| Guernica de Picasso |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Guernica”. P.Picasso. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. 1937.
En 1937 la situación política de España y de Europa se halla en un momento crítico en el que el continente esta amenzado por los totalitarismos, pero las democracias burguesas no se atreven a enfrentarse a ellos por miedo a la revolución social. El reflejo patético de semejante dilema lo puede ver Europa reflejado en nuestra Guerra Civil. En medio de aquella atmósfera se abrió en París una Gran Exposición Internacional dedicada al Progreso, el trabajo y la paz, ideales en contradicción con cualquier postulado fascista, por lo que Picasso, considerado ya un genio artístico, ha tomado partido político y encabeza el Pabellón Español con esta obra cumbre. En un principio parece ser que se había pensado en una composición alegórica, pero cuando en abril de ese mismo año se conozca el bombardeo trágico y cobarde de la ciudad de Guernica por la aviación alemana aliada de Franco, Picasso decidirá dar respuesta a la barbarie con esta obra sin igual. Al matar a los ciudadanos de Guernica, los nazis estaban destruyendo también el concepto de civilización, entendiendo como tal la inteligencia y la cultura. Por tanto, civilización y nazismo o fascismo son términos antagónicos, porque la sumisión y la alienación, la ausencia del juicio libre que nos convierte en autómatas y que es lo que ellos propugnan acaba con nuestra inteligencia. Por ello, el arte y la cultura, por el contrario son la inteligencia, son la vida, y por ello cuando Picasso pinta Guernica se convierte como tal obra de arte en un clamor por la cultura y la inteligencia. Es decir por la vida. El cuadro se convierte así en un arma, porque se trata de una manera de intervención decidida de la cultura y el arte contra los totalitarismos y su alienación del Hombre. De esta forma, Guernica es algo más que la representación de un hecho histórico. El cuadro es un hecho histórico en sí, porque participa del combate político, porque es el "fusil" del artista, porque es la bomba que debe estallar en la conciencia de los hombres para salvar la cultura, para salvar la libertad. Guernica no representa, es. "Que quede comprometido también el lenguaje. Que se haga de él un arma defensiva y ofensiva, ya que la masa servil en que quieren convertir a la sociedad los regímenes fascistas, ya no lo necesitará, puesto que ya no tendrá posibiliades de pensar". Estas palabras de Picasso resumen perfectamente el sentido de este cuadro. Algunos años después, en plena ocupación nazi de París, Picasso respondió con amargura a unos críticos alemanes que le hablaban del Guernica: "No fue obra mía, sino de ustedes". Cuando Picasso aborda la realización del cuadro opta por un gran formato lleno de expresividad y símbolos. Aunque no es fácil de precisar el simbolismo de todas las imágenes, porque además Picasso nunca quiso explicarlo, pero algunos elementos pueden resultar bastante claros y constituyen el repertorio iconográfico del cuadro: la luz de la bombilla, tradicionalmente símbolo de la razón, pero que ahora, rota, nos muestra lo inútil del progreso moderno; el hombre descuartizado atenazando aún una espada y una flor, simbolo de la derrota en la defensa de la belleza; el caballo victorioso, imagen del triunfo de la muerte; el niño muerto en manos de su madre, símbolo del futuro que ha muerto ante nosotros; el toro ibérico, víctima ahora de la barbarie; y en general el grito como coronación simbólica del cuadro, el grito por el miedo a la guerra, a la muerte y al dolor. Picasso, como en Los fusilamientos de tres de mayo de Goya, va a dar fuerza a todo este contenido ideológico jugando con una contraposición de valores plásticos: así Guernica se concibe como un grito de vida (ya lo hemos dicho), pero en realidad es la visión de la muerte en plena acción. El propio cuadro es muerte, es decir representación de la no-vida. Pero si hemos demostrado que el arte es vida, esta obra de muerte habrá de ser una muestra del no-arte: por ello es un cuadro sin color, sólo de blancos, negros y grises. Y es un cuadro sin efectos de luz porque no hay color. Es por tanto un cuadro sin los elementos de lenguaje pictórico, luego es la no-pintura, el no-arte, la mejor representación por tanto de la no-vida, en fin, de la muerte. A pesar de ello no le faltan valores plásticos: La composición está estudiadísima, determinada por un claro eje axial de simetría, surgido de la vela que corona el cuadro y que constituye además el vértice de un triángulo compositivo marcado por las líneas que representan su haz de luz. También puede hablarse de un estudio de perspectiva a pesar de la planitud de la obra. Así puede afirmarse la existencia de un primer plano, constituído por las figuras caídas, y de segundos planos que vendrían dados por el biselado de la ventana, la techumbre de la habitación y sobre todo, la alternancia perfecta de planos blancos, negros y grises. Finalmente hay también un ritmo compositivo, igualmente meditado: Parece como si un viento o una onda expansiva arrastrara las figuras del cuadro de derecha a izquierda. A pesar de ello, en el centro se aglomeran las figuras como empujadas a una hoguera donde estalla la locura. Precisamente el juego de negros y blancos consigue destacar más intensamente por la luz el efecto dramático de unas partes del cuadro en medio de otras totalmente oscuras: brazos caídos, gritos de dolor, y en lo más alto el relincho trágico del caballo coronado por el fogonazo de la bombilla. Pero si el cuadro logra la plenitud y el vigor que alcanza es gracias su tremenda fuerza expresiva. Picasso añade a la estructuración cubista del cuadro el toque definitivo de un expresionsimo violento y radical: ojos desorbitados, pechos al aire, bocas abiertas, dientes exagerados, gruesos trazos que señalan cicatrices, etc, pero que además cobran mayor dramatismo gracias a la descomposición cubista, que en este caso asume un papel "descuartizador". Prueba de la importancia de este cuadro es su vigencia. Sigue siendo un clamor frente a la violencia del Hombre que parece no tener fin. Durante décadas, el fascismo español repudió por razones históricas obvias ya comentadas, la exposición de este cuadro, que estuvo colgado de las salas del MOMA de Nueva York. Finalmente, muerto Franco y con la llegada de la transición democrática, España negoció con USA la vuelta del Guernica a nuestro país, que se produjo finalmente en el año 1981. Primero estuvo expuesto en el casón del Buen Retiro de Madrid, y al inaugurarse el Museo Nacional de Arte Centro Reina Sofía en 1988 se trasladó allí, donde sigue expuesto a los ojos de todo el mundo. En 1997 se propuso trasladarlo al nuevo Museo Guggenheim de Bilbao, ya que el cuadro hacía referencia histórica a la ciudad emblemática del pueblo vasco, Guernica, pero por razones técnicas, especialmente el deterioro de buena parte de su tela, se aconsejó que no se trasladara más. Y una anécdota final que demuestra el valor político y simbólico de este cuadro: hasta hace escasamente unos años estuvo protegido de la misma barbarie que denuncia, por un cristal antibalas...
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