| Guerrer de Moixent |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Guerrer de Moixent.
Museo de Prehistoria-La Beneficencia. Valencia. Original del yacimiento de
S. IV a.c.
Sabemos por otros comentarios de esta misma sección (ver En el caso concreto de Sería en este poblado ibero en el que se encontraría en julio de 1931 el famoso Guerrer de Moixent, una pequeña figurilla en bronce, de apenas El guerrero se interpreta como un exvoto funerario, a modo de ofrenda. No es extraño este tipo de exvotos de representación militar en las tumbas iberas, considerando que este pueblo estaba dirigido por una aristocracia que imponía su dominio mediante la fuerza militar. La propia pieza que hoy comentamos y otros ajuares funerarios con armas, así lo demuestran. Formalmente, el Guerrer reproduce con gran verismo el armamento de los guerreros iberos. En primer lugar la espada y el escudo que porta en sendas manos. La espada ibera podía ser de dos formas, o bien la llamda por los romanos “espada española” la gladius hinaniensis, de pequeño tamaño y doble hoja, y la falcata, la más característica del armamento ibero, un arma única, pues se hacía según el tamaño del brazo del guerrero y de una sola hoja, pero de una enorme dureza. Es esta última la que parece portar el Guerrer de Moixent, muy vinculada también a los rituales funerarios pues parece ser que en las tumbas, las armas íberas, y concretamente las falcatas, eran dobladas y así inutilizadas, por su importancia como atributo personal. En cuanto al escudo ibero que porta la figura es la característica castra, escudo circular no muy grande que se podía sujetar al cuerpo del guerrero por cuerdas o tiras de cuero, que pasaban por el hombro y permitían una gran movilidad. Luego estaba el casco, tan remarcado en la escultura, como importante era también en el atuendo militar de los iberos. El más habitual estaba hecho en cuero o metal, cubría toda la cabeza, frente y orejas incluidas, contaba con un fieltro al interior para acolchar los golpes, y su característica más singular venía dada por el adorno que a modo de crin de caballo lo coronaba, normalmente pintado de rojo y que como un penacho caía desde lo alto hasta la nuca en forma de coleta. Desde un punto de vista artístico el Guerrer responde a una estética esquemática, en la que se muestra cierto desinterés por mantener un canon de proporcionalidad y una cierta tendencia a la geometrización, lo que unido al detallismo mostrado en el atuendo y el armamento del jinete e incluso en algunos aspectos de la anatomía del caballo, sitúa la pieza entre las más caracacterístias y genuinas del arte ibero, sin que se advierta tan claramente como en otras, la influencia griega o fenicia, caso de las grandes esculturas funerarias de Para visualizar la pieza en 3D, animamos a aprovechar la versión que nos ofrece el Museo de Prehistoria de Valencia:AQUÍ
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