| C.D.Friedrich: "El naufragio del Esperanza" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”El naufragio del Esperanza”. C.D. Friedrich. Kunsthalle. Hamburgo. 1824. Desde mediados del S. XVIII hasta mediados del S. XIX, Europa vive una serie de cambios políticos, sociales y culturales que se proyectan en El arte refleja las alteraciones de esta época, respondiendo a cada momento histórico con una expresión particular: con un clasicismo estricto y racional al periodo napoleónico, con el sentimiento romántico a los movimientos revolucionarios, o con la arquitectura del hierro a Hay no obstante dos grandes corrientes o estilos que prevalecen durante esta etapa, y que aún siendo no sólo distintos sino opuestos, tienen elementos en común, lo que obliga frecuentemente a estudiarlos conjuntamente: El Neoclasicismo y el Romanticismo. Lo cual por sí sólo es buena prueba de la complejidad de la época, donde conviven a la par formas artísticas antagónicas. El Romanticismo, al contrario que el Neoclasicismo, va a irrumpir en el ámbito de la pintura con toda su innata rebeldía. Y lo hace como una escuela partidaria del color, de las composiciones agitadas, de las pinceladas brillantes y por supuesto, de los argumentos literarios o históricos que encendieran el sentimiento popular. No obstante el Romanticismo presenta muchas caras, tantas como países y tantas como distintos sentimientos de liberación de la realidad. Está el romanticismo de Delacroix, y Géricault, exaltado y rebelde, lleno de agitación y color en sus obras; está el Romanticismo de los paisajistas ingleses; o el Romanticismo que deriva en la pintura de Historia, que tuvo en España un buen número de seguidores. Pero a todas estas formas de Romanticismo podríamos añadir un romanticismo diferente. Otro romanticismo. El romanticismo alemán encarnado por Caspar David Friedrich (Greifswald 1774- Dresde 1840). Es el suyo un romanticismo intimista, de entornos misteriosos, de extrañas naturalezas o ruinas novelescas, que nos inducen hacia un ámbito espiritual, solitario, donde el hombre se empequeñece y el Universo lo abruma. De hecho y no deja de ser curioso este detalle, todas las figuras representadas en sus cuadros aparecen de espaldas, sin rostro, insignificantes ante la inmensidad de la naturaleza. De todos los cuadros de Fredrich éste es tal vez el más simbólico y por ello misterioso, hasta el punto de que la interpretación extraña y alegórica que hace de la naturaleza transformándola en función del sentimiento, permite entrever el mismo recurso que emplearán años más tarde los surrealistas. Podría decirse que El naufragio del “Esperanza” es precisamente un cuadro de la "desesperanza". La desesperanza, transmitida en este caso a través de este paísaje de inmensa soledad, de vacío de vida, frío y resquebrajado como una ruina eterna y fantasmagórica. Ni siquiera hay personajes esta vez, para mayor alegoría de la desolación. El resultado final será este cuadro en el que pueden advertirse algunos restos del barco, como parte de la popa o los mástiles, incrustados y confundidos entre medio de los hielos. Un barco inspirado en el Griper, aunque simbólicamente lo denominaría el “Hoffnung” ( Su estructura triangulada recuerda algunos ritmos compositivos de Todo ello resume así el sentimiento romántico de Friederich, muy diferente al de los otros autores, pero no por ello menos romántico. Son buena prueba junto a éste otros cuadros igualmente famosos como “El viajero frente al mar de niebla”, “Acantilados blancos en Rügen”, “Hombre y mujer contemplando la luna” o “La cruz sobre las montañas”.
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