de que una de las manifestaciones artísticas del Japón más conocidas y de una repercusión indudable en la Historia del arte universal es la llamada estampa japonesa, en realidad grabado sobre madera (xilografía). Una técnica, la del grabado sobre planchas de madera, conocida en Japón desde el S. VIII, pero cuya utilización se había limitado a la producción de imágenes religiosas coloreadas a mano. Será no obstante, mucho más tarde, ya en el periodo Edo, es decir a partir del S. XVIII, cuando se va a poner de moda un tipo de estampación demandada por las clases medias acomodadas de las grandes ciudades, los chomin, artesanos y comerciantes enriquecidos, la mayoría. Sus gustos, alejados de la estética religiosa o cortesana, reclaman imágenes alegres, de temas intrascendentes y que coincidan con su visión del mundo realista y placentera.

El resultado será una de las manifestaciones más hermosas de todo la Historia del arte, el llamado Ukiyo-e. Tiene indudables puntos de contacto con la escuela de pintura Yamato-e, por su carácter espontáneo, sus escenas cotidianas y su tono desenfadado, pero se añade el toque refinado que le otorga la técnica de la estampación y una serie de aspectos formales que le son característicos: como la definición y pulcritud de las líneas, que predominan en toda la composición, hasta el punto no sólo de definir con potencia los contornos, sino también de marcar el ritmo y la cadencia de las imágenes, su sentido sutil del movimiento e incluso su expresividad, siempre llena de una poesía y encanto, en gran medida obtenidas a través de ese tratamiento de la línea.

El otro aspecto formal inconfundible es el color. No es fácil colorear una xilografía, sólo se puede hacer imprimiendo sobre planchas distintas cada vez que se quiere aplicar un color diferente, lo que obliga a estampar la imagen tantas veces como colores tenga el grabado final. Pero aún así, el colorismo de la estampa japonesa, sus tonos luminosos, siempre planos, y la pureza de sus colores sin mezcla, le otorgan toda la alegría y la vitalidad que la caracteriza.

Otros elementos de su lenguaje formal serían las disposiciones asimétricas y las composiciones que de ello se derivan, muchas veces interrumpidas en sus extremos, de tal modo que no acaba de completarse la escena en la imagen, lo que obliga al espectador a un esfuerzo de imaginación por completarla inconscientemente, alargando así el espacio ficticio de la representación. Un aspecto éste, que imitarán, como tantos otros de la estampa japonesa, los pintores impresionistas y algunos postimpresionistas europeos.

Los temas, son cotidianos e intrascendentes, pero predominan fundamentalmente dos, el tema de la mujer, tratado desde muchos puntos de vista, pero destacando siempre su belleza, la belleza de la mujer japonesa, y el paisaje, un paisaje que nos envuelve o nos cautiva, pero que siempre resulta maravilloso. También se retratan actores del teatro kabuki, muy popular en esa misma época.

El Ukiyo-e, tuvo autores muy conocidos, que considerando la repercusión alcanzada por la estampa japonesa dentro y fuera de las fronteras del Japón, se han convertido en nombres propios de la Historia del arte Universal. Es el caso de Harunobu y Utamaro, dos de los primeros grabadores y de los que mejor supieron captar la belleza de la mujer, Sharaku, dedicado al retrato de personajes del teatro, y en el género del paisaje dos artistas extraordinarios, Hiroshige y Hokusai.

Su repercusión sobre el arte occidental será enorme. No sólo la estampa, es todo el arte japonés en su conjunto, si bien es a través del Ukiyo-e como el arte japonés llega a occidente inundando Europa de una estética particular cuya influencia en la obra de artistas como Manet, Monet, Degas o Van Gogh será en muchos casos determinante.

La figura de Utagawa Hiroshige (1797-1858), más conocido como Ando Hiroshige es sin duda una de las más conocidas y brillantes. Contemporáneo de Hokusai aunque algo más joven, sigue su línea paisajista a la que le aporta un colorido más potente y un efecto ambiental muy sugerente, aunque en realidad realizó una obra amplísima en la que se entremezclan todo tipo de géneros. De esa amplia obra sobre todo paisajista destacan sus famosas estampas del monte Fuji y de la ciudad de Edo (Tokyo).


Precisamente de la “Serie Cien paisajes famosos de Edo” es esta estampa, una de las más conocidas de toda su producción. La obra es de una enorme espontaneidad y capta el momento justo en el que una fuerte lluvia de verano (“lluvia blanca” que la denomina él) irrumpe sobre el puente de Atake. Una cortina de lluvia, representada de forma sutil por un raspado sobre la plancha y el movimiento apresurado de las figuras, recrea esa sensación acelerada que provoca la tormenta. La obra como tantas suyas y en general de la estampa japonesa es simple y sencilla, de una enorme economía de medios, razón principal por la que agradaba tanto a los impresionistas y postimpresionistas. De hecho el mismo Van Gogh decía que “su estilo era tan sencillo como respirar”.

Como ocurre también en tantas otras estampas, la composición queda encuadrada en un marco incompleto, de tal manera que la escena queda interrumpida por lo laterales, lo que como ya hemos mdicho antes alarga el espacio ficticio de la representación y obliga a la participación del espectador en su encuadre.

Y como siempre también sus colores son planos y brillantes, de una tonalidad azulada que en una exquisita gradación se extienden perfilados por una línea precisa, nítida y de una limpieza visual que es la verdadera responsable de que las estampas japonesas en general y las de Hiroshige en particular, resulten tan precisas y preciosas.

 



 

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