| G. Caillebotte: "Rue de París, temps de pluie" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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"Rue de París, temps de pluie" Gustave Caillebotte.Art Institut of Chicago. 1877.
Para muchos Gustave Caillebotte es un pintor un tanto ecléctico, que va tomando de sus compañeros impresionistas y de la propia evolución pictórica de muchos de ellos, distintos aspectos que se manifiestan en sus cuadros tambien de forma variada. Como si no tuviera un estilo personal claramente definido. Pero no es así, en la obra de Caillebotte es cierto que hay influencias directas en algunas pinturas, pero en general muestra un estilo de una evidente personalidad y que en la mayoría de sus obras avanza un paso más allá del Impresionismo clásico. Podría decirse incluso que Caillebotte hubiera aterrizado directamente en una manifestación más del Postimpresionismo, sobre todo en sus imágenes urbanas, en las que demuestra dos aspectos principales que distinguen su estilo: un realismo rotundo y preciso, casi fotográfico en ocasiones y que deriva de su formación académica, y un concepto de la perspectiva innovador y arriesgado. Gustave Caillebotte nace y vive en París, aprovechando además una holgada situación económica heredada de sus padres. En especial de su padre, juez del Tribunal de Comercio y heredero a su vez de un negocio familiar de textiles militares, y que después de enviudar dos veces casará con la madre de Gustave y de sus hermanos, Céleste Daufresne. A la muerte de ambos, Gustave heredará una notable fortuna que le permitirá dedicarse libremente a la pintura a pesar de que contaba con los estudios de derecho e ingeniería. También heredará junto a sus hermanos la enorme propiedad que la familia poseía en Yerres, a la afueras de París, lugar de recogimiento, y también de experimentación pictórica al aire libre para el joven Gustave. Después de En su primera etapa, parece bastante clara la deuda de su pintura al Realismo de Corot y sobre todo de Courbet, incluida su denuncia social, aunque eso sí, demostrando ya desde sus inicios una prescisión en su estilo que deviene, como ya dijimos, de su formación académica. De todo ello es buena prueba precisamente el cuadro que expone con los impresionistas en su primera participación de 1876, el ya mencionado Les Raboteurs de parquet, que no puede decirse que sea un típico cuadro impresionista, al menos desde el punto de vista técnico, aunque sí por su tema, al utilizar al proletariado urbano como protagonista de una pintura, lo cual enlazaba con la postura de los impresionistas de subvertir las convenciones respecto a la temática oficial. Sorprende en todo caso la solidez académica del trazo y la figuración, así como una concepción muy profunda de la perspectiva. A partir de ese momento sí es cierto que Caillebotte alterna cuadros que parecen seguir influencias distintas, porque hay bodegones que recuerdan a Cézanne (Muestra de fruta en caseta. 1881-82); paisajes en los que se advierte la huella de Monet (la mayoría de los que realiza en Argenteuil), e incluso paisajes urbanos que remiten a Pisarro. Pero no por ello el grueso de su obra tiene una concepción de la pintura distinta y propia, por la rotundidad de sus volúmenes, sus constantes juegos de perspectiva, que como hemos dicho resultan siempre muy atrevidos, y la presencia constante de la figuración, siempre de una gran solidez y con evidente protagonismo. Todo ello alcanza su mayor grado de perfección en el cuadro que hoy nos ocupa, Rue de Paris; temps de pluie, que resultaría una de las mayores atracciones de la exposición Impresionista de 1877, la segunda en la que participa. El cuadro es de un preciso y extraordinario realismo, y muy cuidado tanto en la composición como en el tratamiento de la luz, tibia y armoniosa; o por la utilización de colores suaves, predominantemente fríos y azulados. Un cuadro por tanto con resabios clásicos, que está anticipando el postimpresionismo característico de Renoir. La composición es equilibrada y simétrica, tomando la farola del centro del cuadro como eje de toda la estructura. Composición que cuenta a su vez con la disposición del gran edificio que llena la parte izquierda del cuadro y que contribuye a una concepción perspectiva característica de Caillebotte, de gran profundidad y violencia visual. La propia disposición en ángulo del edificio y el juego geométrico de los adoquines de esa mitad de la pintura consiguen que la mirada del espectador se pierda hacia el fondo, donde las figuras deambulan en su anonimato. Por el contrario la parte derecha del cuadro avanza hacia el espectador, en un perfecto juego de equilibrios perspectivos y compositivos. Y no sólo por medio de la pareja protagonista, que avanza hacia nosotros y que con su perfección y naturalidad llenan el cuadro y le dan vida, sino incluso a través de la figura de espaldas, que en primerísimo plano abre, como un telón que se descorre, la escena del cuadro. Sorprenden además detalles de un realismo exquisito, como las gotas de agua rebotando sobre el pavimento, la textura mojada de todo el entorno, los paraguas flotando por el lienzo, así como pormenores en las vestimentas de los protagonistas, que consiguen recrear esa atmósfera elegante, tan parisina, que nos seduce a todos. Tan real y tan embaucador este cuadro, tan espontáneo y natural, que mirándolo pareciera que nosotros mismos paseáramos también por las calles mojadas de París. Una verdadera obra maestra. Otros artículos de esta sección...
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