G. David: "Descanso en la huída a Egipto" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

Descanso en la huída a Egipto.

G. David.
National Gallery. Washington. 1510.

 

 

Gerard David representa un curioso momento de transición de la pintura flamenca. Por un lado representa una generación final del grupo de los Primitivos flamencos, de tal forma que a un primer elenco de pintores como Petrus Christus, Robert Campin, Jan y Humberto Van Eyck o Roger Van der Weyden, les sigue una segunda generación, con nombres como Dirk Bouts, Hugo van der Goes o Hans Memling, y a ésta una última, formada por artistas como Quentin Metsys o el propio Gerard David. Se trata por tanto de pintores que se hayan a las puertas del Renacimento e incluso, como ocurre en el caso que nos ocupa, con claras influencias de la pintura italiana del Quattrocento y hasta de algunas de las innovaciones que van dando forma al Cinquecento. Pero por otra parte es precisamente David uno de los representantes más fieles al legado estético de la pintura flamenca, por lo que conserva muchos elementos formales que entroncan con el Gótico final.

De hecho su obra se ve influenciada por por Dirk Bouts en su primera etapa y algo más tarde por su contemporáneo Metsys, aunque como veremos en la pintura que vamos a comentar, tiene también en sus obras un conocimiento cierto de la técnica del sfumatto leonardesco, lo que constituye por tanto un ejemplo característico de esta etapa de transición que ocupa el paso de los siglos XV al XVI.

De la tradición flamenca heredada de los grandes maestros se advierte en David la minuciosidad, el detalllismo y la brillantez de una técnica al óleo que no ha perdido en su mano toda su intensidad. De Bouts adquiere el tratamiento volumétrico de las figuras, que a veces se envaran en una cierta rigidez, y de Memling un colorido brillante de gozosa tonalidad. Aunque será Metsys su principal referencia, especialmente en sus años de madurez, influyendo en su pintura con un mayor contenido expresivo en sus temas religiosos.

La huida a Egipto es un tema muy habitual desde finales del gótico entre los pintores italianos y flamencos, y en el caso concreto de David, un asunto reiterativo, pues tiene otra versión de la Huída a Egipto en el Museo del Prado. En ese caso, como en el que hoy comentamos, el de la National Gallery de Washington, David recoge el pasaje evangélico transcrito por Mateo, en el que la Sagrada Familia sale hacia Egipto huyendo de las matanzas de Herodes. En los dos casos, al ser la suya una pintura de transición, por una parte reproduce el hecho con resabios medievales que le torgan a la escena una almibarada ternura, pero por otro, insistiendo en la importancia del paisaje como elemento complementario de la imagen y en la cotidianidad de los detalles, se está acercando al nuevo tratamiento renacentista de los episodios religiosos. Es más, en ambos casos, se fija concretamente en un momento de descanso en el viaje, aprovechando así para introducir una mayor intimidad y espontaneidad en la escena.

Descanso en la huída a Egipto destaca en primer lugar por su luminosidad, propia de todo el arte flamenco; por la delicadeza de la línea, que precisa nítidamente los perfiles; y por una robustez en las formas, que se advierte principalmente en el trabajo sobre los pliegues de la túnica que envuelve a la Virgen. Aunque un elemento formal destaca sobre todos los otros, y es el tratamiento del color, un azul intenso, lleno de fuerza expresiva, que actúa como un iman sobre nuestra mirada, y que nos recuerda esos tonos vigorosos de los que sólo era capaz Van der Weyden. El color además transmite su simbolismo, siempre relacionado con los sentimientos re­ligiosos, la devoción, la inocencia y la piedad, y es habitual por ello mismo en la representación de la Virgen. Pero además en este caso es un elemento de perspectiva, relacionado directamente con la aportación del sfumatto leonardesco, que como sabemos, explica la sensación de profundidad por la existencia de aire entre el objeto y el espectador, lo que obliga a la acumulación de tonos azules en los fondos de los cuadros y a una difuminación de las formas y los contornos que parecen diluirse entre la bruma, tal y como ocurre en este caso.

En este mismo sentido es importante también destacar la importancia del paisaje, que va ganando protagonismo en la pintura, constituyendo otra prueba de modernidad en la obra de David. En este caso un paisaje que entronca con su entorno más conocido, el de su tierra natal, que así se convierte en un elemento de familiaridad para sus convecinos, espectadores primeros de la obra. Para mayor efecto de espontánea cotidianidad, aparecen una serie de detalles que refuerzan su sentido costumbrista, como San José vareando un árbol; la apacible serenidad de la ciudad al fondo; la cesta de la comida, como la que sus paisanos utilizaban en su época; y el propio gesto de la Virgen, dándole al niño un racimo de uvas con el que calmar la sed, pero que además aporta también un simbolismo religioso más y un nuevo motivo iconográfico, pues la vid se relaciona con la Eucaristía y con la Útlima cena de Jesús, a su vez ligada al tema de la Pasión.

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G. David: "Descanso en la huída a Egipto". Museo del Prado. 1515.


 

 

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