Benozzo Gozzoli: "Cortejo de los Reyes Magos" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

Cortejo de los Reyes Magos.

Benozzo Gozzoli.
Palacio Médici-Ricardi. 1459-1461

 

Una de las pinturas más espectaculares del Primer Renacimiento por su vistosidad y sus dimensiones es la que realiza Benozzo Gozzoli para la Capilla del Palacio Médici (luego Ricardi). Se trata de un encargo noble relacionado con el  mecenazgo que Cosme de Médici hace al arquitecto Michelozzo del propio palacio, pues las pinturas se realizan cuando aún se estaba ultimando el edificio.

Iconográficamente la obra de Gozzoli tiene múltiples aristas que permiten una interpetación variada y rica de la obra. En primer lugar hay que tener en cuenta que la festividad de la Epifanía se celebraba con gran fervor en Florencia y que por ello mismo el día 6 de enero se organizaba un magnífico desfile patrocinado por diferentes gremios y cofadrías encomendados a esta festividad, entre las que destacaba la "Compañía de los Reyes Magos". La relación de la propa familia Médici con la promoción de este tipo de eventos explica en primer lugar la elección del tema, pero también la curiosa representación de los numerosos personajes que aparecen en la pintura, entre los que se distinguen diversos miembros de la familia donante, así como de otros linajes nobiliares florentinos. De esta forma, el tema evangélico se va a convertir en un pretexto para una representación mundana de la sociedad florentina. No acaba aquí la interpretación de la obra, que en una lectura complementaria de la escena quiere hacer referencia a la reciente pérdida de Constantinopla en manos de los turcos (1453), de tal forma que la obra se interpreta como un homenaje póstumo a la unidad de la Cristiandad, de ahí que en la representación de los Reyes Magos aparezcan las figuras de Juan VIII Paleólogo, y probablemente de José, Patriarca de Constantinopla, el primero, presente en la ciudad de Florencia en 1439, siendo además el último emperador en mantener la unidad del imperio frente a los turcos y de conservar la ciudad de Constantinopla.

Todo ello explica la profusión de personajes reales que van apareciendo en el cortejo: en la pared oriental el protagonista es el rey Gaspar, un rey joven que puede identificarse con la figura de Lorenzo de Médici, junto al que aparecen otros ilustres miembros del clan, como su padre Cosme de Médicis, entonces señor de Florencia, vestido con un sencillo traje oscuro, o el hermano de éste, Piero. En la pared meridional se representa al rey Baltasar como un retrato del emperador bizantino Juan VIII Paleólogo, que además complementa la imagen del rey Gaspar, pues si aquel era representación de la juventud, éste lo es de la plena madurez. Finalmente en la pared occidental se representa al rey Melchor, imagen de la senectud (símbolo de la experiencia y la sabiduría), que en este caso está representado probablemente por el retrato de José, Patriarca de Constantinopla, aunque últimamente se ha puesto en duda dicha identidad y se ha sustituido por otros posibles nombres. Junto a ellos se reconocen también otros personajes ilustres entre la multitud, como Galeazzo María Sforza, hijo del Duque de Milán; Sigismondo Pandolfo Malatesta, señor de Rímini; miembros de las grandes familias florentinas; los representantes de la banca Médici de ciudades como Brujas o Roma, y el propio pintor, que se autorretrata con un gorro rojo sobre el que firma "obra de Benozzo".

La estructuración de todo el conjunto pictórico también sige un orden establecido, pues el cortejo en su conjunto avanza hacia otra pintura, situada en una cuarta pared, que constituye el eje de toda la representación y que no es otra que la “Adoración del niño” (1460) de Fray Filippo Lippi, hoy en el Staatliche Museum de Berlin.

Desde el punto de vista formal la obra también aporta contenido al comentario pues constituye una curiosa amalgama de elementos innovadores junto a otros relacionados con la tradición de la pintura gótica. En este sentido a Gozzoli se le ha considerado un pintor conservador y poco evolucionado, en lo que también ha tenido que ver el juicio que le mereciera a Vasari, que en sus “Vidas” lo considera un pintor menor. Por ello se le ha valorado como un buen discíplo de Fray Filippo Lippi, pero demasiado apegado al detallismo de la tradición flamenca, o a ciertos recursos y convencionalismos propios del Gótico Internacional.

Con todo y con eso, no parece que esa valoración de Gozzoli sea del todo justa, teniendo en cuenta otras aportaciones que aparecen en la obra y que demuestran su perfecto conocimiento de las últimas novedades de la pintura floretina del momento, que es tanto como decir, de las más novedosas aportaciones del Quattrocento italiano.

En este sentido la obra cuenta en primer lugar con una composición en serpentina, que se adapta perfectamente al sentido procesional del cortejo y que tiene por tanto un ritmo compositivo idóneo, que además contribuye a la sensación perspectiva; los escorzos de algunas figuras son innovadores; como lo es igualmente la introducción de actores reales en la representación de un tema bíblico; también por tanto el concepto de retrato colectivo, con abundancia de figuras además, algo muy poco frecuente con anterioridad; así como el carácter anecdótico de la narración, que supera el mero detallismo gótico.

Si junto a estos valores aparecen otros que parecen una rémora del pasado, como el empleo de oros, el paisaje sucedáneo, de rocas acartonadas, más como un decorado escénico que como entorno naturalista, y la perspectiva de registros superpuestos al modo del Gótico Internacional, responde a una razón concreta, que nada tiene que ver con un carácter conservador de este pintor. En palabras de Víctor Nieto Alcalde, si como hemos apuntado anteriormente, el cuadro es un homenaje a la antigua unidad de la cristiandad, lo que pretende Gozzoli en esta obra es reconstruir con un criterio historicista esa etapa anterior a la pérdida de Constantinopla, razón por la cual emplea esos recursos y convencionalismos del periodo artístico anterior. Lo cual en sí mismo es también un valor novedoso e innovador de la pintura en su aspecto narrativo.

La pintura por lo demás resulta espectacular por sus dimensiones, la precisión de la línea (en la que se deja sentir la influencia de su maestro Lippi), la nitidez de las escenas, la luminosidad de todo el conjunto, con la proyección de una luz cenital igualmente nueva, y la utilización del color, predominando tonos azules de gran intensidad, rojos y verdes, que aparte de ser los colores representativos de la familia Médici, se van a convertir en las tonalidades más utiizadas (con el mismo criterio de armonía y equilibrio cromático que emplea Gozzoli) en la pintura del Quattrocento.

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Fray Filppo Lippi: "Adoación del niño"

 

Comentarios  

 
#2 anahi 07-07-2011 23:12
muii bueno el contanido.!!
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#1 anahi 07-07-2011 23:12
es lo poco que pude rescatar pero esta wueno :/
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