Capilla palatina de Aquisgrán PDF Imprimir Correo
(0 votos, media 0 de 5)
Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Capilla palatina de Aquisgrán


Eudes de Metz.

Aachen (Alemania). 792.

 

La formación del Imperio Carolingio tiene en su origen la alianza entre la nueva dinastía que sustituye a los viejos reyes merovingios de las Galias y la Iglesia. Una simbiosis de conveniencia porque la Iglesia en su afán universal encuentra su necesario brazo armado, y la dinastía carolingia en la Iglesia su necesario aglutinante imperial.

Nace así un binomio político-religioso, de Iglesia-Estado, que de alguna forma se siente heredero de la vieja unidad imperial y cristiana que había protagonizado en su momento de mayor esplendor, Constantino. De ahí, por una parte la formación del Sacro Imperio Germánico, cuya primera corona recae lógicamente en Carlomagno. Y de ahí las justificación política y propagandística, no sólo del Emperador, sino de la propia Iglesia en reverdecer el esplendor y la grandeza que habían hecho brillar la época imperial de Constantino. Es la famosa Roma renovata carolingia que tiene su expresión más simbólica en la renovación cultural del momento.

A ello contribuye también la situación de estabilidad política que supone la nueva estructura de Estado y la mejora económica que se aprecia en los feudos, lo que se advierte en la continuidad y mejora técnica de los talleres, y en la febril actividad artística que la Corte se puede permitir. Sin olvidar que detrás está también la Iglesia, igualmente interesada en crear la apariencia ostentosa que hiciera creible la restauración de la grandeza de la Roma cristiana.

Los modelos a imitar son lógicamente los grecolatinos, pero no los augustianos, sino más bien los constantinianos como es natural, es decir los del arte bajo imperial romano, que son los que verdaderamente se envidiaban por las razones ideológicas anteriormente expuestas.

En cualquier caso el arte carolingio no se limitó a imitiar, porque progresivamente los talleres locales fueron madurando y alcanzaron su propia y genuina expresión. Es en este contexto en el que se construye la Capilla palatina de Aquisgrán.

La Capilla de Aquisgrán forma parte de un amplio conjunto palatino edificado por Carlomagno en esta ciudad famosa por sus bondadosas aguas (Aquis Granni), que el Emperador disfrutaba frecuentemente.

Allí se decide reproducir un conjunto palacial a imagen de las grandes construcciones antiguas, siguiendo un plan urbanístico cuyo eje son dos grandes avenidas al modo del cardo y el decumano romano, en el que se inscriben siguiendo una planificación geométrica varias estancias: El Aula Regia y la Capilla principalmente dicha, así como otras estancias menores. De todo ello se ha conservado la Capilla y algún resquicio del Salón del trono o Aula Regia en el Ayuntamiento de la ciudad.

El Aula regia estaba formada por un amplio edificio rectangular con un ábisde en su cabecera, similar a las basílicas civiles romanas, destacando además sus dimensiones, de casi 50 m. de largo.

La Capilla sí se conserva en condiciones óptimas. Se concibe como el oratorio privado del Emperador, al que se le otorga además un valor martyrial porque allí se guardaba, entre otras reliquias, la Capa de San Martín, de ahí precisamente el nombre de Capilla (capella), que designa a las personas que custodiaban dicha capa o capella, los capellani.

Su arquitecto es Eudes de Metz del que nada sabemos porque además tampoco se conoce una tradición constructiva importante en aquella ciudad de Metz. Sí se comenta en las crónicas que los arquitectos provenían de regiones de "este lado del mar", refiriéndose probablemente a que procedían del Mediterraneo, único lugar donde se habían mantenido las tradiciones constructivas en piedra. Sabemos también que muchas columnas y otros materiales suntuosos se trajeron de la mismísima Roma, para que pareciera igualmente ostentosa esta segunda Roma que Carlomagno estaba construyendo en Aachen.

La fachada principal que servía de acceso a la Capilla estaba precedida, como ocurría en el Panteón de Agripa y en otras construcciones, de un amplio pórtico rectangular. Desde esta perspectiva se veía la portada como un enorme arco triunfal con las puertas de bronce, siguiendo una vez más la simbología clásica. A uno y otro lado de la misma se disponían dos gruesas escaleras que permitían el acceso a la tribuna.

El oratorio propiamente dicho es de planta centralizada. Concretamente consta de un núcleo central octogonal, rodeado por un deambulatorio que forma un polígono de dieciséis lados (hexadecagonal). Ambos espacios, el núcleo central y el deambulatorio, están separados por gruesos pilares y arcos de medio punto con dovelas de cromatismo alterno.

El deambulatorio se cubre con una alternancia de bóvedas de arista de tres y cuatro plementos, lo que es inevitable al ser doble el número de lados al exterior que al interior. Por su parte el núcleo central se cubre con una cúpula central sobre tambor, con ventanas abiertas en sus ocho paños.

Sobre el deambulatorio se eleva una tribuna o galería, que haría las veces del matronium paleocristiano y bizantino, pero que en este caso varía su función pues adquiere ahora un carácter puramente aúlico, ya que está reservada al emperador y su Corte, mientras la parte baja se reserva a los fieles. Es más, enfrente mismo de la entrada y en esta parte elevada se situaba el trono de Carlomagno desde el que asistía a los oficios religiosos, confiriéndole un protagonismo especial no exento de simbolismo, pues allí elevado y tan cerca de la cúpula donde se representaba a Dios igualmente sentado en un trono rodeado de los 24 ancianos, adquiría él también un empaque casi celestial.

La tribuna por este mismo motivo adquiere su mayor porte ornamental, con columnas clásicas, alternancia cromática en las dovelas de los arcos y una decoración musivaria que completaría el efecto monumental y lumínico.

Esta galería superior cuya parte más elevada se dedicaba precisamente a exposición relicaria, estaba cubierta con bóveda de cañón.

El exterior por el contrario resultaría mucho más modesto, aunque no falto de vistosidad. Se utilizarían sillares reforzando los vanos y el resto del muro se completaría con mampostería, cubriéndose todo ello con un enfoscado de color rosáceo de gran efecto cromático.

Las posibles referencias que habría que buscar para la edificación de este modelo constructivo son variadas. En primer lugar nos cuenta Eginardo que fue un proyecto personal de Carlomagno y Eudes, pero son patentes las similitudes con San Vital de Rávena, por su planta, la superposición de vanos y columnas, la solución de la tribuna y el mismo sentido martyrial. Pero también hay notables diferencias por lo que hoy parecen mayores sus similitudes con la iglesia de San Sergio y San Baco y otros modelos constantinianos.


Aquisgrn0

Aquisgrn00

Aquisgrn000

Aquisgrn0000

 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar