| G.B. Piranesi: "Veduta del templo de Neptuno" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Veduta interior del Templo de Neptuno. Giovanni Battista Piranesi 1778.
Giovanni Battista Piranesi (Mogliano, Veneto 1720-Roma 1778) es uno de los grabadores más conocidos y más importante de Dichas fantasías las diseña Piranesi a través de dos grandes grupos de obras: por una parte están las vistas de antiguas ruinas griegas y romanas que reproduce como vistas o vedutas, y que si bien en parte son un reflejo real del estado de muchos templos y construcciones antiguas en época del autor, también es cierto que en muchos casos los imagina en parte o en todo, otorgándoles así un carácter bucólico, de redención de la ruina, que está en el origen del pintoresquismo romántico posterior. El otro marco fantástico que desarrolló Piranesi resulta mucho más extraordinario y embaucador porque en este caso se trata de imágenes completamente imaginarias que además asumen un carácter lúgrubre y tenebroso, que para algunos anticipa el tema fantasmagórtico que será igualmente patrimonio romántico. Nos referimos principalmente a sus series sobre las Carceri o prisiones, estampas ocupadas por construcciones imposibles, de enorme escala, en las que se suceden escaleras gigantes, enormes pilares y abovedamientos, pasadizos tenebrosos, galerías colgadas, poleas, cadenas y en general un ambiente tétrico y oscuro con el que intenta inducir al miedo de un submundo misterioso, y al que contribuyen decisivamente sus violentos contrastes de luz y sus potentes claroscuros. Es indudable su influencia en el Romanticismo fúnebre del S. XIX, pero también en movimientos posteriores como el Surrealismo, el Futurismo, o el cine Expresionista de principios del siglo XX. Pero por ello mismo, porque las Carceri a pesar de su enorme importancia nos parecían una propuesta que desborbada en manos de Piranesi el marco del Neoclasicismo, hemos preferido traer a nuestras Miradas una de sus vedutas en las que rescata del pasado las ruinas de Sus estampas recorren principalmente Su precisión técnica conseguirá completar la belleza y el efecto de unas estampas que tuvieron un enome éxito y que muchos viajeros que visitaban Roma adquirían como recuerdo. En primer lugar dicho virtuosismo devenía de su propia formación como arquitecto, porque no hay que olvidar que Piranesi se formó como arquitecto, aunque en realidad apenas se dedicó a su profesión, si bien su valía para reproducir elementos arquitectóncos es reveladora. Y también porque supo como pocos sacarle el máximo provecho a la técnica del grabado. Un grabado que ejecutaba con varios baños de ácido, para conseguir destacar los distintos tonos utilizados, de tal forma que se realizan tantos “mordidos” o baños de ácido como tonos se quieren conseguir. A ello añadiría su maestría en el uso del barniz y su peculiar trabajo del rayado sobre la plancha de metal, siempre en paralelo, nunca cruzando líneas o utilizando retículas, salvo en casos muy especiales como cuando ilustra la vegetación. El resultado es un grabado limpio, pero a la vez agresivo en los trazos y las luces, que logra por ello un enorme efecto expresivo. En este caso no faltan los aspectos consabidos: la visión angulada del edificio, los restos esparcidos, la vegetación trepando entre columnas, y figuras que se empequeñecen ante la grandeza del templo. Porque realmente es la arquitectura del templo la adquiere todo el protagonismo de la estampa, ocupando con toda su monumentalidad y su escala la mayor parte de la lámina. Todo es arquitectura y ruina en esta imagen donde las columnas mordidas por el paso del tiempo, los entablamentos partidos y las cubiertas desaparecidas, logran el doble efecto de seducirnos por su evocación, por su grandeza y su misterio, y al mismo tiempo reclamar la seducción de la ruina que se nos presenta como una voz que clama desde el pasado por la recuperación de la memoria. De esta forma Piranesi se anticipa al discurso de John Ruskin, pero imponiendo al mismo tiempo una estética que sigue siendo igual de bella transcurridos los siglos: la del arte clásico, envuelto en la magia quebradiza del paso del tiempo.
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