| Arpista de Keros |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Arpista de Keros (“Tañedor de lira”)
Museo Arqueológico Nacional de Atenas
Edad del Bronce Final.
La civilización cicládica es una de las más prósperas y sorprendentes del Mediterráneo oriental en una época tan lejana como Las Cícladas comprenden un conjunto de islas en pleno Mar Egeo, entre las que destacan Delos y alrededor de ella y formando a modo de un círculo (de ahí el nombre, kyklos en griego significa círculo), las islas de Mikonos, Paros, Milo, Santorini, Signos, Amorgos, Tinos y Serifos. Su desarrollo económico, tan importante durante este periodo, se debería a su tráfico comercial, pues las islas se hallan en medio de una zona de paso entre Asia y Europa. Esta talasocracia y su condición insular, abierta también al intercambio cultural, convertirá este territorio en uno de los centros artísticos más originales del arte griego. Un arte, el cicládico, cuya expresión más conocida es la de su escultura. Una serie de tallas de pequeño tamaño, la mayoría realizadas en mármol de Paros, y desbastadas y perfiladas por medio del esmeril que se obtenia de las cercanas minas de corindón en la isla de Naxos. Se trata en general de una estatuaria de una especial belleza, que viene dada principalmente por su capacidad de abstracción y simplificación formal. Representan en la mayoría de los casos a pequeños ídolos, muchos de ellos femeninos, que insisten en la representación de senos y rasgos sexuales pronunciados, en un deseo tantas veces repetido durante No queda por tanto totalmente clara la intencionalidad de estas piezas, porque si bien en el caso de las femeninas está claro que se trataría de exvotos de fecundidad, el resto podrían ser amuletos de carácter funerario, ya que muchas de ellas se han encontrado en necrópolis. Aunque también se han encontrado otras piezas en aldeas fuera de los cementerios, y que carecen en muchos casos de un proceso de excavación arqueológico adecuado, por lo que se nos escapan todavía algunas posibles interpretaciones a su factura. La simplicidad formal que tanto sorprende de las estatuas cicládicas se basa en un esquemátismo geométrico de gran lirismo y belleza. Y si bien todas tienen este criterio plástico en común, no todas son iguales, pudiéndose distinguir varios tipos: Las más antiguas son las llamadas de forma de violín; están también las figuras femeninas de brazos cruzados; las mujeres embarazadas; las maternidades, de mujeres con los hijos sobre la cabeza o en brazos que tanto atrajeron a Henry Moore; y ya en una etapa final de la cultura cicládica las más realistas, que son precisamente las representaciones de músicos. En general son figuras pequeñas de apenas En las primeras etapas, la esquematización en la representación de las figuras es plena, reduciéndose al perfilado de los miembros o de los rasgos sexuales toda identificación con la realidad. Las piezas asumen una cierta sensación de bloque a pesar de su pequeño tamaño, y también un carácter frontal. Más adelante se irán remarcando algunos rasgos, como la nariz, los ojos, o el perfilado oval de la cara, aunque sin perder su característica abstracción. Será en las piezas que representan los músicos y en especial a los arpistas, en las que la escultura logra su mayor grado de realismo y valor plástico porque en estas sí que se consigue una concepción volumétrica, una mayor multiplicidad de puntos de vista y un concepto nuevo del espacio escultórico que lo extiende a su alrededor. “El arpista de Keros” fue encontrado como su nombre indica en la isla de Keros, en fecha tan temprana como 1884, sin un estudio adecuado de excavación arqueológica, y junto a otra de las figuras señeras del arte cilcádico, “El tocador de flauta doble”. No es la única representación de un arpista en el arte cicládico, pero sí y con diferencia la mejor desde el punto de vista de su conservación y sobre todo de sus valores escultóricos. Con ella se alcanza el mayor grado de realismo y de concepción escultórica de toda esta estatuaria: por su precisión en la talla, su perfecta volumetría, el acabado perfectamente pulido y un realismo formal que no desdeña por ello esa esquematización minimalista que caracteriza a todo el arte cicládico. Se ha destacado en esta pieza, junto a su perfecta ejecución, el detalle de su asiento, que parece un mueble de valor en contraste con los simples taburetes que se representan en las otras esculturas de arpìstas, razones que han hecho pensar en que se trata de un músico de relevancia social o en un personaje con protagonismo en algún tipo de ritual. Su expresividad es plena porque con detalles tan simples como la posición de la cabeza echada hacia atrás y hacia arriba consiguen transmitir todo el arrobamiento que la ejecución musical le produce. Sería esta precisamente la característica que más seduciría a los escultores modernos, como Brancusi, Jean Arp, Modigliani o incluso Henry Moore, que a principios del S. XX encontraron en las estatuillas cicládicas ese valor de simplificación y esquematismo, casi de abstracción formal, que ellos mismos buscaban en sus piezas. Con su mismo efecto expresivo además, y un concepto lírico y sencillo de belleza, que explica que muchas veces se puedan confundir fácilmente entre sí las ejecutadas por estos artistas recientes y las de hace cuatro mil años.
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