Dos sarcófagos paleocristianos PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

Dos sarcófagos paleocristianos:

Receptio animae y Trilogía petrina

 

Cripta Paleocristiana. Iglesia de Santa Engracia (Zaragoza)

S. IV

 

La irrupción de la religión cristiana en el contexto cultural y artístico del Bajo Imperio romano supondrá un cambio radical en la concepción del arte del momento, que pasa de ser el heredero directo del legado clásico, a convertirse a través del arte paleocristiano en el primer precedente del arte medieval.

En el terreno concreto de las artes plásticas cambian sustancialmente las soluciones formales y se sustituyen las iconografías habituales del repertorio clásico por las imágenes que aporta la nueva religión. Se trata ahora de un arte idelizado, y cuyo carácter simbólico explica la falta del realismo que había caracterizado a la plástica clásica, la privación del movimiento y la naturalidad de las representaciones y la merma de algunas soluciones formales características, como la gradación de los relieves en schiatto, la proporcionalidad clásica, el realismo gestual, el dinamismo de las composiciones, el detallismo técnico, y esa elegancia clásica tan inconfundible, perpetuada en su estatuaria y en sus relieves a través de la cadencia de las anatomías o el exquisito trabajo en los pliegues de los paños.

La iconografía se apoya en representaciones simbólicas y de carácter metafórico: Jesús como pedagogo; Jesús como filósofo (símbolo de la sabiduría); Jesús como pastor (cuidando su rebaño), etc, todas ellas derivadas de la iconografía pagana, que las utilizaba con frecuencia. Otros temas muy habituales como el de Jonás y la Ballena, Moisés saliendo de las aguas, o Daniel en el pozo de los leones, tienen también su lectura simbólica, ya que aluden al ciclo característico vida-muerte-resurrección.

Dentro de las representaciones escultóricas del arte paleocristiano destacan principalmente los relieves tallados en numerosos sarcófagos, que evocan los temas iconográficos más habituales que hemos mencionado, junto a la representación de propio difunto, a veces acompañado de algún pariente próximo. Su imagen en una concha o láurea constituye el conocido imago clipeata.

En este contexto hay que incluir los relieves de los sarcófagos que hoy hemos elegido en nuestra “Mirada”, los dos sarcófagos paleocristianos hallados en la cripta de la Iglesia de Santa Engracia de Zaragoza, resto de la antigua capilla paleocristiana de las Santas Masas (S. III-IV), dedicada al culto de los restos de la santa y de otros mártires zaragozanos.

Los dos sarcófagos proceden de talleres romanos y llegarían a la ciudad probablemente a través de la vía fluvial del Ebro, navegable en época romana. Su importancia artística e histórica es sobresaliente, convirtiéndose en dos de las muestras más representativas del arte paleocristiano peninsular. Uno es el llamado de Receptio animae y el otro el de la Trilogía petrina.

El primero también llamado de la “Asunción” y fechado hacia el 330, recibe su nombre por la escena principal que aparece en el centro del frontal del sarcófago, en la que se reproduce la representación del alma  recogida por una mano celestial. A los lados de esta imagen central los temas son los característicos del repertorio iconográfico paleocristiano y que tanto abundan en los sarcófagos de la época: a la izquierda la cananea o Jesús curando a la hemorroísa, y la oración entre dos santos; y a la derecha de la receptio animae, la curación del ciego y el milagro del vino en las bodas de Caná. En las esquina aparecen atlantes y en las paredes laterales escenas del Antiguo Testamento.

Su solución plástica es de gran calidad pues aúna la precisión y elegancia de la talla romana que nunca llegó a perderse, con un nuevo concepto del estilo escultórico, de tal forma que a la vez que se disfruta de un tratamiento perfilado y detallista en las figuras y un trabajo ampuloso y elegante en los paños, se advierte también un mayor envaramiento de las figuras que pierden parte de su naturalismo al ajustarse con excesiva rigidez al marco del sarcófago y estructurarse en una composición simétrica igualmente rígida. El resultado en cualquier caso es de una candorosa belleza.

El sarcófago de la Trilogía petrina es algo posterior, pues se fecharía entre el 340 y el 350, y también procede de talleres romanos constantinianos. Este sólo tiene tallado el frontis principal, y como su nombre indica está dedicado a la figura de San Pedro. Es una pieza magnífica hecha en mármol de Paros que servía de frontis al altar de la capilla.

Iconográficamente sigue el esquema habitual en la realización de estos sarcófagos, en cuyos talleres se seguía una reproducción sistemática de unos mismos temas que por ello mismo resultan reiterativos. En este caso, el Milagro de la fuente, el Prendimiento de Pedro y la escena del canto del gallo, son los tres que se relacionan con la vida de San Pedro y constituyen esa trilogía petrina que da nombre al sarcófago. En el centro aparece un orante y a su izquierda los temas consabidos: la curación del ciego, el milagro del vino en las bodas de Caná, el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y finalmente, la resurrección de Lázaro.

Su bella factura lo relaciona para algunos especialistas con el mismo taller que realizara el famoso Sarcófago de los Dos hermanos, y no es para menos pues a pesar de su mayor deterioro respecto al anterior es de una preciosa factura. Inevitablemente como en todos los relieves de estos sarcófagos, las imágenes pierden parte de la proporcionalidad, el dinamismo y la naturalidad clásicas, pero aún así en este caso la técnica detallista y exquisita, un cierto tratamiento del schiatto tan característico del relieve clásico, una mayor movilidad en la disposición de las figuras y por ello un mayor dinamismo en la composición de las escenas convierte este sarcófago en una de las piezas más preciadas del relieve bajo imperial en nuestro país.

Santa_Engracia0

Receptio animae


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Trilogía petrina

 

 

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