A. Katz: "Red coat" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

Red coat ("Chaqueta roja")

 

Alex Katz

Col. Particular. New York. 1982.

 

Alex Katz es un pintor norteamericano, nacido en Brooklyn en 1927 cuya obra cuenta con un sello personal e inconfundible de un encanto intimista y emocional. Su formación artísitica coincide con el momento de ebullición artística que se produce en Nueva York después de la II Guerra Mundial y que convierte la ciudad en la capital del mundo artístico. En medio de la vorágine del Expresionismo Abstracto norteamericano, Alex Katz se decantará por una pintura muy diferente, alejada del automatismo gestual y del impulso pictórico del “action painting”, y también de la abstracción, en un momento en el que precisamente la abstracción parece la única referencia de la innovación y la modernidad.

Katz por tanto representa una alternativa diferente, marcada por la figuración intimista, la elaboración meticulosa y dilatada de sus grandes lienzos, y una visión de la realidad serena y meditada, donde las imágenes reproducen un mundo amable y risueño. Esta interpretación de la pintura y su eclosión artística en los años sesenta, coincidiendo con el auge del Pop art, han relacionado su estilo con este movimiento. Es lógico, a las características señaladas habría que añadir otras aportaciones, como la influencia que ejercen sobre su obra la estética de los medios de comunicación de masas, su temática informal, las grafías gruesas y sus colores planos, así como experimentos tan característicos como los cut-outs (figuras recortadas y pintadas), que tendrán variantes similares en la obra de otros artistas pop. Pero sobre todo por esa capacidad que comparten todos los artistas del pop art de plasmar ante el espectador una imagen de la realidad, nítida, sencilla, vistosa y de un enorme impacto visual. A ello le añade Katz un tono íntimo de un amable calor humano que lo hace especialmente evocador.

Su técnica como hemos dicho es minuciosa y concienzuda. En primer lugar Katz realiza bocetos del natural muy detallistas, en los cuales ya va anotando aspectos cromáticos y luminosos que desarrollará más adelante. La siguiente etapa consiste en hacer un nuevo boceto, pero en este caso de grandes dimensiones y aportando sobre él las consideraciones lumínicas y cromáticas que tendrá la obra definitiva. También es en esta fase cuando la imagen real de los primeros bocetos se va disociando de la realidad, adoptando el tono distante que suelen tener sus imágenes, en especial sus retratos. Luego, sobre ese boceto, se van remarcando las líneas, se va perfilando el dibujo definitivo sobre le lienzo y se espolvorea todo de pigmento de “siena tostado”. La ejecución definitiva requiere la preparación del lienzo con varias capas de yeso y albayalde, y finalmente la aplicación del óleo de forma precisa y elaborada hasta conseguir esa superficie lamida y plana que caracteriza su estilo. Nada más lejos de la “pintura de acción” del Expresionismo abstracto.

En los años ochenta Katz asumirá un mayor tamaño en sus lienzos, ya de por sí de grandes dimensiones, muy influidos por la estética de los medios de masas explícita en las grandes imágenes de las vallas publicitarias. Esa misma estética se advierte también en la mayor simplicidad formal, las composiciones de encuadres agresivos, las superficies planas de colores cada vez más brillantes, y las figuras delimitadas por contornos de grafías muy rotundas. El propio Alex Katz justifica el influjo que ejercen sobre él los medios de comunicación de masas con estas palabras: “Actualmente los símbolos visuales han adquirido mayor complejidad gracias al cine, la televisión, la publicidad…Todos ellos ejercen una presión ininterrumpida, pues ocupan el lugar destinado tradicionalmente a la pintura y llegan a dominar nuestra visión”.

En su repertorio prevalecen los retratos. Especialmente autorretratos o retratos de él con su pareja o de su pareja sola. Esa pareja es Ada, su segunda esposa, una médica e investigadora que le aportará una gran estabilidad emocional. En sus imágenes se refleja toda esa paz y serenidad que a él mismo le sedujeron, así como una belleza extraña y misteriosa, la misma que tienen también algunos de sus autorretratos, y ello debido a la artificialidad que a veces transmiten sus rostros o sus actitudes. Él mismo lo explicaba así: “mis autorretratos son Alex Katz representando un papel; no tienen nada en común con el verdadero Alex Katz”. Y es cierto que además las imágenes reproducidas de sí mismos a veces se ocultan bajo una apariencia de elegancia y glamour un tanto artificiosa. Sobre todo las de su mujer, convertida en la mayoría de sus retratos en un icono de belleza sensual y distinguida. De ella dirá: “Es una mujer especial. Es una mujer hermosa…Es realismo. Es aristocracia. Es elegancia…Es algo imperturbable e insustituible y, en consecuencia, eterno”.

La prueba de todo ello la tenemos en este precioso retrato de Ada, envuelta en un embriagador tono rojo carmín, que llena el cuadro todo con su fuerza cromática y su luminosidad, acercándonos así a la belleza más sensual de su mujer. Su perfil tan nítido y su rostro lleno de expresividad distante añaden el toque enigmático a su atractivo insinuante. Cuenta en ello también su peculiar encuadre, tomado directamente del mundo de la fotografía, por el que Alex Katz sentía admiración, en especial por la fotografías de moda de Man Ray y Richard Avedon, cuya elegancia y distinción comparte también este retrato.

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