| Empire State Building |
|
|
|
| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
|
”Empire State Building”.
Lamb & Shreve & Hermon. Nueva York. 1931.
En Estados Unidos la expansión de las construcciones en altura a partir del éxito de la Escuela de Chicago se convirtió en una constante, que fue cambiando los paisajes urbanos de algunas de sus ciudades. En especial de Chicago y Nueva York, que rivalizaban continuamente por alcanzar nuevas marcas de altura. Las obras además se resolvían con inusitada rapidez, en parte gracias a la rápida ejecución de las estructuras de acero en las que se apoyaban y en parte también gracias a la labor de equipos de trabajo altamente especializados.
Se levantan así edificios emblemáticos sobre todo en la ciudad de Nueva York, como el de Daniel Burnham en 1902, de 76 m. de altura entre la Quinta Avenida y Broadway, así llamado por su curiosa forma que parece la de una plancha; el Flatiron BuildingSinger Building de 1906-1908; el Wolworth building de Cass Gilbert en 1910; el Chrysler Building construido por William van Allen, de 319 m. que fue en su momento la mayor altura del mundo, hasta que un año después le arrebatara la marca el Empire State Building diseñado por el equipo de arquitectos Shreve & Lamb & Harmon, con sus 381 m. Pero este desenfreno constructivo, que era en parte un reflejo de aquella América joven y rica, se frenó bruscamente con la llegada de la Gran depresión. Durante algunos años apenas se construyeron nuevos edificios y los ya hechos sufrieron crisis financieras muy graves por su falta de alquiler. Si ir más lejos al Empie State Building se le llegó a llamar el “Empty State Building” porque no había manera de encontrar arrendatarios. El New Deal impulsó más adelante de nuevo la construcción, sobre todo a través de la inversión pública, lo que se notó en grandes obras de infraestructura (el famoso Tennesse Valley) y también en edificios públicos, que se alejaban de los criterios constructivos anteriores, acercándose más a fórmulas que como en Europa conjugaban la simplicidad racional con la solemnidad clasicista. Pero en cualquier caso la imagen de Estados Unidos durante los años de entreguerras fue la del rascacielos, la de un paisaje erizado de torres, que venían a representar el orgullo de una nación y que a la larga se convertirían también en su seña de identidad. El Empire State Building es un edificio cuyos datos estadísticos son siempre sobrecogedores: se levantó sólo en apenas 15 meses (los cimientos comenzaron a excavarse en enero de 1930 y el edificio se inauguró el 1 de mayo de 1931), utilizó una mano de obra especializada en equipos de trabajo que alcanzó los 3500 hombres, por él circulan 73 ascensores, sus elementos estructurales son de acero y se iban colocando según llegaban recién hechos de Pittsburg para evitar así su almacenamiento, y sus cimientos emplean ya el sistema bouyant o flotante. Realmente espectacular, y hermoso también, a pesar de que su construcción se hizo a expensas de otro edificio que tal vez debía de haberse respetado, el hotel Waldorf Astoria construido por Henry Hardenbergh en 1893. El Empire responde a los criterios que definen el rascacielos norteamericano y que como hemos dicho tiene su origen en las construcciones de la Escuela de Chicago. A su criterio básico, típicamente americano además, de funcionalidad, racionalidad y simplicidad, añaden un nuevo concepto, el de la altura: dice Luis Sullivan, su arquitecto más representativo, “El edificio ha de ser alto. Ha de poseer la fuerza y el poder de la altura, la gloria y el orgullo de la exaltación". Pero ello no hubiera sido posible sin un invento esencial, el ascensor, y así añade Sullivan: "El ascensor dobló la altura de los edificios y la estructura de acero volvió a doblarla". Construir además en altura significaba un aprovechamiento eminentemente práctico del espacio "Construir rascacielos supone multiplicar las áreas privilegiadas tantas veces como sea posible vender y volver a vender la superficie del terreno primitivo". Antes por tanto de que triunfe el Racionalismo arquitectónico, la Escuela de Chicago ya había hecho suyo el principio de que la forma sigue a la función. No obstante, y ésta es su diferencia con el Racionalismo puro que vendrás después, todavía existe un residuo decorativista en estos rascacielos americanos que pretenden con ello dulcificar sus moles de acero y hormigón. En el caso del Empire es una constante bastante generalizada la utilización de detalles de art decó, sobre todo en el interior y especialmente en la fachada de acceso y en el amplio hall de la entrada. El exterior por el contrario es una estudiada armonía de formas cúbicas escalonadas, que se van estilizando en altura hasta culminar en un remate afilado que parece acariciar las nubes. Fue el rascacielos más alto del mundo desde su terminación hasta 1974, año en que la Torre Sears de Chicago le arrebató ese privilegio, y dejó de ser también el edificio más alto de Nueva York al inaugurarse las Torres Gemelas sólo un año después, en 1975. Desgraciadamente, con la caída de las Torres tras el atentado de septiembre de 2001, el Empire volvería a ser el edificio más alto de la ciudad de Nueva York. Por todo lo dicho, el Empire es, en fin, mucho más que un rascacielos o un simple edificio, es un símbolo de Nueva York y del orgullo americano, y como tal es un icono reiterativo en películas (tan emblemáticas como King Kong), fotografías, y todo tipo de soportes artísticos. ![]() Otros artículos de esta sección...
|