| Correggio: "Noli me tangere" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Noli me tangere. Correggio. Museo del Prado. Madrid. 1519. Antonio Allegri conocido como Correggio por la villa donde nació (1489-1534) es uno de los pintores renacentistas cuya evolución resulta más prolongada y fecunda. En un primer momento se advierte la influencia de pintores quattrocentistas como Mantenga, aunque al poco tiempo comienza a advertirse la incidencia que tiene sobre él la obra de Leonardo. Al mismo tiempo puede considerársele también uno de los primeros manieristas, de tal modo que se le suele incluir entre los protomanieristas y en este caso concreto vinculado al grupo de Parma. Pero sus últimas obras, cargadas de un volumen sobrio y de grandes anatomías, y sus contrastes lumínicos cada vez más acusados, le convierten en uno de los autores más influyentes del primer barroco en Italia. En cualquier caso define su pintura un estilo sobrio, de figuras amables, que van ganando volumen según avance su estilo, y de composiciones equilibradas que igualmente evolucionan hacia la agitación y el movimiento. Colores intesos, sobre todo en su fase manierista, y como hemos dicho una tendencia paulatina hacia el claroscuro, definen un estilo marcado por su constante evolución. Una de sus obras más conocidas es este Noli me tangere que se realiza en la fase intermedia de su carrera, en esa etapa protomanierista, en la que la pintura empieza a romper con los moldes clásicos, especialmente desde la estructura compositiva y el tratamiento del color. La obra hace alusión al famoso encuentro entre Las versiones de este tema en En primer lugar las propias figuras, especialmente la de Cristo, cuya postura resulta realmente original y novedosa, en una actitud danzarina y desequilibrada como corresponde a una imagen ya de estilo manierista. En este sentido es muy logrado el juego de pies, cruzados como en un paso de danza y apoyados en un solo punto, y la compensación de los brazos, contrabalanceados en un gesto que completa el aire bailarín, pero que además marca una diagonal inquietante, perfectamente rubricada por un trazo delicado y finísimo en los dedos que igualmente está apuntando detalles puramente manieristas. Por su parte la actitud de Por lo que serefiere al color, asume también variantes respecto de los modelos puramente clásicos. Se trata ya de un color más pastoso y de tonos más intensos que los del clasicismo pleno, en una tendencia por reforzar sus tonos y matices igualmente premanierista. ![]() Otros artículos de esta sección...
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