| F. Zurbarán: Defensa de Cádiz |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Defensa de Cádiz
Francisco Zurbarán
Museo del Prado. Madrid. 1634.
Zurbarán nació en Fuentedecantos (Badajoz) en 1598, por lo que fue contemporáneo de Velázquez, con el que además trabó amistad. Sus inicios fueron precoces, primero en su Extremadura natal y más adelante en Sevilla, por lo que se le considera uno más de la espléndida saga de pintores barrocos de Su pintura es contradictoria, porque su estilo resulta en ocasiones un tanto envarado, y si bien en ocasiones hace gala de un tenebrismo propiamente barroco (San Francisco en meditación. Alte Pinakotheke. Munich) o de un expresionismo convincente, en otras por el contrario, parece anclado todavía en la tradición manierista. En realidad, sus obras son de un misticismo elocuente, muy apreciado por la estética conventual que tanto frecuentó, pero que a la larga es lo que le marginaría en un segundo plano historiográfico. De hecho cayó en el olvido histórico, hasta ser recuperado por la historiografía del S. XX a la vista de su modernidad y como un precedente del Cubismo. En efecto, su pintura es consistente, de volúmenes nítidos, casi geométricos, hasta poder hablar de una pintura "escultórica". A ello contribuye también su tratamiento de la luz, de tonos diáfanos y blanquecinos. No sería justo en cualquier caso encasillarlo como un pintor religioso tradicional, algunas obras como La defensa de Cádiz, también pensamos que es una buena prueba de esa calidad que atesoró Zurbarán. Lo pinta en su mejor momento, cuando su calidad le vale para ser llamado a Madrid y recibir encargos del rey. Concretamente este lienzo es una encomienda personal de Felipe IV que lo quiere para decorar el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Se trataba de rememorar en el lugar batallas famosas cercanas en el tiempo y de ahí que compartiera labor con Velázquez que pinta para el mismo salón el cuadro de En El cuadro estructural y compositivamente se divide en dos planos, que a su vez manifiestan también notables diferencias de estilo. En primer plano se muestra en galería de retratos a los protagonistas: sentado como ya hemos dicho D. Pedro Girón y Ponce de León; su secretario detrás con la cruz de Santiago en la pechera y un pliego en la mano; en el centro de la composición D. Lorenzo de Cabrera, castellano de la fortaleza de Cádiz, y a la derecha su estado mayor, en grupo aparte e interrelacionado por el diálogo. Esta parte del cuadro resulta de una notable calidad técnica y muestra la pericia de Zurbarán como retratista de indudable realismo. En segundo plano y como si de un decorado se tratara se pinta la acción de la batalla. En su conjunto la obra resulta un tanto artificiosa en su composición, porque tanto la pose de los personajes de primer plano, como su escasa naturalidad recrean un ambiente excesivamente teatral. Efecto que aún se acentúa con la zona de segundo plano, escenario de la batalla en las playas de Cádiz, que se resuelve pictóricamente como una bambalina de telón de fondo. Para muchos especialistas el cuadro es la prueba de dos defectos que siempre se le achacan a Zurbarán, su impericia perspectiva y su desaliño compositivo, y más desde luego si la obra se compara con Las lanzas de Velázquez, que se hallaba pintado a su lado. Pero aún así el lienzo es realmente vistoso, de gran luminosidad y de una originalidad que si para algunos es una extraña tramoya, para otros es una estampa curiosa, de indudable virtuosismo técnico, especialmente en rostros y texturas, de colorido intenso, y que a pesar de todo lo que se diga es capaz de embaucarnos la mirada hacia las playas de Cádiz con la curiosidad satisfecha por la imagen de la batalla, nítida, clara y luminosa. Otros artículos de esta sección...
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