| Juan de Villanueva: Museo del Prado |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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”Museo del Prado”. Juan de Villanueva. La arquitectura del S. XVIII avanzado en España transita por un lento periodo de transición, desde los postulados más radicales del pleno barroco, hasta el inicio de nuestra arquitectura neoclásica. En ese proceso de transformación va a tener una enorme influencia la construcción del Palacio Real de Madrid, obra de Juvara y Sacchetti, representantes de lo que se ha dado en llamar "barroco clasicista", tendencia que sirve en Italia y otros puntos de Europa para reorientar la sensibilidad barroca hacia formas de tono más clásico. Su influencia no se limitó a la que proyectó el propio edificio sobre otros posteriores, sino también a la incidencia que tuvo en la propia formación de uno de los mejores arquitectos de nuestra historia, Ventura Rodríguez, que representa en nuestro país mejor que ningun otro, el mencionado momento de transición. Al respecto basta decir que nuestra propia historiografía ha dudado frecentemente entre situarlo como arquitecto barroco o neoclásico, si bien hoy podemos afirmar que debe entenderse precisamente como un representante genuino en nuestro país del mencionado "barroco clasicista". A partir de ahí, empieza ya a desarrollarse la arquitectura neoclásica en nuestro país cuyo principal representante es Juan de Villanueva al que siguieron otros discípulos posteriores como Antonio López Aguado, Silvestre Pérez, Justo Antonio de Olaiguibel, Ignacio Haan, Antonio Echeverría, etc. Juan de Villanueva (Madrid 1739-1811) fue desde muy joven una de esas personas tocadas por el hado de Como hemos comentado, el Museo del Prado constituye un edificio emblemático que afianza definitivamente la valía de Juan de Villanueva. Ideado en un principio como Museo Natural, fue aprovechado como Museo de pinturas ya en tiempos de Fernando VII, después por tanto de En planta destaca su compleja estructura, con un cuerpo central que actúa como eje axial, dos galerías simétricas a ambos lados, retranqueadas respecto a la entrada, y dos cuerpos cuadrados en los extremos, cuyas fachadas vuelven a avanzar en relación a las galerías anteriores. Por su parte, las dos galerias laterales, pierden el carácter monumental de la fachada, ganando ritmo y agilidad, gracias especialmente a la columnata jónica del piso principal y su secuencia de ventanales, muy racional en su disposición y al tiempo de una gran brillantez visual por el efecto de los reflejos en los vidrios. En cuanto a los cuerpos extremos, son por sí mismos ejemplos idóneos de arquitectura neoclásica, destacando la bella rotonda del cuerpo norte, de un caraterístico ambiente clasicista. Al interior es curiosa la utilización de bóvedas de diversas soluciones, contrastando así con la imagen del exterior totalmente adintelado y por ello de ritmos pausados y elegantes como corresponde al estilo del monumento. En cuanto a la serie iconográfica de los áticos, medallones y esculturas exentas, corresponden todos al momento en que se decide la utilización del edificio como Museo de pintura, en época por tanto de Fernando VII y alusivas a su temática de su nuevo destino.
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