| E. Degas: "El barreño" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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El barreño
Edgar Degas
Hill-Stead Museum. Connecticut. 1886.
Edgar Degas (París 1834-1917), admirador de Ingres y con una cierta formación de tradición clásica, formará parte del colectivo impresionista, por más que él nunca se considerara un miembro del grupo. No obstante, compartió tertulias en el Café Guerbois y participó prácticamente en todas las exposiciones, especialmente en las últimas. Además, técnicamente comparte unos mismos criterios pues utiliza mejor que ninguno los efectos de luz y las voluptuosidades del color, con una plena libertad de pincelada. Y así queda probado en su fantástica serie de Bailarinas, numerosos cuadros relacionados con el mundo del ballet, en los que demuestra su maestría en la captación de la instantaneidad a través del efectismo de la luz. Como el resto de pintores impresionistas no es ajeno a la influencia de la estampa japonesa y sobre todo al impacto de la fotografía, a la que él mismo se dedicó como aficionado. Pero incluso en esta etapa impresionista de Degas se notan también ciertas diferencias con la pintura de sus compañeros. Obsérvese que Degas no sale al exterior, a la naturaleza, a encontrarse con la luz o el color, sino que por el contrario lo experimenta en interiores. También son distintas sus composiciones, bastante complejas en ocasiones, ni el tratamiento novedoso de sus perspectivas, ni el trazo, en el que combina un mayor soporte del dibujo en los perfiles con una técnica al pastel que propicia una pincelada que parece más imprecisa y difusa, acercando sus imágenes hacia su propia desmaterialización. Éste será el camino en el que profundizará a partir de 1880, momento en el que como tantos otros pintores del grupo impresionista, comienza una andadura nueva y personal, marcada en este caso por una progresión en cada uno de los aspectos singulares antes mencionados: ahondará así en la aplicación de nuevas técnicas, en el tratamiento cada vez más diluído de la pincelada, en nuevas formas de perspectiva y composición, en la importancia del color, y todo ello tomando como base casi exclusiva de su experimentación el tema de la mujer. Mujeres en general de condición humilde a las que representa en sus trabajos cotidianos y más habitualmente en actitudes de aseo, pero vistas siempre de una manera singular, en las que no falta un cierto contenido erótico. Es sobre todo su aportación técnica, así como la nueva interpretación que hace de las formas y en especial su tratamiento de la mujer, lo que más aporta Degas desde esta etapa postimpresionista, influyendo en el grupo de los Nabis y en especial en Pierre Bonnard. Formalmente también puede considerarse su influencia sobre Expresionismo. Como decimos el tema del desnudo se generaliza en su obra a partir de la década de 1880, pero un desnudo banal, expuesto casi siempre en distintas actitudes de aseo y siempre bajo una mirada sensual en la que no falta una cierta actitud de voyeur. Él mismo lo dice refiriéndose precisamente al cuadro que hemos elegido para este comentario: “El desnudo se ha representado siempre en posturas que suponen un público, pero mis mujeres son honestas, gente sencilla, despreocupadas de cualesquiera otros intereses que los envueltos en su condición física. Esta otra se está lavando los pies. Es como si la estuviera mirando por el ojo de la cerradura” . De hecho sus composiciones suelen ser singulares, porque su punto de vista y el del espectador (otro voyeur al fin y al cabo) suelen ser visiones forzadas, semiescondidas. Así, en algunos cuadros se observan incluso dos visiones diferentes de una misma habitación, la del espectador y la del pintor (Admiración. Bobliothèque d’Art et d’Archéologie. París. 1877). En esta obra da muestras Degas de su mayor implicación en el dibujo, muy marcado en los perfiles más gruesos, y en la riqueza del color, muy luminoso y muy cuidado en la alternancia de complementarios. La composición es compleja, como es habitual en estas obras, colocando a la muchacha en diagonal e inscrita en el círculo del barreño, quedando incompletos en su visión el resto de elementos que complementan la habitación. Es el modelo compositivo de la estampa japonesa que tanto influiye en los artistas impresionistas y postimpresionistas, así como del empleo de la fotografía como soporte de trabajo. El resultado es que se acentúa la importancia del sujeto que contempla la escena, al estar situado muy próximo y en un ángulo exterior al propio cuadro, con lo que se implica al espectador, que parece que fuera él mismo el voyeur. Como es igualmente habitual, la mujer adopta una postura un tanto forzada y siempre en un desnudo semioculto, sin rostro y del que vemos la espalda y poco más, lo que transmite esa imagen de escena cotidiana tan característica de sus desnudos, y al mismo tiempo un cierto grado de pudor femenino que atempera la mera exhibición del desnudo. La técnica también responde a esta nueva fase de continua experimentación. Emplea el pastel, que posteriormente irá enriqueciendo con aguadas, temple o barniz e incluso con la aplicación de polvo seco o vaporizado. Esta aplicación del pastel a sus cuadros le permite un tratamiento muy personal del trazo, rotunda en los perfiles, pero que se disuelve por el resto del cuadro en su propio magma de luz y de color, lo que va distorsionando sus formas, con un evidente sentido expresionista.
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