| Ch. Garnier: La ópera de París |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”La Ópera de París”. Ch. Garnier París. 1875. Entre las distintas tendencias arquitectónicas que se suceden en las primeras décadas del S. XIX, destacan por una parte las llamadas tendencias historicistas, que en cierto modo coinciden con las propuestas nacionales características del Romanticismo. Cada país busca en su historia el estilo arquitectónico que mejor representa sus señas de identidad, haciendo así coincidir la obra monumental con el sentimiento nacionalista. En la mayoría de los casos, la época que mejor identifica cada estilo nacional es La otra tendencia característica de estos principios de siglo será el Eclecticismo. Podríamos pensar que todos los estilos arquitectónicos a lo largo de la historia se pueden suponer como tales, considerando que todo estilo tiene alguna deuda con los anteriores. Es más, los propios movimientos del siglo XIX, arquitectura neoclásica, historicismo, incluso la arquitectura del hierro son ciertamente eclécticas, porque están totalmente amparados en estilos anteriores. No obstante, cuando nos referimos específicamente al Eclecticismo del S. XIX, nos referimos a un estilo nuevo que es el resultado de la combinación de muy distintos ingredientes arquitectónicos, procedentes todos de otras propuestas, pero utilizados de forma tan libre y original que llegan a abrir un nuevo camino en la arquitectura. La obra que mejor ejemplifica el alcance más ampuloso al que llega el Eclecticismo, y a la vez representación de la expansión del París de la segunda mitad del S. XIX y del ascenso social y económico de la burguesía es la Ópera de París, obra de Charles Garnier. En realidad puede decirse que la Ópera es un edificio Neobarroco, en el que confluyen influencias renacentistas y barrocas italianas, más otras propuestas del barroco francés. El resultado es un edificio de enormes dimensiones, en cierto modo abrumador por su pomposidad, y que venía a sustituir en el París de aquel momento lo que monumentalmente habían significado Los efectos visuales que la Ópera consigue desde el exterior tienen una estrecha relación con la planificación urbanística que se produce en el París de la época. La obra ingente propiciada por el barón Georges-Eugène Haussmann, otorga a París un necesario alcantarillado, iluminación de gas, el mercado central de Les Halles y un trazado de nuevas calles y avenidas en el centro de la ciudad, los famosos boulevard, rectilíneos y de gran amplitud, que aparte de su función racionalizadora de la circulación urbana, también facilitó la represión de las frecuentes manifestaciones obreras. En medio de esta nueva articulación urbanística, surgía en su mismo centro la Ópera, destacando así su importancia monumental, ligada a su nueva dimensión social. Al exterior, el edificio sorprende por su aparatosidad y riqueza ornamental, plena de recursos e imaginación, y que desde luego, pulveriza los viejos criterios rigurosos del Neoclasicismo. La fachada principal se articula por medio de grandes arcadas, enormes ventanales, pares de columnas y frisos ornamentados. No faltan además todo tipo de recursos ópticos neobarrocos: medallones, esculturas, cromatismo, etc. En otra de las fachadas la escalinata de acceso se abre en un trazado curvilíneo que parece derramarse sinuosamente hasta el espectador, en el más puro efectismo barroco. No faltan los muros alabeados y el juego de cúpulas en el remate, una central y dos menores en los laterales. Al interior se conservan los mismos efectos y con la misma finalidad, la de dar pie a la relación social. Los vestíbulos y las escalinatas son amplias e igualmente ostentosas. Abundan los espejos, las escaleras en derrame, los balaustres, las columnatas, lámparas, medallones, esculturas, cartelas, luces, órdenes gigantes, pinturas, farolas...
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