Ciudad romana de Cesaraugusta PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

La ciudad romana de Cesaraugusta

 

Restos sobre la actual Zaragoza

S. I a.c.

 

La civilización romana mantuvo a lo largo de la historia una clara vocación urbana, tanto por la importancia que la ciudad tuvo como base de su expansión comercial, como porque sus fundaciones contribuyeron a fijar fronteras y a afianzar su seguridad militar, según se iban ampliando los territorios del imperio. Para los romanos además, la vida urbana era sinónimo de desarrollo y atractivo porque era en las ciudades donde se desarrollaban los espectáculos que tanto les gustaban, y porque ofrecía posibilidades de todo tipo que la vida rural estaba muy lejos de ofrecer. De ahí el interés de los romanos ya no sólo en la fundación de ciudades, que hicieron tan frecuentemente a lo largo del imperio, sino de ampliarlas, embellecerlas y convertirlas en referencias culturales y artísticas.

Por otra parte una mentalidad tan pragmática como la de los romanos estableció desde los primeros tiempos un mismo diseño urbano, basado en un criterio de planificación urbanística práctico y funcional. Su inspiración lógicamente se hallaba en el modelo helenístico desarrollado por Hipodamos en la ciudad de Mileto, cuando hubo de reconstruirse después de su destrucción a manos de los persas. Su trazado en cuadrícula resultaba funcional, permitía el acceso más rápido a cualquier parte de la ciudad y establecía además una cierta igualdad social, debido a la uniformidad de su estructura en todo su perímetro. El éxito del plano hipodámico de Mileto se extendió al resto de ciudades, sobre todo en época helenística y a través de los etruscos llegó a conocimiento de los romanos que imitaron el modelo.

De todas formas, los romanos contaban ya con una referencia a la hora de planificar una ciudad nueva, pues utilizaban para ello el mismo proceso que seguían en los asentamientos itinerantes de sus campamentos militares cuando estaban en campaña. En estos casos trazaban dos grandes avenidas principales, perpendiculares entre sí, y sobre esos cuatro cuadrados surgidos del ese diseño colocaban las tiendas en un ordenamiento en retícula. De una y otra influencia nacerá el modelo invariable de trazado urbanístico romano.

La ciudad por tanto nacía del trazado de un amplio perímetro rectangular, el cursum, que sería además su baluarte defensivo, dentro del cual se abrían dos grandes avenidas, rectangulares entre sí, el cardo (en dirección norte-sur) y el decumanus (en dirección Este-Oeste). En la confluencia de ambas calles se unían se establecía el foro, donde se construían los edificios más importantes: los templos, el mercado, la curia o el pletorio, dependiendo de la importancia de la ciudad, etc. El foro, en un principio, era un lugar comercial, pero fue progresivamente adquiriendo un carácter más noble y político, mientras que los foros comerciales se fueron desplazando a otros lugares de la ciudad.

Las puertas de entrada a la ciudad romana se encontraban en las salidas del cardo y del decumanus, pero también en otros puntos del perímetro. Solían estar flanqueadas por dos torres con estancias donde se situaba la guardia. Contaban con uno o dos vanos, cubiertos con bóvedas de cañón. Todo el perímetro urbano estaba fuertemente defendido por una muralla que recorría la línea del cursum.

Este modelo, como decimos, se repitió uniformemente en la mayoría de las ciudades fundadas por los romanos a lo largo de su imperio, y por supuesto así fue también en Hispania. Desde los primeros momentos de la conquista se fundaron ciudades en Hispania, al principio con una finalidad defensiva y de explotación minera. Aunque este proceso se intensificó en época de Julio César y sobre todo de Augusto, que trataron de asentar en nuevas ciudades a los soldados que se licenciaban y que en Italia carecían de ager publicus. De las ciudades españolas que cuentan con restos importantes de su urbanismo original romano destacan ejemplos como Tarraco, Emérita Augusta, Segóbriga,  o Astúrica Augusta,  entre otros, así como también Cesaraugusta, la actual Zaragoza.

Esta última fue fundada por Augusto en el año 14 a.c. en un espacio junto al Ebro donde ya existía el núcleo romanizado de Salduie. Allí se establecieron las legiones IV Macedónica, VI Victrix y X Gemina, que volvían de las campañas contra los cántabros y encontraron en este solar un lugar donde establecerse con suelo propio y un estatus legal privilegiado, refrendado en el título de Colonia inmune, es decir, con privilegios como el derecho a acuñar moneda o la exención del pago de impuestos.

La ciudad se diseñó siguiendo el modelo prototípico ya estudiado, y así, sobre un espacio de aproximadamente 44 hectáreas se trazó el perímetro exterior fuertemente amurallado, el cursum (actual calle del Coso), y se diseñaron los dos ejes principales consabidos: el cardo (aproximadamente sobre la actual calle de Don Jaime) y el decumanos (aproximadamente sobre la calle Mayor). Asimismo se abrieron cuatro puertas, coincidiendo con los extremos de las dos avenidas principales: en el cardo, al norte, la Puerta Norte o Puerta del Ángel, y al sur, la Puerta Cinegia; y en el decumanos, al oeste la Puerta de Toledo, y al este, la de Valencia. Desde sus orígenes parece que contaría con un puente sobre el río, y otras infraestructuras importantes como desagües, acueductos y un foro, que al contrario de lo habitual no estaría en la confluencia del cardo y el decumanos, sino en el extremo norte de la ciudad, junto al río Ebro, y ello debido a la importancia mercantil que desde el principio impondría el río y su puerto fluvial en la vida ciudadana. Más adelante este foro, en origen solamente comercial, se iría convirtiendo en un espacio principal de la vida social, religiosa y política de la ciudad, tal y como ocurre todavía en la actualidad.

No obstante, el apogeo de la ciudad se produjo a finales del siglo I y durante el II, siendo entonces cuando Cesaraugusta creció y contó con sus mejores construcciones, así la ampliación del foro, el puerto fluvial, las termas públicas y el teatro, sin olvidar la construcción de un  primer puente de piedra y madera, de la gran cloaca máxima, así como importantes sistemas de abastecimiento de agua y regadío, aprovechando no sólo la presencia del Ebro, sino la coincidencia en ese punto de las desembocaduras de los ríos Huerva y Gállego.

En la actualidad de todo este enorme patrimonio artístico y arqueológico se conserva una parte importante, que se ha podido excavar, estudiar y en muchos casos abrir al público visitante, y todo ello después de no pocos problemas y avatares para conseguirlo, cuando intereses especulativos o el propio marco urbano actual de la ciudad pusieron trabas al proceso. Hoy pueden visitarse y con interesantes explicaciones complementarias el foro, las termas, el puerto, el teatro, quedando asismismo en distintos puntos de la ciudad algunos lienzos de muralla.


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