| A. Pozzo: "Apoteosis de San Ignacio" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Apoteosis de San Ignacio.
Andrea Pozzo.Iglesia de San Ignacio de Loyola. Roma. 1685-1694.
La pintura barroca italiana evoluciona en la segunda mitad del S. XVII hacia una tendencia eminentemente decorativa donde se desarrollan en plenitud las consignas que venían definiendo el estilo Barroco desde su origen: la aparatosidad grandilocuente, el efectismo ornamental y la teatralidad escénica de sus representaciones. Es además un recurso muy efectista en el esfuerzo propagandístico que persigue Por eso no es de extrañar el éxito de una serie de pintores que hacen del ilusionismo pictórico una moda creciente que enlazará sin interrupción con el sentido igualmente decorativo de la pintura rococó. Entre estos pintores ilusionistas destaca en primer término la obra de Pietro de Cortona, que es quien inicia este movimiento con su decoración del Palacio Barberini en Roma y de varios salones del Palacio Pitti en Florencia. Sigue su estela Giovanni Battista Gaulli (Il Baciccio), que decora Andrea Pozzo es además de pintor, arquitecto y escenógrafo, por lo que no debe de extrañar que aplicara sus conocimientos en estos campos a su obra pictórica, sin olvidar que son sus estudios de matemáticas y geometría los que le permiten acometer ejercicios de perspectiva que son tan complejos como espectacular es su resultado final. Culminación de todo este talento es su obra magna en En Aunque es en la nave de la iglesia donde el trabajo de Pozzo resulta sin duda más impresionante. No olvidemos en primer lugar que se trata de un espacio de La enorme pintura de la bóveda se titula en realidad El papel de San Ignacio en la expansión del nombre de Dios por el mundo, y representa iconográficamente la labor misionera de los jesuitas por todo el orbe. Así en el centro de la composición, en un característico “rompimiento de gloria” típicamente barroco, aparece Dios Padre que proyecta su luz sobre el Hijo, que a su vez lo transmite hacia San Ignacio, del cual parten cuatro haces de luz que como rayos de la evangelización se dirigen hacia los cuatro continentes, representados por medio de figuras simbólicas en las cuatro esquinas de la composición: Europa, como una matrona a caballo, y sobre ella San Francisco de Borja y Estanislao de Kostka dirigiéndo al cielo a sus adeptos. Asía sentada sobre un camello, y sobre ella San Francisco Javier elevando a sus seguidores al cielo. África es una mujer con un colmillo de elefante en una mano y sentada sobre un cocodrilo, sobre la que se elevan misioneros jesuitas africanos. Finalmene América, representada como una mujer india luchando con un gigante, sobre la cual vuela un ángel blanco con una llama encendida, símbolo también de la evangelización americana. Un completo homenaje triunfal a la labor jesuítica, convertida por ello la pintura en todo un alarde propagandístico de Desde el punto de vista estrictamente pictórico, la obra de Pozzo es un reflejo fiel de la pintura del último barroco, en la que el paroxismo creciente que desembocará en los excesos del Rococó ya se evidencian claramente. Las composiciones movidas; la estructura en espiral en un continuo movimiento ascendente y descendente de toda la figuración, que contribuye a la agitación de todo el conjunto; el desequilibrio en las figuras; los colores intensos y brillantes; los acusados contrastes lumínicos, con brillos y luces constantes que igualmente suman movimiento y convulsión, y que alcanzan su cenit en el rompimiento de gloria central; así como los recursos perspectivos y de fingimiento arquitectónico ya señalados, completan el efectismo asombroso de esta pintura que representa mejor que ninguna el triunfo de la apariencia.
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