D. Chipperfield: "Veles i Vents" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Veles i Vents.

David Chipperfield & Fermín Vázquez

Valencia 2006.


La arquitectura de la primera década del S. XXI hereda muchas de las tendencias que definieron la amplia variedad de soluciones de la arquitectura de finales del siglo anterior, a las que progresivamente se han ido añadiendo en estos primeros años de siglo nuevas propuestas y variantes de las anteriores que se han beneficiado principalmente de los nuevos avances tecnológicos.

Esto quiere decir que perviven estilos heredados como el High-Tech y la Deconstrucción, a los que se añaden nuevas opciones. Algunas perviven la tradición de la arquitectura orgánica bajo una nueva modalidad, como sería el caso de la Bioarquitectura, tendencia que además de imitar modelos de la naturaleza trata de conseguir un equilibrio sostenible y ecológico tanto en la utilización de sus materiales constructivos, como en el gasto de sus necesidades energéticas. Otras modalidades por el contrario, son herederas del Racionalismo arquitectónico y regresan así a fórmulas constructivas de líneas rectas, funcionalidad y sobriedad ornamental, aunque no por ello renieguen de una vocación estética, basada en este caso en el triunfo de la geometría. Sería el caso del llamado Minimalismo arquitectónico, que en realidad es una forma moderna de Racionalismo, tal vez más sucinto y geométrico en sus soluciones, pero en el que no faltan conceptos como austeridad, desnudez ornamental, pureza de materiales, orden o simplicidad. Es por tanto una revitalización del antiguo Proyecto Moderno que tan denostado había sido por la Postmodernidad de finales del siglo XX.

Es a esta última tendencia a la que pertenece buena parte de la obra del arquitecto inglés David Chipperfield, y entre ellas la que hoy comentamos, el edificio  Foredeck, también conocido como Veles y Vents construido en la ciudad de Valencia con motivo de la Copa América 2007, acontecimiento que supuso la completa remodelación del puerto de la ciudad.

Chipperfield desde sus primeras obras manifiesta un gusto exquisito por esta forma de entender la arquitectura, que reducida a su mínima expresión no pierde por ello una elegancia clásica fundada en la armonía de las proporciones, la preeminencia absoluta de las líneas rectas, el perfecto juego de luces y sombras que ellas mismas consiguen, y una rotunda monumentalidad que a veces sorprende ante la brevedad de su lenguaje arquitectónico. Buena prueba de todo ello son construcciones que le consagraron, como el famoso River & Rowing Museum de Henley-on-Thames, más conocido como Museo Fluvial y de Remo, Reino Unido 1997, varias veces galardonado, y otras más recientes y por ello mismo más atrevidas en su propio lenguaje, como la Ampliación de la Casa Knight, en Richmond, Reino Unido. 2001; la renovación del Neues Museum en Berlin, 1997-2009; la remodelación del Paseo del Óvalo en Teruel, también realizada junto a Fermín Vázquez en 2003, y muy especialmente el Museum of Modern Literature, en Marbach, Alemania. 2007.

Veles i Vents se inscribiría en esta misma línea de sus últimas obras más audaces, sin peder nada de su estilo personal. Su estructura es la de una superposición de planchas horizontales que como terrazas voladas se asoman sobre el mar. Prevalece como es característico en su obra la línea recta, en este caso horizontal, sólo animada por las diagonales que dibujan sus rampas de comunicación; el juego de luces y sombras que produce el escalonamiento de los pisos; la simplicidad constructiva; la pureza en las formas; el minimalismo en los recursos constructivos; la potencia del color, de un blanco inmaculado en este caso, y todo ello no exento a pesar de su simplicidad, de una monumentalidad que explica que por sí solo el edificio ocupe la visión entera de la nueva bocana del puerto.

Veles y Vents es además un edifico funcional cuyos amplios ventanales y terrazas abiertas a modo de miradores permiteron la cómoda contemplación de la competiciones durante la Copa América, y hoy constituyen una perfecta balconada sobre el mar.

Por otra parte el edificio se integra perfectamente en el entorno del lugar, sin afectar al perfil tradicional formado por el viejo edificio de la Aduana, con su conocida Torre del Reloj, las Atarazanas y los almacenes anexos. En realidad su silueta blanca de perfil geométrico se confunde con la línea del horizonte y sus terrazas escalonadas con las franjas de mar y cielo, por lo que se acomoda en el espacio como un accidente más del paisaje.

Veles i Vents más allá de ser un edificio de indudable belleza, de una belleza racionalista, pura y limpia, ha servido también como un receptáculo artístico en sí mismo, cuando como si de una escultura se tratara, se ha utilizado para proyectar sobre sus muros y plataformas espectáculos de luz y color.

 

 





 

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