| Elisabeth Vigée-Lebrun: "Autorretrato con sombrero de paja" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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"Autorretrato con sombrero de paja."
National Gallery. Londres. 1783. El arte Rococó toma su nombre, de un calificativo un tanto despectivo y además tomado como una derivación del propio Barroco. Rococó viene de rocaille, o rocalla, elemento principal de la decoración barroca cuando ésta adquiere su mayor exageración ornamental.
Aún así no es exactamente lo mismo Barroco que Rococó. Es verdad que sobre todo en arquitectura, el Rococó supone una derivación decorativista del propio Barroco, llegando a definir sus formas más fantasiosas, exageradas y abrumadoras. Pero también es igualmente cierto que éste es un arte mucho más alegre y ufano, característico de una sociedad, la dieciochesca, más frívola y divertida que la del siglo anterior. Tanto es así que importa más ahora el sentido de la belleza y el tono desenfadado en el arte, que la propaganda del poder y la grandeza. En última instancia el Rococó es un arte surgido en los círculos aristocráticos franceses, que viven el S. XVIII entre el absolutismo de Luis XIV y El Rococó especialmente en el campo de la pintura se convierte en un arte amable y sensual que aparca los temas trascendentes que habían caracterizado el arte del S. XVII. Siendo Francia el epicentro de la actividad cultural y política del momento, no ha de extrañar que sean numerosos los artistas franceses que lideran la pintura rococó, como Antoine Watteau, François Bucher, Jean Honoré Fragonard. o Madame Vigée-Lebrun, una excelente artista a la que hoy le dedicamos nuestra “Mirada” número cincuenta en un modesto detalle de reivindicación de la mujer artista, que tantas veces ha quedado relegada por el mero hecho de ser mujer. En efecto, Elisabeth Vigée-Lebrun fue una artista de unas cualidades pictóricas excepcionales, de técnica virtuosa y dominio excelente del retrato en el que destacó por encima de cualquiera de sus contemporáneos. Fueron casi 900 los cuadros que llegó a pintar y además retratando lo más granado de la aristocracia europea, desde la reina Maria Antonieta de Francia con la que trabó una estrecha amistad, hasta nobles y princesas de las cortes de Austria, Rusia, Inglaterra o Viena. Por tanto fue una mujer que excepcionalmente alcanzó un enorme éxito profesional, lo que demuestra que también en este aspecto, el S. XVIII dio una oportunidad a la mujer que apenas se ha repetido en ningún otro momento de la historia. Aún así, Elisabeth Vigée-Lebrun ha superado con dificultad el recuerdo historiográfico y es difícil encontrarla en los libros de Historia del arte entre los mejores artistas franceses del arte rococó. Es indudable que su condición de mujer habrá influido en ello, pero también es cierto que su pintura se halla excesivamente limitada a un único género, el retrato, y que su estilo, a pesar de su indudable calidad, persevera en el tono rococó cuando el momento álgido del movimiento había ya pasado hacía un tiempo, y cuando los pintores coetáneos a ella, habían iniciado ya nuevos caminos de expresión pictórica. De todas formas desde estas “Miradas” queríamos reivindicar la importancia de esta artista y destacar la espléndida belleza de su obra que se deja ver con una mirada placentera que se recrea en su detallismo, en su luminosidad, en su nitidez, en la alegrías de su colorido y en ese sentido de la hermosura que en muchos de sus retratos adquiere la categoría de perfección. Es no obstante en sus autorretratos donde su pintura adquiere más espontaneidad y frescura, tal vez porque sus retratos de encargo contaban siempre con un halago añadido con el que trataba de ganarse al cliente, y que en ocasiones traiciona su naturalismo. Pero no es este el caso que hemos elegido. El “Autorretrato con sombrero de paja” es una pintura donde todos los rasgos del estilo de Elisabeth están a la vista, desde su rotundidad en el trazo, hasta la pastosidad espléndida del color, sin olvidarnos de esa luminosidad que nos acerca su figura y la envuelve de alegría y encanto. Es un cuadro precioso, y su belleza se entrelaza en un doble sentido, porque la propia belleza de Vigée-Lebrun, de la que dan cuenta las descripciones de sus contemporáneos que hablan de ella como una mujer hermosa, alta, rubia de ojos azules y encantador carácter, se enfatiza aquí en la propia belleza del cuadro, que se convierte de este modo en concepto y reflejo, en idea e imagen, del sentido mismo de la belleza. El cuadro al parecer toma como referencia el retrato que hace Rubens de Susanna Fourment (hermana de su segunda mujer, Helena) y cuyo título coincide (“El sombrero de paja”. National Gallery. Londres. 1625), a la que se añade ahora la paleta y los pinceles, en alusión simbólica a su oficio de pintora, reivindicándose como tal en un esfuerzo de presentarse además como una mujer capaz de vivir del mismo oficio que los hombres. ![]()
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