A.J. Gabriel: Petit Trianon PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Petit Trianon

Ange-Jaques Gabriel.
Versalles. 1761-1768.

 

 

En Francia la arquitectura rococó tuvo al principio un tono elegante y delicado que pronto derivió en un excesivo preciosismo, ante el cual se reaccionó con prontitud recuperando una tendencia clasicista siempre presente en la arquitectura francesa. Francia efectivamente sigue a lo largo de su historia artística una tendencia bastante uniforme en la que suele imperar aunque sea a través de diferentes estilos, una patente racionalidad. De ahí que el Barroco francés nunca alcanzara el tono exagerado de la arquitectura que se hace en España o Italia, y de que siempre existiera en sus formas de construir un mayor o menor referente clásico. Piénsese que en pleno S. XVII existe en Francia un teórico del racionalismo arquitectónico como Claude Perrault, que participa en la construcción de la fachada este del Louvre, de tono claramente clasicista, y que por ello mismo influye grandemente en los primeros neoclásicos de la arquitectura dieciochesca de su país.

Buena prueba de lo dicho ocurre al plantearse la construcción de la fachada de la Iglesia de St. Sulpice (empezada por Giovanni Niccoló Servandoni y concluída a construirse la fachada por Jean-François-Thérèse Chalgrin), que pensada inicialmente como una aparatosa fachada rococó terminó por convertirse en una de las portadas más cercanas al pleno Neoclasicismo, a pesar de su fecha de terminación, 1777. O también el caso igualmente conocido del la iglesia de la santa patrona de París, Ste. Geneviève, conocida como El Panteón a partir de la Revolución francesa. Iglesia levantada en acción de gracias por la curación de Luis XV y que después de la Revolución se utilizará como Panteón de hombres ilustres. Su propio autor, Jaques-Germain Soufflot decía de ella que pretendía "unir la ligereza estructural de las iglesias góticas con la pureza y magnificencia de la arquitectura griega".

A mediados de siglo, entre 1740 y 1750, Francia vive un momento de encrucijada, en el que se van desterrando las formas barrocas y la vista de los arquitectos se vuelve con pasión hacia las ruinas de la Antigüedad clásica. Va surgiendo así una arquitectura racional y de esquemas clasicistas, que aún así, en un principio, todavía conserva algunos detalles procedentes del Barroco.

Un paso más en este camino hacia la consolidación del lenguaje neoclásico en la arquitectura lo da A.J. Gabriel, hasta el punto de convertir uno de sus edificios más conocidos, el Petit Trianon, en un ejemplo característico de la arquitectura Neoclásica. Gabriel, también autor de la ordenación urbanística de la Plaza de Luis XV, hoy de la Concordia, prodiga ya un estilo que está desprovisto de ornamento, simplificado en sus estructuras y de una organización espacial y decorativa que se ha puesto en relación frecuentemente con la influencia de Palladio, aunque en realidad se trata ya de otro concepto muy diferente de clasicismo.

El Petit Trianon es una muestra de los edificios que Gabriel construye para la familia real, siendo arquitecto del rey entre 1742 y 1774. Concretamente éste lo realiza en el Palacio de Versalles, cerca del Gran Trianon construido en época de Luis XIV. Su construcción es promovida por Mme. Pompadour, amante de Luis XV, que no lo verá terminado, razón por la cual sería algunos años después el refugio personal de Maria Antonieta, la esposa de Luis XVI.

El lenguaje de Gabriel se apoya en el racionalismo de S. XVII, al que le da una vuelta de tuerca en su caminar hacia el puro Neoclasicismo: Así, todo los elementos formales del edificio entroncan con la tradición clásica francesa: el orden corintio, el adilentado con cornisas de las ventanas, los entablamentos y balaustradas, sin olvidar la concepción  cúbica y geométrica de su planta, la sobriedad en sus formas, la armonía de sus proporciones y la elegancia característica de la arquitectura francesa.

Pero la arquitectura del S. XVII hubiera "acolchado" algo este sobrio lenguaje con la utilización de estatuas y otros elementos ornamentales, que hubieran otorgado un concepto más "florido", menos estricto y en fin, más "barroco" al edificio. Aquí es donde se encuentra el nuevo paso que da esta arquitectura y del que el edificio es una prueba preciosa, sobre todo por su mayor austeridad monumental, su exquisita sobriedad, y la depuración total de elementos accesorios, incluida la ausencia de frontón, sustituido en este caso por una simple balaustrada, detalle en el que se amparan algunos autores para señalar su distancia con la arquitectura de Palladio.

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