| F. Bacon: "Tríptico-Agosto 1972" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Tríptico-Agosto F. Bacon. Tate Britain. Londres. 1972 Al igual que había ocurrido al término de Su expresión además va a ser desgarradora, como un grito descarnado con el que desahogar tanto dolor y destrucción. Es el caso de los rehenes de Fautrier, desfiguraciones sobre el barro; de las imágenes aplastadas o abiertas en canal de Dubuffet, el “carnicero”; de los monstruos de Saura; de los harapos de Millares; de las figuras de Bacon, diluidas en su propia amargura; o de esas esculturas de Giacometti, finas como un filamento, que parecen representar el punto mínimo al que podía llegar la existencia del hombre en aquellos años, apenas a un suspiro. Esa es su expresión, pero cambia radicalmente también su técnica y su forma de trabajar. No vale nada de lo anterior, la pintura al óleo no resulta suficientemente expresiva en muchos casos, y recurren a materiales extraños, hasta entonces inapropiados, como los yesos, las colas, los sacos, etc. Se apuesta por las superficies matéricas, que se rayan o se criban nerviosamente con los mangos de los pinceles, sustitutos ahora de las cerdas del pincel. Es esta actitud general de rechazo y rebeldía, de ruptura y novedad, de informalismo en última instancia, lo que caracterizaría a toda esta generación de artistas del viejo mundo, pero nada más, porque todo es “informal” ahora y no caben tampoco normas de ningún tipo, ni programas o manifiestos que los conviertan en un movimiento concreto. Su libertad ha de ser plena y no vale por ello la unidad formal. De ahí las variantes múltiples que se pueden adivinar dentro de este término genérico, y que no son sino la consecuencia sistematizadora de los estudios posteriores: Informalismo matérico, Art brut, Tachismo, Nueva figuración o simplemente Art Autre (Otro Arte). Por ello tal vez, la mejor manera de estudiar este periodo es simplemente analizar independientemente cada autor y su obra. Entre los artistas nombrados hemos citado a F. Bacon, un pintor que para muchos especialistas es un artista vinculado al entorno del Informalismo por el desgarrado retrato del mundo que le tocó vivir, pero para otros tantos es un artista de una personalidad tan fuerte que traspasa los límites de cualquier etiqueta. Francis Bacon (Dublín 1909- Madrid 1992) es uno de los grandes artistas del S. XX y uno de los que mejor ilustra el sentimiento desconsolado de la pintura posterior a Al acabar la guerra destruye la mayoría de sus obras anteriores y comienza una nueva andadura con su obra Tres estudios de figuras para la base de una crucifixión (Tate Britain. Londres. 1942) que marca definitivamente el carácter de su estilo. A partir de aquí su fama irá en ascenso hasta convertirse en una referencia imprescindible del arte del S. XX. Es habitual en su obra la utilización del tríptico por ser un medio tradicional de la pintura de occidente para expresar el sufrimiento. Porque así son sus imágenes, descarnadas, deshechas, casi derretidas por el sufrimiento y la soledad de un mundo inhóspito como es el que nos rodea. Es además un elemento también de concepción visual de la pintura, al multiplicar los puntos de vista de los cuadros tradicionales. En este caso, el tríptico vuelve a convertirse en una expresión de dolor, al servir de soporte a las imágenes de G. Dyer, modelo y amigo de Bacon que es encontrado muerto en el hotel de París en el que compartía habitación con el pintor. El suceso afectará enormemente a Bacon que se sentirá desolado y roto. Así parecen sus figuras en el cuadro: solas, aisladas, rodeadas por un inmenso desamparo, en el que prevalecen los tonos oscuros (iniciando una serie de pinturas conocidas precisamente con el término de “pinturas negras”), y en el que ellas mismas parecen diluirse en un trazo de formas que se derriten lo mismo que nosotros nos rendimos a la pena y la indefensión. Es evidente a la vista de su propuesta pictórica que sus influencias cercanas están en la pintura expresionista de principios de siglo, pero pensamos que su deuda es aún mayor con la obra de Goya. Como Goya, Bacon es uno de los referentes de la pintura moderna, y como Goya, Bacon muestra toda la fuerza de su espíritu creativo en el trazo rotundo y la intensidad de sus pinceladas, y como Goya centra en la expresividad la hondura de su pintura. Pero igualmente como Goya, la suya no es una pintura abatida que se pliegue a su propio desconsuelo. En Bacon el color tiene una enorme fuerza (como en Goya), y como en Goya su visión amarga de la realidad deja muchas veces una rendija abierta a la ironía y la sonrisa. Su color, su luz, su técnica, proponen obras espléndidas, de pintura pura, que reducen a mera anécdota cualquier comentario a su temática. Técnicamente sorprende además su nueva visión del espacio pictórico y su visión de la imagen en el lienzo, que multiplica sus puntos de vista en una concepción heredera del cubismo, pero ahora mucho más expresiva y singular. La pintura de Bacon resulta por todo ello una muestra más de este informalismo dolido que afecta a ![]() |