Doris Salcedo: "Shibboleth" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA)   

Shibboleth

Doris Salcedo

Tate Modern, Londres, 2007


La Sala de Turbinas es el espacio más emblemático de la Tate Modern de Londres. Sus enormes proporciones de 155 metros de longitud, 23 de anchura y 35 de altura alojaron en su momento las turbinas de la antigua central eléctrica de Bankside y después se convirtieron en un espacio diáfano tras la reforma del edificio para sede del museo británico por los arquitectos suizos Jacques Herzog y Pierre de Meuron.

Desde la apertura del museo, en mayo del año 2000, la Sala de Turbinas es el espacio reservado para que un artista de reconocido prestigio internacional la utilice para realizar en él su trabajo.

En 2007, la artista seleccionada fue la escultora colombiana Doris Salcedo (Bogotá, 1958). De amplia trayectoria profesional siempre se ha caracterizado por una obra muy comprometida contra la violencia política de su país como fondo y punto de partida de su trabajo.

La actuación que llevó a cabo Doris Salcedo en la Sala de las Turbinas no se basó, como podía esperarse, en la incorporación de piezas escultóricas al espacio sino que consistió en rasgar literalmente el suelo de la sala mediante una enorme brecha que, pese a comenzar en la entrada mediante un trazo fino y superficial, iba bifurcándose, zigzagueando y haciéndose cada vez más ancha y profunda.

El trabajo recibió el título de Shibboleth, término de origen hebreo que, entre otras cosas, hace referencia a cualquier factor que incida en las diferencias de lengua o condición social o racial de las personas.

El efecto que produjo entre los visitantes a la Tate Modern durante el tiempo en que permaneció Shibboleth fue el de obligarles a reflexionar sobre el espacio por el simple hecho de que la división artificial que había sido trazada por Doris Salcedo les obligaba a cuidar el paso (en algunas zonas la grieta llegaba a tener noventa centímetros de profundidad) a la vez que marcaba una diferencia entre uno y otro lado de la Sala de Turbinas. En definitiva, Doris Salcedo había creado una frontera, tan artificial como las de los Estados, diferenciando entre nosotros y aquellos.

En la intención de Doris Salcedo estuvo también la de provocar en el espectador las lógicas inquietudes generadas por la visión directa de los cimientos de una enorme estructura constructiva sobre la que nunca se había cuestionado la fortaleza, pero que ahora sí que se planteaba. Para la autora era un símil de nuestro modo de vida, donde tampoco estamos acostumbrados a plantearnos los cimientos de nuestras sociedades y, sin embargo, muchas veces se asientan en cimientos más débiles de lo que creemos.

Sorprendidos, y hasta cierto punto inquietos por su propia seguridad y la del edificio, los visitantes interactuaron con la grieta, la midieron, saltaron sobre ella, recorrieron cada centímetro comprobando su profundidad y experimentando con la ruptura espacial y los límites que había marcado Shibboleth.

Todo el proceso emocional e intelectual está generado, curiosamente, no por la presencia de ninguna pieza o recurso, sino por la ausencia de materia. No hay en Shibboleth objeto artístico como se ha entendido a lo largo de la historia.

Sin embargo, esto no quiere decir que el trabajo de Doris Salcedo carezca de atributos tan característicos del arte de todos los tiempos como el trazo o la utilización del soporte arquitectónico para su materialización. De hecho, Shibboleth, pese a no ser un objeto, una obra, requirió un enorme esfuerzo de planificación y de ejecución , incluyendo un estudio previo sobre el daño que esta actuación podía suponer para el propio edificio. Se da así la paradoja de que una intervención artística resulta más compleja por la ausencia de materia que por su posible materialidad.

Tras unos meses de presencia, la gran grieta de Shibboleth fue rellenada con cemento y la Sala de las Turbinas de la Tate Gallery retomó su aspecto habitual (aunque todavía puede apreciarse en el pavimento el trazo de la intervención). Shibboleth desapareció y sólo nos queda constancia de su existencia por el recuerdo de los visitantes y las fotografías y vídeos de aquellos días. Su carácter efímero terminó por añadir un elemento de reflexión más sobre la condición conceptual del arte.

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