Catedral de San Basilio PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

”Catedral de San Basilio”

P. Yákovlev.

Moscú. S. XVI.


En la Europa más oriental también se advierte la influencia bizantina. No se olvide que en época de los Comnenos se produce la cristianización de Rusia, ligada al mundo bizantino a través de las rutas comerciales de los grandes ríos. Más concretamente, desde la conversión de Vladimiro de Kiev a finales del S. X se produce una inclinación hacia la civilización y la cultura bizantinas que aleja a los eslavos rusos de otras tendencias más occidentales.

Una prueba de todo este cambio se observa precisamente en la ciudad de Kiev, la más importante de toda Rusia, donde se construye la “madre de todas las iglesias rusas”, Santa Sofía de Kiev. La invasión de los mongoles a partir del siglo XIII, supone la decadencia de Kiev y el protagonismo de otras ciudades menores afines a los tártaros, entre ellas Moscú, insignificante hasta ese momento.

Pero a partir del siglo XIV, con el reinado de Iván IIII (Iván el Grande), la ciudad moscovita se consolida en su importancia, lo que facilita la construcción posterior de obras importantes como su antigua fortaleza (el Kremlin) y la construcción de sus más significativas iglesias, entre ellas la Catedral de la Intercesión de la Virgen en el Montículo, más conocida popularmente como la Catedral de San Basilio, localizada en la Plaza Roja de la ciudad y construída ya a mediados del S. XVI.

La construcción de la Catedral fue ordenada por Iván IV (Iván el Terrible) para conmemorar la conquista del Janato de Kazán (actual Bulgaria) contra los tártaros. Se cuenta que fueron precisamente los turbantes de los soldados derrotados que fueron decapitados, los que sirvieron de inspiración para la construcción de las cúpulas bulbosas que constituyen la seña de identidad más característica del templo.

La idea original era la de construir un grupo de capillas, dedicadas cada una a los diferentres santos en cuyo día el zar había ganado una batalla, pero la construcción de una torre central unificó criterios hasta constituir un edificio homogéneo y que además siguiera la tradición constructiva bizantina. Se nombró arquitecto del proyecto a Póstnik Yákovlev del que dice la leyenda que el zar dejó ciego al acabar la obra para así evitar que pudiera construir otra obra semejante. Leyenda nada más, pues pocos años después estaba trabajando en la construcción del Kremlin y no es muy creíble que lo hiciera a ciegas. La obra se completa en 1588 cuando el zar Fiodor Ivanovich agrega una nueva capilla sobre la tumba de San Basilio, razón por la cual el templo asume desde ese momento esa titularidad y el nombre con el que se la conoce popularmente.

Su estrcutura persevera en el modelo de las iglesias rusas de tradición bizantina, aunque en este caso con una solución exterior mucho más espectacular y vistosa. Conserva la planta centralizada y al exterior la acumulación de cúpulas bulbosas, que en este caso rodean un enorme campanario poligonal que sobrersale de todo el conjunto y que además se decoran con relieves abstractos y colores diversos otorgándole como decíamos una imagen realmente fantástica y mágica.

El campanario octogonal que sirve como elemento de centralización del espacio es en realidad la capilla central de las diez que forman el conjunto de la iglesia, alrededor de la cual se van distribuyendo las demás, cada una a una altura diferente y con una decoración distinta en sus cúpulas hasta configurar una estrella de ocho puntas. Un símbolo recurrente el del número ocho en la iconografía del cristianismo ortodoxo

Prevalece el ladrillo como material de base, lo que le da ese tono rojo predominante, que se enriquece con la profusión cromática en el resto de la decoración. Curiosamente y al contrario de lo que suele ser común en la arquitectura bizantina, los interiores aparecen mucho más modestos, cuando suele ocurrir al revés, que los interiores sorprenden por su ostentosa decoración en contraste a exteriores muy sumarios y modestos. En San Basilio por el contrario el interior presenta espacios angostos, poco iluminados y ornados con pinturas de tema floral realizadas ya en el S. XVII. Sólo la capilla central contradice esta tendencia porque en este caso sí se advierte una mayor generosidad decorativa con su iconostasio en oro y representaciones de Cristo y la Virgen.

Afortunadamente la Catedral de San Basilio se ha salvado de varias amenazas de destrucción. El propio Napoleón, impresionado por su belleza se la quiso llevar a París, y al no poderlo hacer mandó destruirla, pero una lluvia milagrosa humedeció providencialmente la pólvora con la que iban a volarla. También después de la Revolución rusa hubo algunos episodios en los que se apostó por su demolición, pero finalmente la iglesia fue conservada convirtiéndose en uno de los reclamos turísticos más característicos de la visita a la ciudad de Moscú.

 

 



 

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