| Basílica de San Pedro del Vaticano |
|
|
|
| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
|
Basílica de San Pedro del Vaticano Varios autores. Roma 1503-1626
En 1503, el Papa Julio II, decide sustituir la antigua basílica paleocristiana de San Pedro por una iglesia nueva acorde con la importancia monumental que había de tener la primera iglesia del mundo, y que era a la vez la tumba de San Pedro, la sede del pontificado y el centro neurálgico de la cristianidad. Unos años después, en 1506, se nombra a Donato Bramante superintendente general de las obras vaticanas y arquitecto de la nueva basílica. No obstante el proceso constructivo de
El proyecto de Bramante. El protecto de Bramante se inscribe en un típico modelo arquitectónico del Cinquecento, coherente con su estilo propio, puro y clásico, que ya le había dado merecida fama en edificios como el claustro y el ábside de Santa Maria delle Grazie en Milán; el claustro de la iglesia de Santa María della Pace o el templete de San Pietro in Montorio, estos dos últimos en Roma. El plan de la obra se basa en una planta centralizada de cruz griega, inscrita en un cuadrado, lo que establece varios ejes de simetría en sentido lateral y diagonal. En el centro de este espacio estaba ideado levantar una cúpula, así como otras cuatro en los codos de la cruz. A ello se añadirían cuatro torres en los ángulos del cuadrado y cuatro pórticos o fachadas en los extremos de los brazos (que servirían de otras tantas entradas al templo), rematadas todas ellas por medio de exedras. Las torres eran cuadradas y de prismas escalonados, y los brazos de la cruz se abovedaban en cañón. Por su parte la cúpula central, de cuarenta metros de diámetro y una gran altura, contaría con una columnata rodeando el tambor, idea que mucho más tarde recogería C. Wren en La planta así ideada por Bramante revolucionaba el sentido de la arquitectura del momento, que como en la antigua Grecia recupera el valor de la masa y de los volúmenes externos. De esta forma la arquitectura recuperaba su apariencia "moldeable" y de valores escultóricos. Pero la construcción de la nueva basílica supuso en primer lugar la destrucción de la antigua, lo que provocó numerosas críticas y una polémica notable, hasta el punto de satirizar a Bramante, centro de todas las censuras, como el “maestro ruinoso”, por considerársele el culpable de la desaparición del viejo templo paleocristiano. El proyecto de Bramante en cualquier caso se frustró a poco de inciados los trabajos, en primer lugar debido a la temprana muerte de Julio II en 1513, pero sobre todo de la del propio Bramante un año más tarde, cuando apenas se habían construido los cuatro grandes pilares centrales que habían de soportar la cúpula. El proyecto de Rafael. El mismo año que muere Bramante, el Papa León X manda llamar a Rafel Sanzio para que retome el proceso constructivo de San Pedro. Rafael de Urbino, como tantos grandes artistas del Renacimiento, no era tan sólo un excepcional pintor, sino también un reconocido arquitecto. El proyecto de Rafael difiere no obstante del de su antecesor, debido sobre todo al interés del nuevo Papa en regresar a los planteamientos en planta de cruz latina para la construcción de templos cristianos. Rafael proyecta así un edificio de tres naves con capillas y un amplio crucero rematado en sus brazos por amplias exedras semicirculares y con deambulatorio, prácticamente iguales al ábside central, con el que configuran un espacio equidistante que conserva de esta forma el planteamiento centralizado de Bramante. Pero tampoco Rafael tuvo tiempo de desarrollar sus planes al morir muy joven en 1520. El Proyecto de San Gallo el Joven. A Rafael le sucede como director de las obras de San Pedro, Antonio de San Gallo, el Joven. En primer lugar, desestima el plan de Rafael y la disposición de sus naves que se considerarán "callejones oscuros". Por lo que vuelve en parte al planteamiento incial de Bramante, recuperando la planta centralizada. No obstante tampoco se trata de una auténtica planta de cruz griega, ya que antepone un cuerpo previo coronado en las esquinas por cuatro altas torres. Pero el proyecto se frusta nuevamente al morir San Gallo en 1546. La solución definitiva de Miguel Ángel. Así las cosas y a pesar de todos los intentos, las obras de la basílica de San Pedro seguían paralizadas desde las primeras piedras colocadas en 1506. Por ello al morir Antonio de San Gallo, el Papa Pablo III le encarga la continuación del proyecto a Miguel Angel Buonarroti, cuya fama y tenacidad podían garantizar de una vez la finalización de las obras. Miguel Ángel recupera en su pureza la idea primigenia de Bramante y respeta por tanto plenamente la planta centralizada. Se mantiene por tanto el dibujo en forma de cruz griega, si bien ahora abre una sola entrada principal, y no una en cada brazo como ideara Bramante. En el centro de la cruz se colocan cuatro enormes pilares ochavados que sirvieran de soporte a una cúpula aún mayor que la ideada por Bramante. Ésta de La cúpula propiamente dicha se asienta sobre tambor circular, que presenta parejas de columnas gemelas destacadas del plano de muro. Sobre el tambor se eleva un sobrecuerpo o segundo tambor, con decoración de guirnaldas, y sobre éste la cúpula propiamente dicha, apuntada, de nervios prominentes, y vibrantes por ello en sus juegos de luz y sombra. Sobre la cúpula se eleva una linterna abierta, también entre pares de columnas. Todo ello dentro ya de un lenguaje claramente manierista que es consustancial a su autor en esta época. La cúpula del Vaticano se convierte así en un símbolo universal de un enorme efectismo tectónico, tanto al interior, que lo llena de luz creando una concepción espacial diáfana e ingrávida; como al exterior, por su perfecta concepción volumétrica. En realidad la cúpula exhibe toda la fuerza expresiva de la labor escultórica de Miguel Angel, que se manifiesta también aquí en plenitud, gracias a un juego de masas, tensiones y rupturas ya de corte manierista, de una grandeza extraordinaria. Obras finales. A pesar de todo, A partir de 1603 el Papa Pablo V encarga el final definitivo de la construcción a Carlo Marderno que añade al proyecto de Miguel Ángel tres naves a la entrada, con lo que diseña finalmente una estructura aparentemente basilical de tres calles aunque con un enorme espacio centralizado coronado por la cúpula. En la misma campaña se construye la definitiva fachada de
En 1626, el Papa urbano VIII consagra el templo, dando así por finalizada la basílica. La culminación definitiva de la obra la asumirá Gian Lorenzo Bernini, durante el papado de Alejandro VII, diseñando buena parte de la decoración interior del templo y sobre todo urbanizando el espacio exterior por medio de la enorme plaza y la columnata que la rodea. La obra acabada en 1657 responde plenamente a una concepción barroca de la arquitectura.
Tags: Otros artículos de esta sección...
|