| Gran Mezquita de Damasco |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Gran Mezquita de Damasco.
Al- Walid.Damasco (Siria). 707-715.
Si algo caracteriza al arte del mundo musulmán es una singular capacidad de adaptación a las soluciones constructivas y los estilos arquitectónicos que fueron encontrando en los lugares que conquistaban. Una cultura, la suya, proviniente del desierto, y falta de referencias culturales y artísticas, asumió sin complejos los logros de las civilizaciones con las que se encontraba en su rápido proceso de expansión colonial. Especialmente de aquellas tradiciones que habían aportado más a la historia de la arquitectura, caso de la romana o del Imperio bizantino. Y así, el recinto de la nueva mezquita se inscribe en el perímetro de lo que en su día fue el períbolos o témenos, es decir, el perímetro, de un templo romano del S. I dedicado a Júpiter. No obstante, el mismo recinto ya había sido utilizado por el mundo bizantino para adosar al muro sur una estructura basilical de tres naves, configurando así su iglesia dedicada a San Juan Bautista. Cuando se produzca la conquista de la ciudad de Damasco por el Islam en el año 635, cristianos y musulmanes compartieron el recinto cada uno con su culto, no obstante, cuando en el siglo octavo la población musulmana haya crecido considerablemente, el espacio basilical se convertirá definitivamente en el haram de la nueva mezquita, que lógicamente queda reorientado hacia el sur. Para enfatizar dicha reorientación se construye una nave transversal a las tres de la basilica, más ancha y alta que las otras, rematada por una cúpula y que desemboca lógicamente en el mihrab que se construye al efecto. De esta forma quedaba consagrado el muro sur del viejo períbolos romano como el muro de la kibla. El resto del recinto original queda abierto al aire libre constituyendo el patio o sahn. Consta éste de amplios pórticos en sus lados y en su frente principal la fachada de entrada al haram, que consta a su vez de un cuerpo central que sobresale en altura porque coincide con la nave transversal que emboca al mihrab y dos laterales de menor altura. Esquema éste de tradición bizantina, que se emparenta con el Palacio de Teodorico en Rávena, al menos según aparece representado en el famoso mosaico de San Apolinar Nuevo. De todos ellos sólo este cuerpo central es original, porque la mezquita sufrió un pavoroso incendio en 1893 que la destruyó casi por completo, lo que explica su casi total reconstrucción. En este cuerpo central original y en otras zonas conservadas se ha preservado una decoración de mosaico vidriado que es también de clara tradición bizantina: en ella aparecen curiosas arquitecturas ilusorias en las que se reconocen ciudades como Bizancio, Jerusalén o Antioquía. Cabe añadir finalmente que también se aprovecharon originalmente las torres del primitivo témenos romano, para convertirlas en los primeros alminares musulmanes. No obstante parece ser que el alminar levantado en la parte central del lado norte sí sería construído de nueva planta, convirtiéndose por ello en el primer modelo construído por el islam, sirviendo de tiplogía a otros posteriores como los de Córdoba o Qayrawan. En realidad lo propio ocurre con toda la mezquita en su conjunto, que implanta una tipología de mezquita, la de haram hipóstilo, que desde aquí va a ser difundida por amplias zonas del Mediterráneo. Desde el punto de vista ornamental es uno de los escasos ejemplos en el arte musulmán en los que se observa una decoración atípica, con mosaicos de tradición bizantina que representan el Paraíso, así como arquitecturas ilusorias a las que ya hemos hecho mención, lo que supone una aproximación a la figuración que apenas volverá a darse en la ornamentación musulmana. La influencia bizantina sobre la zona y los momentos inciales de la historia del Islam en que se produce la construcción de esta mezquita podrían explicar esta licencia ornamental, que en cualquier caso no contradice los preceptos del Corán, que no prohibe las imágenes por sí mismas, sino sólo cuando pretenden representar a la divinidad, lo que por otra parte hubiera sido lo habitual en las mezquitas, de ahí la generalizada ausencia de imágenes en el arte del Islam. De hecho en al propia mezquita, sobre la zona del mihrab se desarrolla un programa decorativo a base de los recusos consabidos de motivos caligráficos y de lacería, lo que deja claro que en los lugares sagrados el Islam renuncia a la utilización de cualquier tipo de imagen.
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