| Cranach: "Venus" |
|
|
|
| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
|
”Venus”. Lucas Crancah. El Viejo. Städel Museum. Frankfurt. 1532. Lucas Cranach el Viejo (Kronach, Franconia 1472- Weimar 1553), es un artista contradictorio, por una parte es el pintor alemán más plenamente comprometido con el protestantismo, hasta el punto de ser amigo personal de Lutero y retratista de Melanchton. Por otra, su obra tiene también un carácter clasicista relacionado con el Renacimiento que desde Italia se extiende con más o menos fuerza por el resto de Europa. En general, su obra responde a ese periodo de la pintura alemana en el que el Renacimiento arranca de una tradición amparada en la temática religiosa, apoyada en las técnicas flamencas, pero dotada de un expresionismo peculiar, que a veces adquiere tintes dramáticos. Mathias Grünewald, Alberto Durero, Hans Holbein el Joven, o el mismo Lucas Cranach, serían sus representantes más conocidos. En todos ellos a esa tradición heredada se añade un tímido acercamiento a las propuestas clásicas provenientes de Italia, que van introduciendo sobre todo temáticas mitológicas, aunque tratadas siempre bajo un criterio que en muchas ocasiones no puede desvincularse de su fuerte carga religiosa. Como pintor religioso, se advierte en Cranach su devoción luterana, en la que sigue la línea del expresionismo patético de Grünewald, pero como decimos es a la vez un pintor humanista que trata también temas mitológicos. En estos casos, sus modelos responden a cánones en boga en la pintura germánica, piernas alargadas, amplitud de caderas, vientre prominente y pequeños pechos. Siendo además un clásico capaz de desarrollar un peculiar manierismo, suprimiendo el paisaje, con criterios antiperspectivos y hieratismo en las figuras. Dichos temas mitológicos, aunque fieles a la tradición clásica se desarrollarán casi siempre con una carga moral que no contradiga sus creencias. En este campo iconográfico es habitual la imagen de Venus, que la trata bajo la iconografía de diosa del amor en la obra Venus y Cupido, de La figura de Venus responde a los cánones característicos anteriormente citados, pero subrayando especialmente la sensualidad del desnudo, remarcado a través de las delicadas carnaciones, el suave claroscuro y la gasa transparente, cuyo trazado curvilíneo y su textura erótica que apenas oculta su pubis desnudo, insiste en el mismo propósito sensual. Su postura, equilibrada y armónica, responde también a su particular concepto del clasicismo. Aunque todo ello no evita un tratamiento del rostro cuyos rasgos expresionistas delatan su herencia germánica. Un expresionismo que aquí es el que evidencia esa falta de virtud en la diosa, y si no, véase esa mirada picarona y aviesa que poco o nada tiene que ver con idealismo clásico, y en la que parece concentrar toda su inmoralidad. A la tradición nórdica responden también otros aspectos de la pintura, concretamente lo que se refiere al detallismo con que se representan los pocos objetos que engalanan la figura: el tocado del pelo, la gargantilla o el collar que cae elegante sobre su pecho. De todas formas y más allá de su lectura moral, Venus, como corresponde a su condición iconográfica de belleza seductora y sensual, resplandece como tal, iluminadas sus carnaciones por un delicado tratamiento de las texturas, de la luz y del color. Una tonalidad que se funde en su luminosidad blanquecina y que por contraste con los tonos oscuros del fondo, se ilumina ella sola con todo su atractivo persuasivo y por perturbador, maligno. Es realmente bella por tanto No deja de resultar curioso por tanto que esta Venus que al fin y al cabo reclama la virtud de la moralidad, haya sido censurada en el Metro de Londres por impúdica. El cuadro además es belleza para la vista. ¿No será entonces, que una vez más ha vencido la ignorancia...?
Otros artículos de esta sección...
|