Arquero arrodillado. Tumba de Qin Shi Huang PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Arquero arrodillado. Tumba de Qin shi Huang.

Museo de Shan-si. Xian. S. III a.c.


Es muy numerosa la producción escultórica del arte chino, porque está vinculada tanto al culto funerario como religioso, aparte de otros géneros menores, lo que le otorga una gran importancia artística. A pesar de ello y como ocurriera con la arquitectura, desconocemos a los escultores del arte chino por ser considerada la escultura una actividad menor, meramente artesanal.

La escultura funeraria iniciada a partir de la famosa tumba del emperador Qin shi Huang, se generaliza en las épocas Han, Sui y Tang. La mayoría desarrollan modelos de pequeñas estatuillas, tanto humanas como de animales, así como todo tipo de objetos de uso cotidiano que completaban el ajuar de las tumbas, con las que reproducir así el mundo terrenal en el viaje al Más Allá. También vinculado al uso funerario se encuentran las grandes figuras de animales, sobre todo leones, elefantes, caballos, etc, que jalonaban las vías de acceso a las tumbas. En general se trata de una escultura muy realista, tanto en las proporciones de la figuración como en los rasgos y detalles, a los que en ocasiones, sobre todo en el caso de los grandes animales, no les falta un fuerte componente expresionista.

El tema religioso está asociado principalmente al culto a Buda. Se generaliza en China la iconografía budista tanto en los templos de culto, donde podemos encontrar grandes tallas sobre la piedra en los santuarios excavados, como esculturas exentas de todos los tamaños y de todos los materiales. En general se trata de las mismas tipologías de Buda que se habían desarrollado en la India, sedentes, estables, orondos y llenos de una paz interior que transmiten al espectador, si bien se introduce la novedad de adoptar en estos Budas rasgos étnicos de la fisonomía china, en especial los ojos rasgados.

Por último también hay una escultura vinculada al poder civil, especialmente de animales, que con toda su riqueza simbólica decoran las estancias palaciales de la familia imperial. Son característicos los leones, elefantes y camellos, pero sobre todo dragones, por tratarse de una figura mitológica a la que se considera una criatura celeste y que precisamente constituye el símbolo del emperador. Formalmente este tipo de escultura insiste en un realismo de base en la figuración que se enriquece habitualmente con un carácter fuertemente expresivo, que a veces distorsiona gestos, semblantes y su propia fisonomía. Compositivamente este aspecto se refuerza en ocasiones con disposiciones curvadas, retorcidas o quebradas, que además de acentuar su fuerza expresiva potencian también su sentido del movimiento.

Pero sin duda una de las muestras más famosas de toda la escultura china  es la serie de soldados encontrados en la tumba del primer emperador chino, Qin shi Huang, encontrada fortuitamente en 1974, durante unas obras de abastecimiento de aguas

Se trata de un gigantesco túmulo cerca de Xian, bajo el cual se han encontrado todo tipo de instalaciones y lo más sorprendente hasta ahora, cuatro enormes fosas, apenas a kilómetro y medio de la tumba del Emperador, donde se hallaban enterradas miles y miles de figuras (más de 7.000 descubiertas hasta ahora) de terracota y tamaño natural, de soldados, carros, caballos, etc, que deberían defender al emperador para toda la eternidad. Cada una de estas figuras tiene rasgos y características diferenciadas: con y sin bigote, con distintos peinados, de distinta edad, de diferentes etnias, incluso los uniformes reflejan los rangos militares a los que pertenecen los soldados.

Lógicamente las figuras son de un realismo extraordinario y también de un enorme detallismo. No faltan tampoco todo tipo de posturas y actitudes, a todo lo cual se añade además el canon de sus dimensiones (1’80 de tamaño medio), que las hace realmente espectaculares. Contaban además con colores vivos y brillantes, que no obstante se pierden con enorme facilidad en cuento se oxidan al contacto con el aire.

Es de imaginar además el esfuerzo de producción que supondría tan ingente cantidad de piezas, lo que sólo es posible de existir un completo sistema de talleres perfectamente coordinados, y una tradición escultórica arraigada que formara a tantos escultores.

Parece ser que es a partir de esta enorme obra cuando se generaliza el uso de la escultura funeraria en el interior de las tumbas. Ninguna alcanzará la espectacularidad de ésta, pero en otras aparecen piezas completamente distintas desde un punto de vista formal, pero que tienen una misma función, defender al emperador, y que resultan de un indudable encanto. Es el caso de las figurillas de terracota encontradas en las tumbas Han de pequeño tamaño, pero de un naturalismo lleno de sencillez y de encanto.






 

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