E. Fischl: "Chico malo" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Chico malo”

Eric Fischl.

Nueva York. 1981.


La pintura norteamericana postmoderna se desarrolla con posterioridad a la Europea, aunque alcanza su momento de afirmación también en la década de los años ochenta. En Estados Unidos, no obstante, la pintura de este momento se desarrolla de una forma mucho más espontanea y aislada, donde además se superponen diversas tendencias y propuestas. No existen por tanto movimientos estructurados como la Transvanguardia o el Neoexpresionismo, y además sus manifestaciones, sobre todo al principio, tienen un carácter popular mucho más marcado.

En este sentido destacan las figuras de dos de los principales representantes de la postmodernidad norteamericana: Keith Haring (1958-1990) y Jean Michel Basquiat (1960-1988), dos pintores diferentes, pero en los que coincidió su carácter renovador fundado en soportes cotidianos o populares como el cómic o los graffiti que decoran el metro de Nueva York. Lo que se ha llamado Arte de frontera. Les une también su juventud, su éxito fulgurante, su alejamiento del sentido elitista y pedante del mundo del arte y sobre todo su prematura muerte que los convierte en auténticos mitos para los pintores norteamericanos de su entorno, lo que potenció extraordinariamente el desarrollo de esta renovación pictórica en aquel país.

A partir de aquí empezarán a surgir toda una serie de autores que cada uno con su particular estilo seguirán esta linea postmoderna en la ciudad de Nueva York. Es el caso de autores tan significativos en el panorama actual como Julian Schnabel, David Salle o Eric Fischl.

Una línea completamente distinta es la que sigue en sus cuadros Eric Fischl. La suya es una pintura de tendencias figurativas en la que prevalece obsesivamente su temática sexual. Una sexualidad vibrante y descarnada, escandalosa incluso en ocasiones. Pero aunque es una pintura figurativa ya sería más discutible tildarla de realista. Nos recuerda a Hopper: aquél a través de la figuración nos trasladaba a un mundo de pensamientos, de sentimientos, de ensoñaciones, y éste de la misma manera nos traslada a un mundo de obsesiones, de sensaciones, de sueños, pero en este caso exclusivamente sexuales. Ambos nos llevan de lo exterior a lo interior, del entorno a lo más profundo de nuestro interior. Y ambos con una técnica que tiene sus puntos en común. Es verdad que la pincelada de Fischl es más descarnada, más directa y abierta. Resulta más expresionista. Pero sí coincide un particular tratamiento de la luz que permite recrear espacios, a veces extraños, a veces enigmáticos, pero siempre enormemente expresivos. Es una pintura morbosa en muchas ocasiones y que parece reflejar lo peor de nosotros mismos, tal vez por ello ha dado lugar a su denominación, la llamada Bad painting (pintura mala), que a partir de su obra llega a crear escuela.

Es inevitable que de esta forma, el espectador que asiste a esta confesión de intimidades se convierta en un voyeur. La pintura de Fisch es voyeurismo puro. Y así, como en silencio, sorprendidos por el descaro, pero identificados plenamente con las mismas fantasías, observamos mujeres que se masturban, parejas que copulan, jóvenes que se ofrecen a muchachos excitados... Como este Chico malo que al tiempo que observa a la mujer que se masturba aprovecha para robarle. Todo para que se nos quede fija la mirada y vague el pensamiento al fondo de nuestro subconsicente.

Con ello Fischl, alcanza dos objetivos a cual más importante: nos ilustra abiertamente la naturaleza del hombre contemporáneo, sexuada y reprimida, retraída, turbada, falsa e hipócrita, y obsesiva; y a la vez nos la presenta como un espejo, para que nos veamos a nosotros mismos en esa realidad. Con todo la perversidad del mundo en que vivimos. Con todo el morbo también, que lo queramos o no, nos atrae.

 

 

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