F. O. Gehry: Museo Guggenheim PDF Imprimir Correo
(0 votos, media 0 de 5)
Escrito por Jesús Martínez Verón (CREHA)   

Museo Guggenheim

Frank O. Gehry

Bilbao, 1992-1997

Desde los primeros contactos entre la Fundación Solomon R. Guggenheim y el gobierno vasco para la construcción de una nueva sede del Museo Guggenheim en Bilbao estuvo presente la idea de un edificio emblemático, símbolo de la apertura hacia el siglo XXI y que representara un salto cualitativo en la trama urbana y en la imagen de la capital vizcaína.

Incluso antes de su inauguración, el 18 de octubre de 1997, el Museo Guggenheim se convirtió en un referente constructivo en todo el mundo, un icono de la nueva manera de proyectar y construir que ha congregado a una enorme cantidad de personas más atraídas por el edificio contenedor del museo que por sus propios fondos expositivos.

Sin embargo, la verdadera trascendencia del Museo Guggenheim de Bilbao se ha demostrado con el paso del tiempo. Ya entrado el siglo XXI se ha podido constatar que todos los objetivos previstos en su construcción se han cumplido y que, además, supuso un punto de inflexión con hondas consecuencias en toda una manera de entender la arquitectura.

El arquitecto canadiense Frank O. Gehry fue el encargado de dirigir el equipo que había de proyectar el museo. Para ello, apostó por una tendencia arquitectónica que guiaba sus proyectos inmediatamente anteriores y que comenzaba a dar sus primeros pasos: la Deconstrucción.

Derivada de las corrientes Tardomodernas de los años 80 del siglo XX (en especial del denominado High-Tech), la Deconstrucción mantiene su apuesta tecnológica pero aporta un cambio radical en el planteamiento arquitectónico al manifestarse, a la vez, anticlásico y antifucionalista. Formalmente, la Deconstrucción se materializa en edificios que parecen consecuencia de un enfrentamiento violento de bloques, con formas retorcidas que parecen a punto de autodestruirse.

Frente al aparente capricho que rige los diseños de la Deconstrucción, estos son, necesariamente, resultado de cálculos basados en el nuevo software informático que aparece a finales del siglo XX. En concreto, para el diseño del Museo Guggenheim de Bilbao se utilizó un programa informático utilizado previamente para la navegación espacial que posibilitó los esbozos previos y las maquetas ideados por Frank O. Gehry.

El resultado es un gran edificio de 24.000 metros cuadrados que se levanta junto a la ría del Nervión, integrado hasta tal manera en el entorno que su sala principal se desliza por debajo del puente de La Salve.

El elemento central del Museo Guggenheim es el gran vestíbulo acristalado: un enorme espacio diáfano de 50 metros de altura desde el que se accede al conjunto de las salas expositivas y a la amplia terraza hacia el frente fluvial. El hall actúa como plaza, punto de encuentro y espacio de distribución, al ser recorrido en altura por ascensores acristalados y en horizontal por pasarelas que proporcionan un sinfín de puntos de vista al visitante.

Aunque el recinto expositivo se desarrolla a lo largo de tres pisos, cabe destacar de todo el conjunto la Gran Sala destinada a la instalación de las piezas de mayor tamaño de los fondos del museo.

Exteriormente el Museo Guggenheim de Bilbao sorprende por su potencia visual. Erguido en lo que fue un paisaje industrial muy degradado, el visitante se siente incitado a contemplarlo desde diferentes puntos de vista y en continuo movimiento. Como corresponde a su estética deconstructivista, no existen referentes espaciales tradicionales. No hay un frontal y unos laterales. Además, su fuerte componente semántico invita a buscarle semejanzas: un animal, una fábrica, una flor... La propia entrada, mediante una larga escalinata descendente, recuerda un espacio natural a modo de desfiladero.

La elección de los materiales de construcción fue uno de los factores más problemáticos a la hora de construir el Museo Guggenheim. Tres son los protagonistas: el vidrio, la piedra caliza y, sobre todo, las placas metálicas resultado de una aleación de cinc y titanio que determinan la apariencia pulida y brillante del conjunto a la vez que potencian la sinuosidad, casi orgánica, de sus formas. Estas últimas sorprenden por su extremada delgadez y por un tratamiento ligeramente almohadillado que ayuda a dar corporeidad al aspecto exterior del edificio. Cada una de las placas de titanio fue diseñada y elaborada una a una gracias al soporte informático utilizado por el estudio de Frank O. Ghery. Además poseen un valor constructivo innovador al convertirse en un mero cierre sin ningún valor sustentante.

La construcción de un edificio tan radical como el Guggenheim de Bilbao provocó en su momento importantes controversias entre quienes lo tachaban de excentricidad constructiva de dudoso gusto y coste exagerado, y los que lo vieron como un potente factor de atracción turística, regenerador de trama urbana e icono arquitectónico del siglo XXI. Como en tantos otros casos (basta recordar el de la Torre Eiffel de París) la balanza se inclina cada vez más en favor de estos segundos.

guggenheim
guggenheim3
guggenheim4
 

Escribir un comentario


Código de seguridad
Refescar