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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

Ampurias

 

Yacimiento arqueológico. La Escala (Girona)

Desde S. VI a.c.

 

 

La colonia griega de Ampurias llegó a ser uno de los establecimientos más importantes de la Península y constituye un yacimiento arqueológico fundamental de la presencia griega en nuestro país.

Localizada en el Golfo Rosas, en una llanura formada por los ríos Ter y Fluviá, fueron colonizadores foceos los que decidieron complementar con un puerto en este punto su principal colonia en Massalia (Marsella). Al principio no pasó de ser un mero lugar de tránsito comercial, de ahí la fundación en el año 575 a.c. de Palaiápolis, o “ciudad antigua”, un pequeño puerto comercial, situado en una isla frente a la costa. Su perfecta localización, pero sobre todo la actividad comercial que surge entre los colonos griegos y los indígenas que habitaban el lugar, los indiketes, supuso una rápida prosperidad de la colonia que pronto amplió su instalación a un nuevo establecimiento, ya sobre tierra firme, la llamada Neápolis, una ciudad griega con todas sus características propias. Al respecto dice Estrabón en su Geografía: “Los emporitanos habitaban antes una islita delante de la costa que hoy se llama Palaiápolis, pero hoy viven ya en la tierra firme. Emporion es una ciudad doble, estando dividida por una muralla, teniendo antes, como vecinos, algunos indiketes (...). Pero con el tiempo se unieron en un solo estado, compuesto de leyes bárbaras y griegas, como sucede también en otras muchas ciudades”.

Será en este asentamiento en el que la colonia de Ampurias alcanzará su mayor esplendor y desarrollo, gracias sobre todo a su posición intermedia en el comercio a gran escala entre Tartessos y Massalia, convirtiéndose alrededor del S. V a.c. en la principal colonia griega de la Península Ibérica. Este esplendor se prolongará a lo largo del S. IV a.c. conociéndose ya la ciudad como Emporion, toponimia que deja clara su vocación económica esencialmente comercial, pues la palabra en griego significa precisamente “mercado”.

Ya más adelante, la importancia estratégica del lugar la sitúa en una posición delicada en el contexto general del enfrentamiento entre Roma y Cartago. Por eso será durante la II Guerra Púnica cuando los romanos decidan montar un campamento militar junto a la ciudad griega, con el fin de interrumpir los suministros que habían de llegarle a Aníbal en su aventura de alcanzar Italia atravesando los Pirineos y los Alpes. Este primer campamento romano, terminaría por convertirse en el S. I a.c. en una ciudad de nueva planta, localizada al oeste de la griega, que no por ello desaparecería absorbida por aquélla, sino que compartirían la doble localización durante mucho tiempo, al menos hasta que con el paso de los siglos la población griega terminara romanizándose.

La importancia del yacimiento arqueológico de Ampurias se deduce fácilmente, en primer lugar por este doble asentamiento, que permite la localización de restos griegos y romanos, pero sobre todo por tratarse del vestigio más importante de la presencia griega en nuestro país.

Los restos arqueológicos fueron estudiados desde principios del S. XX, primero por Puig i Cadafalch, posteriormente por Martín Almagro y Eduardo Ripoll, y más recientemente por Enric Sanmartí

Un largo proceso que ha permitido ir sacando a la luz los principales restos de este emplazamiento: de época griega se conserva parte de la muralla y edificaciones defensivas; el Recinto de Asclepio, un centro religioso y medicinal dedicado al Dios Asclepio; el Recinto de Serapis, un templo tetrástilo de órden dórico; así como restos de la stoa, el mercado, el ágora, y de numerosas viviendas domésticas. Se conserva también parte de la famosa escollera helenística, una obra de más de 80 metros de largo construida ya en el S. I a.c., que resguardaba por el norte el acceso al puerto. En época romana se construyen sobre la ciudad griega unas termas del S. IV y una basílica paleocristiana, de las que también se conservan restos.

La ciudad romana constituye un yacimiento mucho más grande, que no ha sido totalmente excavado todavía y del que se conservan también numerosos restos. Queda mucha construcción doméstica, en algunos casos domus, con pavimentos bien conservados de mosaicos; se conservan tambien sectores de la muralla, algunas zonas del foro, así como parte de un anfiteatro y una palestra.

Un lugar por tanto de enorme importancia arqueológica, pero también un punto en el que la contemplación de la ruina frente al mar, evoca el paso eterno de la Historia.

 

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