| Catedral de Burgos |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Catedral de Burgos.
Obispo Mauricio. Maestro Enrique Burgos. S. XIII-XV.
La transición artística que supone en Europa el paso del gusto románico hacia el gótico, encuentra su lógica justificación en un cambio económico y social que afecta también al ámbito cultural. El S. XIII va a suponer un importante cambio en el sistema de producción agrícola, que gracias a ciertos avances técnicos, a una época de relativa paz, nuevos procesos de roturaciones, etc, permiten un aumento de la producción. Hasta tal punto, que la aparición de excedentes reactiva el comercio, produciéndose con ello un renacer de las ciudades (burgos). Como es lógico, ello provoca el progresivo enriquecimiento de una burguesía urbana que pronto se convierte en antagonista de la vieja aristocracia feudal. Si ésta impulsó en su momento un arte rural y jerarquizado como era el románico, la burguesía urbana, la nueva clase triunfante, desarrollará un arte urbano, impregnado además de un nuevo sentimiento religioso (más humano y emotivo) y de una sensibilidad más realista y que en el arte se manifiesta de forma más naturalista. Síntesis de todo ello es
El edificio representativo de la nueva sociedad urbana es consecuencia, como se ha dicho, de una distinta consideración del tema religioso y más concretamente de un cambio en la sensibilidad cristiana, fenómeno en el que va a tener un tremendo protagonismo la divulgación de la filosofía neoplatónica. Es sobre todo la vinculación que hace esta filosofía del concepto de Dios con el ámbito de la luz, la que tendrá una mayor repercusión en la nueva arquitectura. En efecto, Dios es como la luz, capaz de traspasar los cuerpos sólidos sin romperlos (caso del cristal), de ser fuente de vida, y de ser también principio y motivo de alegría y felicidad. La idea, difundida especialmente a través de los escritos del abad Surger, tampoco era completamente nueva, porque ya el Pseudo-Dionisio el Aeorpagita la había utilizado con la misma intención mucho antes. Pero sí es cierto que en este momento se convierte en un objetivo primordial en la concepción de los nuevos espacios religiosos. Partiendo de estas premisas, es lógico que la catedral gótica, que es al fin y al cabo la morada de Dios, un rincón de
Los soportes tectónicos estudiados en el románico, difícilmente favorecían esta posibilidad al cargar el peso de las bóvedas principalmente sobre los muros, imposibilitando así la apertura de grandes ventanales. Por ello, la arquitectura de este nuevo periodo se va a orientar a introducir todos los cambios tectónicos necesarios para lograr este objetivo prioritario de rasgar los muros para que irrumpa la luz en el espacio interior. Como consecuencia se generaliza el uso de una serie de elementos formales que tampoco es que nazcan entonces, porque la mayoría se habían utilizado con anterioridad, pero sí que ahora se emplean todos ellos interrelacionados y con un carácter protagonista: el arco apuntado; la bóveda de crucería; los arbotantes; la utilización perfeccionada de arcos fajones y formeros; la disposición de grandes contrafuertes exteriores; los pilares cruciformes con columnitas adosadas que derivarán en el pilar fasciculado; y también la disposición de magníficas vidrieras, cuya luz abundante y coloreada, contribuía a crear esa atmósfera irreal y extraña, de un mundo ajeno a lo terreno y por ello de un hondo impacto espiritual. El resto de elementos formales de la arquitectura gótica suponen una evolución hacia la monumentalidad respecto de los edificios románicos, que no es ajena a una valoración de la tendencia ascendente en el espacio interior, que simbólicamente aludía a la elevación del espíritu. Por lo demás, sigue utilizándose la planta de cruz latina, de tres o cinco naves, crucero destacado en planta y una cabecera hipertrofiada, con girola y capillas radiales. En alzado se abren tribunas, y triforios ciegos, que paulatinamente van abriendo paso a los ventanales cada vez más amplios. En las fachadas se disponen grandes torres coronadas por agujas o chapiteles , y una decoración exterior cada vez más abundante y recargada, donde junto a los volúmenes arquitectónicos como los contrafuertes o los arbotantes, se añaden motivos ornamentales como los pináculos, las gárgolas, los doseletes, etc. Y todo ello sin olvidar la importancia de la escultura, que si bien va liberándose progresivamente del marco arquitectónico, sigue ligada implícitamente a la arquitectura. El arte gótico pervive el carácter internacional que había tenido el arte románico, y por ello podemos encontrar ejemplos de arquitectura gótica en numerosos puntos del continente europeo. Su origen se encuentra en el corazón de Francia, más concretamente en la construcción de la iglesia de Saint Denis cuya influencia expandirá sus novedades técnicas hasta hacerlas cuajar en el nuevo estilo de las primeras catedrales del centro del país. Desde aquí la arquitectura gótica se extiende por toda Europa, con una implantación igualmente extensa en
Aún así, en España pueden distinguirse dos expresiones bien distintas en el desarrollo de la arquitectura gótica; una tendencia más sobria, menos recargada, de menos elementos aéreos, influenciada directamente por la arquitectura de
En 1222 se procedió a la colocación de la primera piedra, avanzando las obras con cierta rapidez pues en 1238 al Obispo Mauricio se le entierra ya en el coro. En 1243 y 1260 se sabe de nuevas noticias que demuestran la continuación de las obras, quedando en la última fecha por hacer nada más que las bóvedas y ciertas partes de las zonas altas. La planta adoptada en Burgos es más sencilla que la de Toledo y similar a la de León. Corresponde a una iglesia de tres naves, crucero destacado en planta de una sola nave, y girola. La cabecera recuerda a la catedral de Coutanges y el alzado a Bourges, siendo asimismo la fachada la más esbelta y francesa del resto de catedrales españolas. Por todo ello se insiste en identificar al primer maestro de obras como francés. Como características más significativas destacaríamos la existencia de un triforio ciego, aunque eso sí, es muy amplio y elegante con sus cuatro arcos enmarcados en uno mayor por cada tramo; y la utilización de bóvedas de crucería sexpartita en la nave central, que son en realidad de crucería sencilla, pero están recorridas en toda su longitud por una ligadura central; Por lo demás,
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