| G. Seurat: "Una tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Una tarde de domingo en la isla de G. Seurat. Art Institut. Chicago. 1886. Otro paso diferente en la evolución de la pintura desde el Impresionismo es lo que se ha denominado Neoimpresionismo y del que son sus principales valedores Georges Seurat (París 1859- 1891) y su seguidor Paul Signac (París 1863-1935). Coincide con aquélla en su obsesión por representar fielmente la realidad, basándose en la importancia de la luz y el color, pero cambia radicalmente la técnica para llegar a ese fin. Se trata ahora de asociar la ciencia a la forma de pintar, para así disponer los colores racional y no espontáneamente, y por otra parte se trata también de reelaborar mentalmente cada obra en el taller, algo justamente contrario a lo que había defendido con más entusiasmo el grupo impresionista. Esa técnica científica y novedosa a la que Seurat dedicará toda su vida, es lo que se ha denominado también como Puntillismo o Divisionismo. Su origen se halla en las teorías, al uso en su época, sobre la ley de asociación de los colores de Chevreul o Charles Blanc. El proceso era prolijo y meticuloso y requería una toma de apuntes del natural, al que seguía un concienzudo trabajo en el estudio (auténtico laboratorio experimental) sobre la aplicación de un método de aplicación del color y la luz. En primer lugar se pintaba el lienzo en blanco y negro para equilibrar al máximo las masas claras y oscuras. Posteriormente se seguía un proceso minucioso de utilizar los colores según una armonía total de matices intermedios entre unos y otros. Finalmente se aplicaba el color, pero con una pincelada diferente. Desde el Impresionismo se había insistido en que los colores, que están individualizados en la naturaleza, el pintor los coloca por separado en sus lienzos para que sea la retina del espectador la que los vuelva a mezclar (mezcla óptica). Pero Seurat va más allá, porque al aplicar el color a base de diminutos puntitos, como partículas minúsculas, la luminosidad que alcanza la mezcla óptica en nuestra retina es mucho mayor. Eso sin contar que esa misma técnica crea unos efectos visuales nuevos y sugerentes y que por otra parte permite recuperar la importancia de la línea sin perjuicio del protagonismo del color. Es como si se quisiera alcanzar la síntesis perfecta entre el clasicismo monumental y la pintura moderna dominada por el color. Esto supone otra característica singular en las obras de Seurat, porque es patente esa volumetría casi icónica de sus figuras y esa unidad estructural en toda la obra que nos recuerda a los grandes maestros como Piero della Francesca o el mismo Ingres. En todo caso sus obras carecen lógicamente de la espontaneidad y vivacidad de los impresionistas, pero aportan una imagen nueva y poética, curiosa y extraña del mundo circundante, cuyo estatismo además invita a la serenidad. Además, el carácter icónico de sus figuras, de geométricas volumetrías aparte de resultar muy sugerente se antricipa al concepto del arte contemporáneo. Una de las primeras obras con la que se da a conoder es su famosa Tarde de domingo en La obra, tanto por su enorme tamaño como por su perfección técnica es sin duda una de las grandes referencias de este movimiento artístico, pero también y en nuestro modesto entender, una de las grandes obras de la pintura moderna. El resultado en cualquier caso es espectacular. Su monumentalidad clásica, el trabajo en las formas, como de taracea, los cuerpos como figurines de maniquí y la aplicación del color puntillista, en este caso especialmente espléndido, convierten el cuadro en una imagen fascinante por su irrealidad, a la vez apacible y extraña, misteriosa y serena, pero sobre todo consiguen en conjunto completar una verdadera obra maestra.
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