| E. Munch: "El grito" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”El grito”.
E. Munch. Museo Nacional de Oslo. 1893.
Contemporáneo al desarrollo del fauvismo, nace un nuevo movimiento artístico, localizado preferentemente en Centroeuropa, que llamamos Expresionismo. Sus planteamientos son radicalmente distintos a los de movimientos artísticos anteriores, porque los expresionistas dan prioridad a la plasmación en imágenes de los estados de ánimo y por tanto de la vida interior del artista. Normalmente en un tono patético que tiende a denunciar las carencias de la sociedad y la angustia ante la vida.
El recurso expresivo para que esa denuncia sea realmente impactante en el espectador será la distorsión de la realidad representada, deformándola hasta extremos a veces grotescos. Tanto es así que no importa introducir en el cuadro lo feo como elemento plástico, con tal de acentuar su fuerza expresiva.
Los orígenes de esta tendencia se encuentran frecuentemente en
Como vanguardia artística del S. XX, el Expresionismo hay que encuadrarlo cronológicamente entre 1905 y 1933. En 1905 nace el primer grupo propiamente Expresionista, llamado "Die Brücke" ("El Puente") formado por cuatro estudiantes de arquitectura de Dresde entre los que destaca Ernst-Ludwig Kirchner, que aprovechan la fuerza expresiva del color tal y como lo había utilizado los fauves, es decir de forma autónoma y desvinculado de la representación real de las cosas, si bien ahora esa agresividad no es meramente visual sino sobre todo interior o intelectual. Más adelante nace un segundo grupo expresionista "Der Blaue Reiter" (El Jinete azul), nombre procedente de un almanaque que habían realizado los dos miembros más sobresalientes de grupo, Wassili Kandinsky y Franz Marc, y de su mutuo interés por los caballos y el color azul. A ellos se sumarían también Paul Klee y August Macke.
El movimiento Expresionista, de por sí profundamente crítico con la sociedad tal y como estaba establecida, tendrá un motivo definitivo de inspiración en los precedentes y sobre todo las consecuencias que tuvo
Con la llegada de los nazis al poder en 1933 puede decirse que el Expresionismo desaparece como tal vanguardia en Alemania al ser sus artistas perseguidos por decadentes y antipatriotas, si bien no podemos tampoco vincular este movimiento exclusivamente a Alemania. También hubo muestras expresionistas en otras partes de Europa, sin olvidar que el verdadero precedente del movimiento, como ya hemos indicado, se halla en los cuadros del pintor noruego Edvard Munch.
Nadie como él para personificar la angustia existencial como fuente de inspiración de una pintura abatida y desgarrada. En su vida la muerte de sus más íntimos parece una constante: su madre y una de sus hermanas mueren siendo él muy joven, a otra hermana le es diagnosticada una enfermedad mental incurable, en realidad de sus cinco hermanos sólo uno llegó a edad de casarse y moriría a los pocos meses después de la boda. Él mismo sufrió todo tipo de enfermedades de niño y de joven. La suya es una vida rodeada por la desgracia y por ello no es de extrañar que él mismo dijera "La enfermedad, la locura y la muerte fueron los ángeles que rodearon mi cuna y me siguieron durante toda mi vida", y que su propia pintura, como le había ocurrido a Van Gogh, sea el único medio de aliviar las penurias que le impone la existencia. Aún con todo, Munch sobrevivió a tantos infortunios y se fue labrando progresivamente una carrera como pintor, cuya fama llegó más allá de las fronteras de su país, especialmente hasta Alemania, a la que considerará su segunda patria, al menos hasta que los nazis le expulsen de Berlín por considerar su pintura decadente. Y quién lo diría conociendo su historial familiar, pero llegó a vivir noventa cumpleaños, tiempo que le permitió pintar más de mil cuadros y realizar más de quince mil grabados.
Entre todas esas obras destaca sin duda El grito, titulado originalmente como “Desespeación”, la obra que mejor representa el dolor y el caos que provoca la angustia de existir. El grito es la imagen de la exasperación, un alarido ante la dolencia de vivir y la soledad. Una exclamación de desconsuelo. Para conseguir este efecto fuertemente impactante en el espectador, las líneas cobran vida a base de trazos enormes que emanan desde la cabeza del protagonista y se extienden alrededor como un eco, como se expanden las ondas del agua, como un estertor en fin, de su propio grito interior. Así el paisaje, no es tal. Cielo, agua y tierra se derriten en un conglomerado de trazos y colores estridentes que no son más que el reflejo del mundo interior que surge de este hombre reducido a calavera. También la agitación del propio trazo convulso y de la mezcla de colores ayudan a transmitir el estado de ánimo del individuo.
Munch así, nos muestra la tragedia de la vida en un arte figurativo que no imita para nada la naturaleza, sino que la deforma y la transforma en una visión interior y subjetiva, pero clara y nítida en su expresividad, porque todo es dolor y decadencia. Decía Munch, que así como Leonardo se había dedicado a diseccionar cuerpos buscando el realismo, él se dedicaba a diseccionar almas. En este cuadro parece haberla abierto en canal.
De El grito, Munch hizo varias versiones, pero la más conocida, colgada de las paredes del Museo Nacional de Oslo, fue robada en agosto de 2004, lo que provocó un gran escándalo internacional. Afortunadamente la obra se recuperaría justo dos años después, aunque dejó en entredicho la seguridad del Museo.
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