F. García Mercadal: "Rincón de Goya" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

"Rincón de Goya"

 

Fernando García Mercadal

Zaragoza. 1928.

 

Fernando García Mercadal (Zaragoza 1896- Madrid 1985) es uno de los arquitectos más sobresalientes del panorama europeo de vanguardia y probablemente uno de los menos reconocidos como tal en su país de origen. Fue el arquitecto que introdujo el Racionalismo en España y el que asimiló con mayor talento las enseñanzas del Movimiento Moderno que se estaba gestando en la Europa de los años veinte y treinta. Logró una beca en la Academia española de Roma, pero donde verdaderamente aprendió García Mercadal el caudal de las nuevas propuestas arquitectónicas del Racionalismo fue en sus viajes por Berlín, París y Viena, donde conoció a Walter Gropius, Mies van der Rohe, Le Corbusier, Peter Behrens o Adolf Loos. De aquellas relaciones y enseñanzas surgió un arquitecto lo suficientemente reconocido, al menos en Europa, como para formar parte del I Congreso Internacional de Arquitectura Moderna (CIAM) celebrado en  La Sarraz (Suiza), junto a todos los grandes nombres del momento de la arquitectura internacional; para ser nombrado allí mismo el delegado en España del CIAM, y como tal, para impulsar en nuestro país la formación del grupo del GATEPAC (Grupo de Arquitectos y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea), llamado a constituir la vanguardia arquitectónica española y que cobró forma precisamente en su ciudad natal y en el año 1930.

Pero por encima de todo García Mercadal fue un arquitecto innovador que personificó la modernización de la arquitectura española. Y ello gracias principalmente a una obra de una enorme importancia, pues constituye el primer edificio de arquitectura Racionalista que se construye en España y su obra maestra, por la que le vino su reconocimiento internacional: el “Rincón de Goya”, situado en el Parque de Buenavista de la ciudad de Zaragoza. Por eso resulta más sorprendente si cabe, el olvido en el que ha ido cayendo el edificio con el paso del tiempo, postergado por el abandono y la desidia, en un caso más de indiferencia hacia un ejemplo de nuestro patrimonio artístico, que en cualquier otro lugar de Europa sería referencia de visita obligada y motivo de estudio en cualquier manual de Historia del arte.

El “Rincón de Goya” es un edificio que se diseña con motivo del Centenario de la muerte del pintor aragonés que se conmemoraba en 1928. Ya la idea de celebrar el aniversario con un edificio funcional y no con un monumento conmemorativo, que hubiera sido lo habitual, demostró valentía e innovación por parte de la Junta organizadora, si bien es igualmente cierto que fue el propio Mercadal quien impuso esta idea como una cuestión personal y que a los organizadores no les quedó más remedio que plegarse a sus pretensiones. Influenciado sin duda de las novedades arquitectónicas que había conocido en Centroeuropa, García Mercadal apuesta por una construcción funcional, formada por una Biblioteca, y una sala de Exposiciones y Museo dedicado a Goya, que de esta forma asumía un carácter vivo y útil, precursor de las actuales “Centros Culturales", tan numerosos hoy en todas nuestras ciudades. A ese carácter útil y funcional, definidor de la arquitectura Racionalista, añade además una estética afín con este movimiento arquitectónico, caracterizada por su geometría, simplicidad, y sencillez ornamental.

El lugar elegido para su construcción sería un espacio del nuevo Parque de Buenavista, que todavía hoy sigue siendo uno de los rincones más hermosos de la ciudad. En una zona de especial recogimiento además, por ser un anfiteatro natural formado por el río Huerva, el mismo que pasa junto a la localidad de Fuendetodos, lugar de nacimiento de Goya, que de esta forma se convertía en un hilo conductor que entrelazaba la vida y el recuerdo del pintor.

La construcción cuenta con varios cuerpos asimétricos de formas y volúmenes distintos, dedicados cada uno a una función determinada, en un claro ejemplo de funcionalidad constructiva de indudable evocación Bauhaus. Y todos ellos resueltos bajo formas geométricas puras, de volúmenes netos y líneas arquitrabadas, y pintado cada cuerpo con tintas planas de un color diferente en cada caso. Además, siguiendo los criterios conocidos del Funcionalismo de Le Corbusier, las techumbres son planas y las ventanas corridas.

El bloque principal lo forma una construcción cuadrada de más de diez metros de altura, que sobresale notablemente del resto de la edificación, y que había de servir como centro de recepción y distribuidor de los demás espacios arquitectónicos. También como el emblema visual que sirviera de referencia de todo el edificio. En su fachada principal contaba con una puerta de acceso metálica y de dibujo cuadrangular, y en su fachada posterior, un amplio ventanal plano y cuadrado de típico diseño racionalista y que constribuiría a la generosa iluminación natural del espacio interior.

