E. Hopper: "Noctámbulos" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   
"Noctámbulos"

E. Hopper.
The Art Institut of Chicago. 1942


No todos los pintores contemporáneos del comienzo de esta segunda mitad de siglo pueden fácilmente incluirse en ninguno de los movimientos o tendencias que parecen imponerse en el panorama artístico de la época. Algunos se distancian tanto de las fórmulas expresionistas o abstractas, y adquieren un sello tan especial, que irremediablemente deben estudiarse de forma independiente. Y eso, que esta etapa carece más que ninguna otra de grandes escuelas o estilos que encasillen a los autores en determinados grupos, pero aún así hay autores muy personales, que escapan a cualquier corriente.

Sería el caso en primer término de uno de los pintores norteamericanos de mayor personalidad y atractivo Edward Hopper. Él es el pintor que mejor ilustra un periodo como es el inmediatamente anterior a la Guerra, en el que la pintura norteamericana no ha acabado de emerger al arte de vanguardia y mantiene un cierto aislacionismo cultural respecto a Europa. Hubo un intento de enlazar la vanguardia y el arte americano a través de la famosa exposición del Armory Show, que en 1913 recorrió USA con las mejores obras de artistas europeos y americanos, y en la que participó el propio Hopper. Más adelante incluso, llega a surgir una tendencia, el Preciosismo, influida por las vanguardias en sus formas geométricas y atracción por las máquinas, cuyo máximo exponente es Ch. Sheeler, y hasta hubo algunos herederos del Armory Show que desarrollaron una pintura personal, pero fuertemente influida por las vanguardias europeas, como fue el caso de Stuart Davis, autor en el que se advierte la impronta del Cubismo sintético y el collage.

Pero aquella línea de interrelación entre América y la vanguardia no cuajó, el arte americano siguió encerrado en sí mismo y muy ligado al llamado regionalismo y al realismo americano, imágenes muy características de praderas y granjeros, y en general de paisaje rural y urbano. El mismo Hopper, rechaza la influencia de vanguardia y apuesta por un arte propiamente americano, en el que sigue existiendo la visión serena de los rincones de América, pero que no obstante, asume un estilo muy distante al regionalismo y adquiere un intimismo especial que hará de su pintura, un arte distinto y profundamente evocador.

Buena parte de la obra de Hopper se desarrolla a caballo de las décadas de 1930 y 1940, es decir, entre la época de la Gran Depresión y la postguerra. Por ello tal vez, se advierte en muchos de sus cuadros un tono de cierta desolación, cuando no de abatimiento, en los personajes o en los entornos que pinta, que son buena prueba de esa imagen del país que lo ha perdido todo con el crack de 1929 y luego se aboca a una Guerra que también provocará dolor y sufrimiento, en tanto se prolongue hasta su final. Desde luego es Hopper el mejor cronista de aquella América de los años treinta

No obstante casi todos sus cuadros se ven imbuidos de un tono muy personal en el que sobresale el sentimiento íntimo de sus protagonistas, que parecen siempre envueltos en una aire de melancolía. Lo mismo que sus entornos, una mirada a la América de la época, pero como detenida en un momento, revisada a través de una mirada cargada de silencio. Hay soledad y tristeza en muchos de sus cuadros y hay también reflexión y hay pensamiento, y hay un latir de lenta cadencia que parece marcar el pulso de un país que se está abriendo al mundo. Hopper nos lo abre como nadie.

Aunque a veces parezca un mundo cerrado. Es lo que ocurre en “Noctámbulos”, un paisaje urbano en este caso, resuelto como muchas de sus obras con fuertes contrastes de luz y composiciones donde prevalecen las líneas diagonales que envuelven al espectador y contribuyen al desasosiego general que emanan sus escenas. El bar de "Noctámbulos" es una luz en medio de la noche donde los pocos personajes que aparecen salpican al espectador con gotas de cotidianidad, pero también de distancia y soledad. El mismo pintor escribió sobre su cuadro en estos términos: "muestra lo que me imagino en una calle de noche; no es necesariamente algo en especial solitario. He simplificado mucho la escena y agrandado el restaurante. Quizá de un modo inconsciente he pintado la soledad en una gran ciudad".

Se han relacionado sus cuadros con algunos relatos de Hemingway, y desde luego sus escenas parecen siempre un fotograma aislado de alguna película de serie negra con la que también identificamos la Norteamérica de los años cuarenta. Pero Hooper es algo más. En este cuadro lo mismo que en otros paisajes urbanos, o en sus escenas de interiores o en sus visiones de la América rural, siempre nos plantea un punto de reflexión, pero también un lienzo de pintura pura. La nitidez de sus trazos, la pureza de sus imágenes, la luminosidad de sus cuadros, sus contrastes de luz, su claridad compositiva, su realismo sencillo y estricto, hacen de él además un gran pintor. Al fin y al cabo, como él mismo escribió, “sólo quería pintar la luz del sol sobre una pared”.



 

 

Comentarios  

 
#1 Luis O. Morales 22-01-2011 17:06
Esta pintura es una maravilla, desborda nitidez, elocuencia. Para algunos, denota soledad y desolación, para mí, es una muestra perfecta de tranquilidad e intimidad. Esta es mi pintura favorita. Un verdadero deleite a la vista.
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