J.B. Martinez del Mazo: "Vista de Zaragoza" PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

Vista de Zaragoza

Juan Bautista Martínez del Mazo.
Museo del Prado. Madrid. 1647.

 

 

Juan Bautista Martínez del Mazo (Cuenca 1605- Madrid 1667) fue un pintor a la sombra de Velázquez, y no sólo porque al casarse con una de sus hijas (Francisca Velázquez y Pacheco) y emparentar así con él, se entremezclan la vida y la obra de los dos autores, sino sobre todo porque fue el mejor ayudante del maestro sevillano y sin duda su discípulo más aventajado, de tal forma que su calidad a veces se ha confundido con la de su suegro. Tanto es así, que sin ir más lejos, el famoso retrato de la Infanta Margarita (1665) hoy en el Museo del Prado, que se pensaba que era una obra de Velázquez retocada por el yerno al morir el pintor, hoy se ha podido constatar que es un cuadro íntegramente realizado por Mazo. Está clara a la vista de tan magnífica obra la valía de este autor, por lo que tampoco habría de extrañarse de que fuera nombrado pintor de cámara en 1661 a la muerte de Velázquez, y no por su parentesco sino por su capacidad.

Otro tanto ha ocurrido con otro de sus cuadros más conocidos y logrados, su famosa “Vista de Zaragoza”, que durante mucho tiempo se consideró obra de Velázquez, si bien fue también pintada por Juan Bautista Martínez del Mazo. De nuevo la calidad en la ejecución, la atmósfera conseguida, muy velazqueña, y el realismo excelente con el que reproduce el paisaje urbano de la ciudad invitó a la confusión, incapaces los críticos de reconocer en este pintor su indudable talento. Aún así, hay quien sigue apostando por una colaboración entre ambos pintores en la ejecución de la obra (Jonathan Brown)

El cuadro se pinta por encargo del hijo de Carlos IV, el príncipe Baltasar Carlos, en el que estaban puestas todas las esperanzas a la sucesión del rey. Y se realiza con motivo del Juramento como príncipe de Gerona y sucesor a la Corona de Aragón que había realizado el príncipe en esta ciudad en 1645, cuando contaba dieciseis años de edad. Curiosamente sólo un año después y de nuevo de paso por Zaragoza, el príncipe moriría de viruelas, dejando al reino temporalmente sin sucesor.

La ciudad por tanto de Zaragoza es un lugar marcado en la vida del principe Baltasar Carlos, que además era también capital muy apreciada por su padre, que allí había instalado el cuartel general en su guerra contra Cataluña de 1640. El caso es que queriendo inmortalizar su nombramiento como futuro rey de Aragón, el Príncipe heredero le pidió a Martínez del Mazo que representara una panorámica de la ciudad como marco emblemático del acontecimiento.

Y así lo hizo el pintor, que probablemente acompañó a la comitiva a la ciudad y pudo así iniciar el cuadro pintando el paisaje del natural. Concretamente y a la vista del ángulo de visión que muestra su paisaje, el pintor se situó en el antiguo Convento de San Lázaro, destruido durante la Guerra de la Independencia, y hoy felizmente recuperado para la ciudad como Museo del Claustro del Pozo de San Lázaro, en el que se muestran los restos arqueológicos del convento, y también como uno de sus miradores preferidos: el Balcón de San Lázaro. Un punto de vista al parecer elegido por el Príncipe de Asturias, y que curiosamente sería el mismo lugar donde moriría un año después.

Pero lejos aún de ese momento, el cuadro muestra en  primer plano a la comitiva y a ciudadanos de a pie junto a ella, aunque sin adquirir por ello una excesiva relevancia, en un curioso ejercicio compositivo en el que la temática principal del cuadro se adelanta al primer plano, pero sin alcanzar por ello un protagonismo claro en al representación, que sí lo tiene en cambio el paisaje de la ciudad, del que no se pierde detalle. Así, desde la otra orilla del Ebro puede vslumbrase con gran realismo cómo era la ciudad en aquella mitad del S. XVII, distinguiéndose perfectamente algunos edificios emblemáticos. Así vemos, a la izquierda el “Puente de tablas”, donde hoy se halla el Puente de Hierro o Puente del Pilar; a continuación el Convento de San Agustín (hoy parte del Museo de Historia de la ciudad); la torre mudéjar de la Iglesia de la Magdalena; la torre también mudéjar de la iglesia de San Miguel de los Navarros; el Palacio Arzobispal; La Seo, de la que destaca su cimborrio; el edificio de la Diputación del Reino (destruido durante los Sitios de la Guerra de la Independencia); la Lonja; a continuación la Torre Nueva, espigada y alta, sobresaliendo sobre las demás al poco de ser construida apenas hacía un siglo, en estilo mudéjar y como un referente de la vida ciudadana hasta que la ignorancia y la estulticia de los regidores de la ciudad acabaran con ella en 1892; el Puente de Piedra (sin el ojo central, destruido por la riada de 1643); enfrente del puente, la Puerta del Ángel (delante de la actual calle de D.Jaime I y que también sería destruuida durante los Sitios de Zaragoza, luego reconstruida y finalmente derribada en 1867), por donde entraría la comitiva a la ciudad; la iglesia del Pilar, cuya fisonomía respondía entonces a la iglesia gótico-mudéjar construida entre los siglos XIV y XVI; en la lejanía la torre mudéjar de la iglesia de San Pablo; y a la derecha, el Torreón de La Zuda (resto del alcázar musulmán). Sin omitir otros caseríos que formaban la ciudad de entonces y que le otorgan al cuadro así un verismo de extraordinaria precisión.

El paisaje se ameniza con el devenir de las gentes de primer plano, algunos son personajes de la corte, pero no faltan junto a ellos vendedores, chiquillos, damas y cabelleros (como el que desmonta del caballo) y gentes en las barcas que cruzaban el río.

Por lo demás desde el punto de vista técnico ya dijimos que es un cuadro plenamente velazqueño, por el dominio de la perspectiva aérea y el manejo del color, cuyas tonalidades perfectamente hilvanadas entre ocres y azulados, crean esa atmósfera nítida de luces envolventes que no pueden negar el magisterio de Velázquez. En cualquier caso ya comentaba Palomino la fama que Mazo había adquirido como paisajista, y es indudable que así era a tenor de este magnífico ejemplo.

El cuadro contaba en su parte superior con una Virgen del Pilar sostenida por ángeles, que Jujan Antonio de Ribera, pintor y director del Museo del Prado, mandó borrar en 1859 por su mal estado de conservación.

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J.B. Martínez del Mazo: "La Infanta Margarita de Austria".

Museo del Prado



 

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