| Juan Gris: "Retrato de Josette Gris" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Retrato de Josette Gris Juan Gris.Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.Madrid 1916.
Dentro del movimiento cubista se puede hablar de dos tendencias muy diferenciadas: el llamado Cubismo Análitico y el Cubismo Sintético. En realidad este último es una evolución del primero, que trata de suavizar las formas y la apariencia figurativa del Cubismo, añadiendo un mayor protagonismo del color, que había sido desplazado a un papel secundario en sus orígenes. El Cubismo dogmático era sobre todo un concepto, una idea plástica, que trataba de llevar la representación de la realidad a un estadio que traspasaba los límites de nuestra percepción. Por eso era sobre todo una idea, un concepto, y no una representación sensorial de esa realidad. A partir de ahí el Cubismo disloca las formas en planos y prismas que tratan de trasmitirnos una representación total del objeto, convirtiéndose así, aunque sólo sea a nivel de pensamiento y no de percepción, en su verdadera realidad puesto que es una representación total. Y la disloca en planos y prismas porque es la manera de representrar una figura desde todos sus puntos de vista posibles y además de forma simultánea. Y no contentos con eso, los cubistas añadían a esa representación la dimensión del tiempo, lo que supone reflejar su continuidad alargando las formas y compartimentando sus estructuras. El Cubismo así entendido es una nueva visión de las cosas sólo posible desde el plano intelectual. Supone por tanto una nueva forma de reproducir la realidad, pero también de romper todos los fundamentos de la pintura tradicional. El cuadro dejaba de ser el cuadro entendido como tal desde los orígenes de Pero el ser un estilo tan conceptual, le daba un sesgo teórico que a veces resultaba excesivamente árido para la creatividad puramente estética. Hay cuadros cubistas preciosos, pero en general al Cubismo Analítico le faltba la lírica de la pintura tradicional. Y eso que al final se echaba en falta, se remedió transformando el Cubismo Analítico en el Cubismo Sintético, en el que aristas y cubos se reducen a planos, y el color gana un protagonismo que devuelve a los cuadros un mayor encanto poetico. Prácticamente todos los cubistas que se habían iniciado en el Cubismo Analítico, empezando por el padre de la criatura, Picasso, evolucionaron en un momento dado hacia el Cubismo Sintético, aunque habrá un autor que hará de esta opción un estilo propio, hasta convertirlo en su sello personal y sus cuadros en los mejores ejemplos de esta tendencia: Juan Gris. Juan Gris (Madrid 1887- Boulogne-sur-Seine 1927) se llamaba en realidad José Victoriano Carmelo Carlos González Pérez, y aunque su formación la realiza en la capital de España, primero en la antigua Escuela de Artes e Industrias y después en el taller de José Moreno Carbonero, lo cierto es que toda su obra pictórica está mucho más relacionada con Francia que con España. En 1906 ya está en París (huyendo entre otras cosas del odioso servicio militar español), de donde practicamente ya no se moverá, porque el mundo de la bohemia y de la vangurdia artística le absorberá totalmente, y le inclinará hacia un estilo que precisamente será tan aplaudido en Francia como criticado en España. Además Juan Gris se casará con la protagonista del cuadro que hoy comentamos, Josette Herpin, también francesa, y por todo ello no debe de extrañarnos que pidiera la nacionalidad francesa aunque finalmente no la consiguiera. Desde el primer momento se vio atraído por la obra de Picasso y por la innovación que suponía el Cubismo, y pacientemente supo asimilarlo hasta hacerlo propio, con un nivel de calidad que primero le facilitó formar parte del Grupo de Puteaux o El retrato de Josette es el de su esposa y su musa, la mujer de su vida, a pesar de que la simpatía que derrochaba el artista y su apostura le prodigó con anterioridad no pocas aventuras y amoríos (fruto de los cuales nacería su hijo Georges en 1909). Aunque Juan Gris nunca fue un típico artista de la bohemia, de vida desordenada y disoluta, nada más lejos, era un hombre muy reflexivo y de gran capacidad de trabajo, responsable y metódico, y de ahí que cuando Josette entró en su vida, la armonía fue definitiva. El retrato es un trabajo elaborado, complejo, en el que la división en planos multiplica los ángulos de visión, pero sin peder en este caso la referencia figurativa, lo que le permite transmitirnos todo el encanto y la dulzura de su querida Josette. Tampoco es un cuadro de grandes alardes cromáticos, pero juega con maestría a equilibrar los pocos que utiliza. Y es sobre todo un estudio de gran perfección a la hora de transformar la realidad en esa idea cubista de depedazarla para enriquecerla en su complejidad. Un cuadro por tanto de enorme mérito por su dificultad estructural, pero sobre todo porque el resultado es de una indudable belleza.
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