| H. Moore: "Madre reclinada e hijo" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Madre reclinada e hijo” H. Moore. Yorkshire Sculpture Park .1975-76. Cuando hablamos de escultura orgánica u organicista en realidad estamos hablando de una tendencia que sin renunciar a las conquistas abstractas de la escultura contemporánea se identifica en cierto modo con la figuración y más concretamente con la figura humana y su relación con el entorno natural. Pero no se trata simplemente de eso, porque nos quedaríamos cortos en su interpretación. Se trata también de transmitir un contenido trascendente, que traduzca algo así como la fuerza vital de cualquier escultura íntimamente relacionada con el hombre, es decir, de la magia que posee por ejemplo cualquier totem. De ahí la fascinación que ejerce sobre la escultura orgánica la obra primitiva, que estaba siempre impregnada de ese vitalismo, de esa magia, de esos valores totémicos Podría pensarse según este tenor que buen número de las obras de Brancusi pueden considerase como tales, lo mismo que las cabezas primitivas de Modigliani, ciertas piezas de Picasso o Julio González, algunas obras incluso, a pesar de su mayor grado de abstracción, de Hans Arp, y sobre todo la aportación del escultor británico Henry Moore, porque es él quien de manera más decidida se interna en el campo de la figuración humana y tan intrínsecamente vinculado al medio natural que se plantea frecuentemente la realización de sus obras para ser expuestas al aire libre. A pesar de todo ello, Henry Moore (Castleford. Yorkshire 1898- Hertfordside 1986) resulta el mejor exponente del vitalismo u organicismo en la escultura. Porque sus obras recogen desde concepciones abstractas, a la figuración, con el tema recurrente de la figura humana, a la que además trata de impregnar de una especial fuerza interior de cara al espectador, que es lo que las hace sobrecogedoras a nuestro mirar. No es sólo su tamaño, a veces colosal, ni su concepción de la masa y el volumen, es también esa capacidad en cierto modo subsconciente de trasnmitir sentimientos y sensaciones que consigue una especial concepción de la forma. Esa capacidad, en fin, de hacerse poderosas ante nosotros, sin saber el porqué. Algo que también habían logrado las esculturas primitivas de aztecas, de africanos, polinesios, egipcios, incluso de época románica, y que son fuente de inspiración de Henry Moore. El resultado es un estilo muy personal, inconfundible, en el que se valora preferente la masa y su contraste con el hueco, del que Moore es uno de sus mejores cultivadores. Igualmente alterna en sus figuras las concavidades y las convexidades, como si ahí estuviera una de sus claves para transformar la anatomía de un cuerpo en una imagen de su interioridad, de su mundo espiritual, en fin, de su auténtico vitalismo. Utiliza todo tipo de materiales, piedra, madera, bronce, incluso cemento endurecido en molde y tallado. Los temas son igualmente variados, pero predomina la referencia humana y preferentemente a través de temas que puedan considerarse trascendentes, y por tanto con mayor fuerza espiritual, como es este de la mujer reclinada como madre, que se repite en composiciones muy parecidas desde los años treinta hasta los sesenta. En todas ellas se observa la importancia de la masa escultórica, enfatizada a través del contraste con el hueco. También el ritmo compositivo, en el que predominan los perfiles curvos y ondulados, que consiguen un efecto envolvente en toda la composición. Dicho efecto conlleva diversos significados: no sólo el que se deriva de su propia temática, el carácter protector de la maternidad en toda la naturaleza, sino también un hondo sentimiento de sensualidad, así como también otras consecuencias plásticas, como el sentido cerrado que eso supone en la composición y su efecto de monumentalidad y estabilidad, que la ponen en relación con la estatuaria clásica de las épocas antiguas. Puede parecer que detrás de toda esta obra y del mismo organicismo gravite nuevamente un cierto carácter visionario del arte. Lo cierto es que la misma abstracción ya lo arrastra y que el arte no lo sería si no llevara consigo un cierto aporte de magia. En este caso esa magia extraña y misteriosa que relaciona la forma y la naturaleza. Decía Henry Moore : “Aunque lo que más profundamente me interesa sea la figura humana, siempre he prestado gran atención a las formas naturales como huesos, conchas, guijarros, etc. En ocasiones he vuelto en años sucesivos al mismo lugar de la costa, y cada año me ha llamado la atención una nueva forma de guijarro que el año anterior, aunque había cientos de ellos. Entre los millones de guijarros que encuentro al pasar caminando por la orilla, elijo ver con emoción sólo aquellos que coinciden con mi interés formal del momento. Es diferente si me detengo a examinar un puñado de ellos, de uno en uno. Puedo ampliar entonces mi experiencia formal, dando a mi mente tiempo para ser condicionada por una nueva forma. ![]() Otros artículos de esta sección...
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