| Abadía de Saint Denis |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Abadia de Saint Denis
Saint Denis (Francia). Reforma de Suger: 1137-1151.
La abadía de Saint Denis se puede considerar con toda razón el punto de partida del origen de la arquitectura gótica. Es cierto que muchas de las innovaciones técnicas que aparecen en esta abadía se habían dado con anterioridad, pero nunca de una forma uniforme y con una clara unidad de estilo. Desde un punto de vista formal, este cambio no constituye una evolución desde la arquitectura románica, sino más bien todo lo contrario, pues el Gótico en muchos aspectos representa una ruptura con el estilo anterior, ya que la concepción espacial y sobre todo la consideración religiosa en la que se fundamenta su constructiva responden a criterios completamente distintos. Una primera respuesta al concepto arquitectónico románico se había dado ya en la arquitectura cisterciense. En algunas iglesias de dimensiones catedralíceas, de determinados monasterios cistercienses, se utilizan ya arcos apuntados, bóvedas de crucería y arcos arbotantes volados por encima de las cubiertas de las naves laterales. No son los únicos precedentes: también en la Catedral de Durham (Inglaterra), construida a comienzos del S. XII, se utilizan bóvedas de crucería. No obstante y a pesar de estos antecedentes, el caso de Saint Denis es diferente. Es el primer ejemplo en el que se ponen en común algunos de estos elementos formales con un nuevo concepto de la espacialidad y del sentido religioso que adquiere ahora el templo cristiano. ¿Cuál es la razón o cuáles son las razones de este cambio tan opuesto al de la arquitectura románica? Es indudable que en los orígenes de la arquitectura gótica se hallan primeramente los cambios económicos que alumbran el final del S. XII y el comienzo del XIII, y que ayudan al desarrollo de los burgos y al protagonismo de una nueva clase social con nuevos gustos y sensibilidades. Pero el verdadero origen del nuevo estilo se halla en motivaciones religiosas. En primer lugar en la nueva concepción de la divinidad, que se asocia ahora al concepto de la luz, criterio de raíz neoplatónica que alcanza una gran difusión. Pero también al protagonismo personal del abad Suger, el abad de la Basílica de Saint Denis, cuya interpretación de la religiosidad aplicada al arte, que hará suya en la reforma que propicia en su propia abadía, se convertirá en un modelo a seguir, y más, considerando su prestigio personal en el ámbito de la cristiandad y el de la propia abadía, epicentro religioso del país vecino. El concepto artístico que defiende el abad Suger es igualmente novedoso pues se opone a la severidad ornamental que hasta entonces había defendido con vehemencia San Bernardo, principal impulsor de la Orden del Cister. Por el contrario, Suger apoya la idea de que la contemplación de la belleza material nos permite disfrutar de la experiencia divina, al revés de las ideas defendidas por San Bernardo, que precisamente criticaba la ostentación en la obra de arte porque interfiere en la pureza mística que es necesaria para llegar a Dios. En cualquier caso las ideas defendidas por Suger y que hará suyas en la reforma que hace en Saint Denis propiciarán el desarrolloro esplendoroso del arte gótico. La abadía de Saint Denis existía ya como centro de peregrinación desde que en el S. VII es enterrado en una primera iglesia merovingia San Dionisio. Ademas, desde que en el S. X Hugo Capeto decide enterrase en esta abadía, Saint Denis se convierte en el Panteón de los reyes de Francia, lo que agranda su prestigio e importancia. En época carolingia la iglesia se amplió, hasta constituir un edificio de estructura basilical de tres naves y crucero. Aunque la veradera renovación arquitectónica se produce al poco tiempo de acceder al abaciado de Saint Denis el ya nombrado abad Suger. Sin duda uno de los nombres propios de la Edad Media, tanto por su importancia política y religiosa, como por el entusiasmo puesto en todas las empresas que abordó. Convencido de que Saint Denis debía de convertirse en la referencia artística de una nueva época acomete una serie de reformas estructurales. El motivo principal que el propio abad alude para ello es la creciente cantidad de peregrinos que acudían al lugar y que había dejado pequeña la iglesia carolingia. La reforma auspiciada por Suger se iba a realizar en tres fases a partir de 1137. La primera comienza con una reforma de la fachada occidental a la que se añade un nártex al interior que cuenta ya con bóvedas de crucería. En 1140 y de forma un tanto imprevista se interrumpen las obras en las torres de la fachada y se inicia la segunda fase, que es sin duda la de mayor trascendencia artística. Se trata en este caso de reformar completamente la cabecera, que ahora va a constar de una estructura hipertrofiada con una amplia girola, alrededor de la cual se disponen una serie de capillas radiales, que son ahora tangentes entre sí y no separadas como había sido característico en los templos románicos. Además se utilizan bóvedas de crucería y elementos de un nuevo lenguaje, patente en el corte de las molduras, la forma de los capiteles, las proporciones y elevación de las cubiertas, etc. Elementos todos ellos que marcan el precedente formal que asumirán como característica distintiva de un nuevo estilo todas las catedrales góticas que empiezan a construirse en las décadas siguientes. En 1144 acaban las obras en la cabecera, pero habrá que esperar a 1149 a que se reanuden las reformas en el templo, en lo que sería la tercera fase de la nueva construcción. Aunque ahora el entusiasmo de Suger ha decaído, bien porque centra entonces su mayor dedicación al proyecto de la Segunda Cruzada que él iba a dirigir, bien porque los esfuerzos destinados a la construcción del templo ya le parecían suficientes, pero el caso es que desde ese momento hasta su muerte en 1151 la campaña de ampliación de la nave central y el acabado de las torres apenas se inició. En adelante, la abadía de Saint Denis siguió reformándose y ampliándose a lo largo de dos siglos, si bien ya no supuso innovación formal de ningún tipo, porque ahora la abadía se beneficiaba de las innovaciones de otros proyectos y no al revés. Por desgracia de la abadía de Saint Denis no quedan muchos restos originales. Han sido numerosas sus reformas y fueron muy graves también los daños sufridos durante la Revolución francesa. Quedan elementos del coro, nártex y pórtico y se ha reconstruido con fidelidad la cabecera, sin duda como se ha comentado, el elemento más revolucionario de su arquitectura. Para completar este comentario, recomendamos la visita de una espléndida web que acumula un amplio repertorio de material gráfico sobre esta iglesia: AQUÍ.
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