Calímaco: "Niké atándose la sandalia" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   
Martes, 05 de Junio de 2012 16:36

Niké atándose la sandalia.

 

Calímaco.

 Museo de la Acrópolis. Atenas. 410-407 a.c.

 


El amplio programa escultórico y artístico de la Acrópolis favorece el desarrollo de un estilo de plenitud y perfección técnica, que tiene además en Fidias un referente que sirve de constante inspiración. Es lo que se ha dado en llamar el periodo del Clasicismo Pleno dentro del devenir del arte griego, cuyo punto de partida podrían ser los criterios que se establecen en el Doríforo de Policleto como canon para alcanzar el concepto de belleza, pero que a partir de la obra de Fidias añade a esos principios teóricos un naturalismo, una elegancia, una espontaneidad y una perfección en la talla y en la planificación compositiva, que elevan ese periodo a un momento de esplendor artístico insuperable.

Entre los criterios que asientan los cimientos de la estatuaria clásica destacan aquellos que rompen con la rigidez del periodo arcaico y apuestan definitivamente por la mimesis o imitación de la realidad, que abocaría al arte griego y al clasicismo en general a un arte de la apariencia que basa el ideal de belleza en el pleno naturalismo. Así: las composiciones en contraposto, como referente de equilibrio compositivo; el ideal de proporción anatómica, como canon o medida de perfección; el ethos expresivo, como reflejo de una armonía psíquica que completa al hombre ideal; y todo ello combinado (equilibrio, proporción y armonía), como arquetipo de belleza.

La irrupción de Fidias en el panorama artístico de la Atenas de mediados del S. V a.c., añadirá a todo ello un sentido de la perfección técnica y un realismo tan veraz a su obra que rubrica en brillantez este periodo de plenitud clásica. Composiciones más libres, posturas más espontáneas, mayor sutileza en la talla, completan esta mejora, aunque por encima de todo ello destaca el trabajo en los paños, cuyos recursos expresivos, amparados en la multiplicación de líneas y ritmos compositivos, los contrastes de luz y sombra, plenos de una holgura y elegancia que potencian las formas de las anatomías, y el juego de adherencias, la llamada técnica de “paños mojados”, convierten este elemento, en adelante y para siempre, en un recurso básico de la expresión escultórica.

El magisterio de Fidias crea escuela y como ya hemos dicho las campañas de trabajo en la Acrópolis aún lo potencia más, por lo que no es de extrañar que sean muchos los escultores que siguen su estela. Entre ellos tal vez el más brillante sea Calimaco, pintor y orfebre aparte de escultor, al que considera Vitrubio el inventor del capitel corintio, si bien atribuciones como esta o la que le considera iniciador de la técnica del trépano, así como determinadas obras que le asigna Pausanias en el Erecteion, no se sabe si son ciertas o consecuencia precisamente de su fama y popularidad. Sí es cierto en cualquier caso que fue un artista de un exquisito refinamiento en la talla, sobre todo del relieve, y que él como nadie supo asimilar las enseñanzas de Fidias, tanto en lo referente a su concepto de un naturalismo elegante y espontáneo, como en su perfecta técnica en el trabajo de los pliegues y de los paños mojados.

La mejor prueba de todo ello y de la excelencia de la escultura clásica, que deriva ya en su época desde el pleno clasicismo fidiaco al Tardío del S.IV a.c. es este precioso relieve dedicado a Atenea Niké. Concluido el templo del mismo nombre situado a la entrada de la Acrópolis, se añadió una balaustrada en la que se representaba en relieve a la diosa en distintas actitudes y escenas.

Esta es una de las más conocidas, atándose o desatándose la sandalia, siendo tal vez la de mayor de espontaneidad y frescura, y no solo por la naturalidad y lo anecdótico del gesto, sino también por el tratamiento tan libre del movimiento. Destaca además el perfecto juego de paños mojados, con un trabajo en los pliegues además muy sugerente por su variedad de contrastes y por la sutil delicadeza con la que potencia la sensualidad de algunas partes de su anatomía. Por otro lado, su composición curvada, cerrada sobre sí misma, pero al mismo tiempo abierta por las líneas de fuga de las rodillas, los brazos, los hombros y la cabeza, genera una disposición llena de dinamismo, que sorprende más en una postura tan estática como la que tiene en realidad.

Al respecto señala Ernest Gombrich: “Las figuras (de la balaustrada) han sido lastimosamente mutiladas; sin embargo una de ellas muestra cuánta belleza posee, aún incluso despedazada sin cabeza y sin manos. Representa a una muchacha, una de las diosas de la victoria, deteniéndose a abrocharse la sandalia que se ha soltado al andar. ¡Cuán deliciosamente ha sido captada esta momentánea detención, y cuán suave y airosamente caen las delgadas ropas sobre el hermoso cuerpo! Podemos observar en estas obras que el artista podía plasmar cuanto deseaba. Ya no tenía que forcejear con dificultad alguna al representar el movimiento o el escorzo. Tal vez le llevara a cierto envanecimiento esta facilidad y virtuosismo”.

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