| D. Campeny: "Lucrecia muerta" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Lucrecia muerta
D. Campeny
Lonja de Barcelona. Real Academia de Bellas Artes de San Jorge.1804-1833.
El Neoclasicismo llegó a España con dificultades y cierta tardanza provocada por la implantación tan arraigada que el Barroco tenía en nuestro país. Será la llegada al trono de Felipe V en 1714 y su paulatino mecenazgo artístico, en el que predominaron artistas extranjeros que trajeron las nuevas modas, lo que progresivamente irá introduciendo el nuevo estilo en En cualquier caso, el artista más representativo del Neoclasicismo español es Damiá Campeny, nacido en Mataró en 1771. Campeny se formó como muchos escultores de su generación en Campeny por tanto pasa por ser una de las figuras más conocidas de la escultura neoclásica española, porque en la mayoría de sus obras se observa el detallismo, la mesura, la talla precisa y las composiciones equilibradas del más puro Neoclasicismo, cuya inspiración es evidente que encuentra su mejor referencia en Canova, tanto es así, que en más de una ocasión se le acusó de plagiar obras del escultor italiano. Con todo y con eso, pasado el tiempo también se verá irremediablemente influido por la estética de las nuevas tendencias que se van imponiendo en los comienzos del siglo XIX, como el Romanticismo, alguno de cuyos aspectos aparecen en algunas de sus piezas. Es precisamente lo que ocurre en la obra que hoy comentamos, su escultura más famosa sin duda, La iconografía de Lucrecia también entremezcla componentes neoclásicos con otros románticos: Lucrecia, patricia romana y mujer de Colatino, fue violada por Sexto, hijo del rey Tarquino, por lo que se suicidó, tras informar a su esposo. Tras esto, Bruto alzó al pueblo en rebelión, ocasionando el final de Desde el punto de vista formal se adviertela huella Neoclásica, y más concretamente un influjo canovista en distintos registros, como en la postura adoptada por Lucrecia, recostada como los retratos sedentes de Canova, y también por el detalliismo y la precisión de la talla, pero más allá de estos aspectos, no es "un Canova" su "Lucrecia". Está lejos de la petrificación marmórea de las obras neoclásicas y de la frialdad que suelen transmitir. Por el contrario la obra de Campeny destaca por la morbidez del cuerpo de la protagonista, por la ampulosidad de los paños, y por esa expresión serena y entremezclada con su indudable sensualidad, que logra transmitirnos el triunfo de su virtud y su victoria ante la muerte.
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