| Caravaggio: "Vocación de San Mateo" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Vocación de San Mateo”. Caravaggio. Iglesia de San Luis de los Franceses. Roma. 1599.
La pintura barroca constituye una de las manifestaciones más variadas y ricas de toda la historia del arte. La pintura barroca es de una extraordinaria variedad en cuanto a géneros, en cuanto a tendencias, en cuanto a soluciones formales, en cuanto a diferentes escuelas y temáticas. Pero es común a casi todas estas variantes una intecionalidad naturalista y un sentido de la agitación y el movimiento, que a su vez es una característica consabida del estilo barroco en su conjunto. Lógicamente y a tenor de la herencia que había dejado el Renacimiento en Italia, será precisamente allí, en Italia, donde se advierta antes que en ningún otro lugar un cambio de tendencia, que desde las últimas propuestas manieristas evolucionan hacia un estilo nuevo. El cambio tiene nombre propio pues va a ser la figura insuperable de Caravaggio quien desvíe el arte de la pintura por nuevos derroteros, hasta ese momento inexplorados. Caravaggio (1571/73-1610) se llamaba en realidad Michelangelo Merisi, llamado el Caravaggio porque había nacido en dicho pueblo. En 1589 llega a Roma donde pasará totalmente desapercibido hasta que diez años después, desde 1599 hasta 1606 aumente espectacularmente su clientela y cobre enorme fama. Pero repentinamente se trunca su carrera porque es acusado del asesinato de su oponente en una partida de frontón, lo que le obliga a huir de Roma, dejando patente constancia con ello de su carácter violento e irascible, que le obligó a una vida azarosa. Desde ese momento vagará por el sur de Italia sin más fortuna, hasta su temprana muerte en 1610. A pesar de sus pocos años de éxito y de su breve vida artística, Caravaggio ha pasado a La conversión de San Mateo, que hoy nos ocupa, es precisamente un típico cuadro naturalista, pues representa un pasaje bíblico, pero ambientado en el mundo circundante contemporáneo de Caravaggio. La obra se inscribe en un proyecto general para decorar la Capilla que el cardenal Mateo Conterelli había abierto en la Iglesia romana de San Luis de los franceses, dedicada al santo de su mismo nombre y con estrictas instrucciones de cómo había de hacerse cuando llegara su muerte. El proyecto se le encarga a Caravaggio, que cubre la pared de la izquierda de dicha capilla con el tema de la Vocación de San Mateo; en la pared central, con la Inspiración de San Mateo o San Mateo y el ángel; y en la pared de la derecha, enfrente por tanto de la "Vocación", con el Martirio de San Mateo. Las tres piezas son excepcionales, convirtiendo la Capilla Contarelli en uno de los rincones más extraordinarios de toda la historia del arte. Parece ser que la primera en comenzarse de las tres obras sería el "Martirio", aunque la primera en concluirse la "Vocación". Caso aparte sería la "Inspiración de San Mateo", porque la obra original sería rechazada por indecorosa por las autoridades eclesiásticas, si bien se trataba de un cuadro excepcional, siendo sustuido por la versión de "San Mateo y el ángel" que finalmente se colocó como pala de altar. Para ampliar conocimientos sobre el particular se recomienda el artículo "La Vida de San Mateo. Caravaggio", de nuestra sección 10 x 10. Se reproduce en la obra la conversión de apóstol Mateo, recaudador de impuestos, que se halla sentado a la mesa de una taberna con otras cuatro personas. Conversión que se narra precisamente en el evangelio del propio San Mateo, que dice: "Jesús vio un hombre llemado Mateo sentado en el despacho de impuestos, y le dijo: Sígueme, y Mateo se levantó y le siguió". En la escena representada, entran por la derecha dos hombres con atuendos bíblicos, siendo uno de ellos el propio Cristo que señala a Mateo para que le siga, momento culminante en que éste reacciona sorprendido, echándose hacia atrás y señalándose con el dedo, presa de la sorpresa. De sus compañeros, dos miran a Cristo igualmente sorprendidos, mientras otros dos, uno mayor y un joven sentado en el extremo izquierdo de la mesa, se afanan en mirar la monedas y en recontarlas sin atender a la llamada de Cristo, estableciendo de esta manera una clara contraposición entre los que se ven alcanzados por la vida espiritual (simbolizada en la luz que emana de Cristo), y los que se obcecan en seguir los dictados (efímeros) de la vida material. Pero como señalábamos, lo curioso es que los modelos tomados por Caravaggio son las gentes de la calle pintadas con extremo realismo. De hecho el propio Mateo aparece como un "alcabalero" o recaudador de impuestos del S. XVII, sin olvidar que la escena la sitúa en una taberna de las que él frecuentaba, en la que no tiene reparos en incluir al propio Cristo. Estos detalles provocaron no pocos problemas a Caravaggio, porque Desde el punto de vista plástico, el cuadro tiene un protagonista destacado en la luz. Toda la obra está articulada por la luz, que divide el cuadro en fuertes contrastes de claroscuro, característica primordial de lo que se ha dado en llamar tenebrismo. Pero ya decíamos antes que ese tratamiento peculiar de la luz por parte de Caravaggio cumple a la vez varios papeles: en primer lugar es una luz simbólica, porque destaca con su resplandor a las dos figuras protagonistas (Mateo y Cristo), dándole a la escena todo su contenido divino. Es además, una luz artificial que resplandece en unas partes del lienzo y se oculta en otras, recreando así el sentido escénico de la imagen y contribuyendo con esta teatralidad a subrayar el componente dramático que tiene el instante mismo de la conversión del apóstol, lo que por otra parte es un recurso característico del arte barroco en su conjunto, convertir en escenario cualquier entorno para acentuar su dramatismo. La luz es también un elemento de perspectiva, pues al incidir resplandeciente sobre los protagonistas y dejar a oscuras el fondo, aquéllos se adelantan al primer plano. Es un elemento compositivo, puesto que es una luz diagonal, que remarca esta línea tan característica de las composiciones barrocas, y tendente siempre a dinamizar el conjunto y a destacar su movimiento. Y por último, modela los volúmenes, pues su contraste precisamente potencia las formas, las masas y los contornos. No podía faltar el papel igualmente importante del color, emparentado siempre en el ejercicio de los efectos de luz. Un color rico, cálido, suntuoso y de una marcada gama veneciana. Es por tanto un ensayo magnífico de las posibilidades de la luz como recurso pictórico, que como hemos visto articula todos los elementos formales que constituyen la obra. Lo cual, en la fecha en que ocurre, en 1599, es totalmente revolucionario. Veremos a lo largo de este siglo a otros autores igualmente extraordinarios, como Rembrandt o Velázquez, que seguirán este dictado, y ellos también jugarán con la luz de forma primorosa y serán capaces de muestras de realismo extraodinario, y lo mismo en sus trabajos de perspectiva o en el tratamiento del color, pero nunca deberemos de olvidar que Caravaggio fue el primero en abrir esta senda y ello le eleva a ese altar donde sólo caben los privilegiados del arte, ante los cuales no cabe sino arrodillarse. ![]() ![]() Otros artículos de esta sección...
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