A la derecha de este espacio principal se prolongaba en horizontal un segundo cuerpo, de forma rectangular y rematado en un ábside semicircular, que sería el lugar dedicado a biblioteca. También la parte posterior contaba con una serie de ventanales planos corridos, muy severos en su geometría y de generosa luz.

A la izquierda se disponía el tercer cuerpo, de forma rectangular y de menor tamaño y altura, y dedicado a sala de exposiciones y Museo. Conectaba con una pérgola exterior, que completaba la importancia que el jardín había de tener en toda la construcción.

En toda la fachada principal y a lo largo de los tres cuerpos se disponía un amplio pórtico adosado a la pared, cuya utilidad como refugio de las inclemencias es evidente, pero que además contribuía a reforzar la geometría estructural de todo el diseño.

Todo el conjunto se veía rodeado de un jardín, también muy estudiado e igualmente geométrico, y al que el arquitecto le otorga un protagonismo especial, en parte para mimetizarlo con el propio entorno del parque y de la fronda del río Huerva, pero también como otro ejemplo de modernidad arquitectónica al considerar los espacios verdes una de las nuevas aportaciones de la arquitectura funcional. Estaba dispuesto bajo ejes igualmente geométricos y formas cuadradas y rectangulares, que desembocaban frente a la fachada del edificio en dos antesalas principales: un estanque rectangular con dibujos de piedra y ladrillo a su alrededor de gran importancia artística al parecer, y a su lado, enfrente mismo del edificio, una plaza cuadrada donde se situaría el mausoleo cilíndrico de Goya que se trajo entonces de Burdeos y hoy se encuentra en la Plaza del Pilar.

La idea del jardín se prolongaba también en la parte posterior del edificio, extendiéndose una pradera, la “Pradera del Manteo”, que trataba de recordar los paisajes que aparecen reiteradamente en los cartones para tapices de Goya.

Por todo lo dicho el “Rincón de Goya” de Zaragoza constituye un ejemplo original y magnífico de lo que representaba en ese momento la arquitectura de vanguardia. Un paradigma de Racionalismo puro: por su funcionalidad constructiva; por su utilidad práctica; por su estética geométrica y de gran sobriedad; por su desnudez ornamental; por sus recursos característicos como las techumbres planas, los ventanales corridos, las esquinas curvas, las formas cúbicas y la utilización de color en los muros; también por su perfecta adecuación al medio natural, y por la importancia dada al jardín como obra de arte.

Su originalidad y su innovación en aquel momento fueron máximas, y por ello García Mercadal recibió el reconocimiento internacional por esta obra única, pero no corrió la misma suerte ni en su país, ni en su ciudad. El “Rincón de Goya” fue criticado por su “sequedad”, su “monotonía”, su “simpleza, que desentona tanto con el jardín florido”, llegándose a decir con sorna malintencionada que “No hay motivo de disgusto, el monumento es realmente interesante. Ocurre sólo que se halla sin desembalar”.

Por eso y por los acontecimientos que habían de llegar en la década siguiente, el Rincón de Goya fue cayendo en el olvido, sin que nadie aquí supiera reconocer en su momento su aportación a la nueva arquitectura europea. En 1939 se cedió al Frente de Juventudes y unos años más tarde, en 1945, se transformó por la Sección Femenina en colegio de Primera Enseñanza. Después de no pocas actuaciones que trataron de devolverlo a su forma original, hoy alberga al colegio de Educación Especial "Rincón de Goya", habiendo sido catalogado desde enero de 2003 como Bien de Interés Cultural. Aún con todo y pese a los esfuerzos realizados, el edificio sigue en un estadio marginal, envuelto entre vallados, verjas y coches, y en un olvido generalizado de su importancia, que explica el desinterés institucional por reivindicarlo como se merece.

El caso es que Zaragoza cuenta con un edificio que podría aprovecharse definitivamente como el espacio para el que fue concebido, como museo y centro cultural. ¿Por qué no un museo dedicado a Goya? La ciudad ha impulsado hace unos años un ambicioso proyecto que ha de servir de referencia museística internacional del pintor aragonés, el llamado “Espacio Goya”. Y sorprende que después de tantos ensayos por encontrar el lugar idóneo en el que instalar el nuevo museo, no se haya reconsiderado que el edificio para ubicarlo ya estaba hecho y era el más idóneo: el “Rincón de Goya”. Sólo hacían falta algunas ampliaciones que, seguro, hubieran enriquecido con las nuevas aportaciones de la arquitectura actual un edificio que ya se pensó precisamente para darle a Goya el homenaje que merecía. El de una obra de arte a la altura de la suya.

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