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”El puente de Mantes”.
C. Corot.
Museo del Louvre. 1870
Camille Corot representa como pocos las características de una pintura realista que desde la experiencia de la Escuela de Barbizon servirá de referencia inmediata al desarrollo del Impresionismo.
Corot, criado en una familia acomodada, verá satisfechos sus deseos de dedicarse a la pintura a pesar de la oposición inicial de sus padres que querían dedicarlo al negocio familiar. Pero no será así, la terquedad de Camille por dedicarse a pintar convencerá definitivamente a sus padres que incluso financiarán sus estudios. Su formación se realizará en su ciudad natal, París, ya entonces capital del arte, concretamente en los estudios de pintores paisajistas que indudablemente influirán en su vocación por ese mismo género. Dos viajes a Italia completarán su formación, descubriendo en este caso la importancia del dibujo, que practica al reproducir las antigüedades clásicas, así como la necesidad de la luz como elemento consustancial al modelado de los objetos. A partir de aquí, una constante queda clara en la evolución de la pintura de Corot, la reproducción del natural y la insistencia en el paisaje. “El dibujo es lo primero que hay que buscar. Seguidamente, los valores. Estos son los puntos de apoyo. Después el color y, finalmente, la ejecución”.
El resultado, no obstante, se aleja de la visión que del paisaje tenían los románticos y persevera en la objetividad de la visión del entorno, como hacían otros contemporáneos suyos componentes de lo que hemos llamado pintura Realista, como Courbet o Millet. Incluso podría decirse que Corot aún da un paso más en el tratamiento novedoso del paisaje, porque empieza a trabajar en el esbozado de las formas y en la utilización de amplias manchas de color para reafirmar el volumen de los objetos, lo que servirá de punto de referencia a la pintura impresionista. Es en este contexto en el que Corot se identifica con las innovaciones que sobre la pintura de paisaje estaban desarrollando en ese momento los pintores de la Escuela de Barbizon.
La Escuela de Barbizon incluye a una serie de pintores que acuden con frecuencia al pueblecito de Barbizon, junto al bosque de Fontainebleau, con la intención de pintar al aire libre y en contacto directo con la naturaleza. La influencia de los paisajistas ingleses y en especial de J. Constable derivará en una pintura de paisaje objetivo y realista, cuyo tratamiento directo y espontáneo influirá directamente en los pintores impresionistas. Dentro de este grupo de Barbizon se hallarían junto a Corot, otros pintores contemporáneos suyos como T. Rosseau, J.F. Millet; Ch. Daubigny, etc.
Con todo y con eso, a la pintura de la Escuela de Barbizon y a la de Corot igualmente aún le faltaba un paso esencial para coincidir con la pintura impresionista, la ejecución del natural pero sin el tratamiento en el taller, porque efectivamente, la pintura Realista en su conjunto aunque prodigue el paisaje nunca deja acabado el cuadro al aire libre, se retoca y se concluye en el taller, algo que rechazarán los impresionistas, que en su búsqueda de una plena captación de la realidad impondrán definitivamente el trabajo plein air en sus cuadros.
En el caso concreto de Corot tomaba apuntes de natural, a los que después proporcionaba un lirismo especial, que indudablemente completaba en el taller. Pero no cabe duda que otro elemento que definirá el Impresionismo también se encuentra en su obra, esa obsesión por transmitir los sentimientos que transmite la visión de la naturaleza tal y como la vive el pintor. Él mismo decía: Mientras busco la imitación concienzuda, no pierdo ni un instante la emoción...Lo real es una parte del arte, pero el sentimiento lo completa. Si estamos verdaderamente conmovidos, la sinceridad de nuestra emoción se transmitirá a los demás. Corot se convierte así en un pintor de emociones serenas, un pintor “tranquilo”, que igual nos traslada su sensibilidad a través del paisaje, que a través de sus numerosos retratos, género que también cultivará con una calidad extraordinaria que los hace siempre especialmente bellos.
Entre los más conocidos de los paisajes de Corot destaca este Puente de Mantes. Una estampa realista de la naturaleza que ha sido también retocada en el estudio del pintor. Así vemos por ejemplo lo estudiado de la perspectiva, con las líneas de las orillas del río divergentes y no paralelas como sería lo natural, consiguiendo con este efecto un mayor sentido de la profundidad. También el puente lo sitúa en diagonal, lo que ahonda igualmente la perspectiva, y finalmente utiliza un recurso muy útil para adelantar el primer plano, situando una auténtica barrera o muralla de árboles en primera línea, que actúan así como pantalla visual, alejando los segundos planos.
Ya se advierte en este cuadro un interés especial por los efectos de luz, cuyos reflejos en el agua buscan la captación instantánea del momento, lo que resulta un recurso precursor de lo que en este mismo sentido desarrollarán plenamente los impresionistas. También el color de los distintos elementos paisajísticos varía según la incidencia de la luz y la distancia. Lógicamente todo ello requiere una técnica muy espontánea de pincelada suelta y libre.
En cualquier caso, el sentido lírico característico de los cuadros de Corot se advierte aquí en la sensación de serenidad, quietud y placidez de este paisaje, basada en las tonalidades suaves y en la ausencia de figuración. Con ello el tono general es todavía un tanto bucólico pues no puede evitar aún cierta influencia romántica.

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