Juan Guas: San Juan de los Reyes PDF Imprimir Correo
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Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA)   

 

San Juan de los Reyes.

Juan Guas.
Toledo. 1477-1495.

 

 

Durante los siglos XIV y XV, los reinos hispánicos van a ir tendiendo progresivamente a una barroquización tanto formal como decorativa de sus construcciones, dando lugar a un gótico más florido y abigarrado, que encuentra en Castilla su marco más agradecido y que cuenta entre sus artífices a numerosos artistas extranjeros.

En Castilla el S. XIV había resultado particularmente difícil para la Corona, enredada en las guerras sucesivas de los Dos Pedros con la Corona de Aragón, y posteriormente la guerra civil entre Pedro I el Cruel y su hermanastro Enrique, con el que se inicia la dinastía de los Trastámara. Incluso después, la propia debilidad de la monarquía y sus constantes enfrentamientos con la nobleza, impedirán un mayor desarrollo del arte.

Pero llegado el S. XV, Castilla alcanza un desarrollo económico que progresivamene irá imponiendo su mayor predominio político sobre los demás reinos hispánicos. Es esta nueva prosperidad la que atrae hacia Castilla a numerosos artistas foráneos, muchos de ellos flamencos. Entre ellos Hanequín de Bruselas, Hans o Juan de Colonia y Juan Guas.

Una segunda generación de autores, cuyos padres provenían del extranjero pero que ya se han formado en Castilla, dará un brillo definitivo a este gótico final del reino de Castilla, permitiendo el enlace que aúna esta arquitectura con la de nuestro primer Renacimiento, que tanto tiene todavía en común con reminiscencias medievales anteriores. Así Simón de Colonia en el campo de la arquitectura y Gil de Siloé en el de la escultura. No queda ahí todo. En los últimos estertores del arte gótico de nuestro país se construyen las más grandes catedrales góticas de la Península, rayando casi la anacronía estilística. Es el caso de las Catedrales de Sevilla, la nueva de Salamanca y la de Segovia, cuyos proyectos, tan ambiciosos, tuvieron que prolongarse necesariamente a lo largo del siglo siguiente.

San Juan de los Reyes ilustra paradigmáticamente este proceso de renovación arquitectónica que se produce en Castilla durante el S. XV. La nueva prosperidad del reino inclina a la sociedad hacia un naciente gusto por el lujo y la etiqueta que tienen en Flandes y en el Ducado de Borgoña una referencia que se extiende por toda Europa y llega en esos momentos a Castilla. Además en este caso se suma a la moda impuesta, la presencia indicada de artistas flamencos que permiten impulsar en el campo de la arquitectura una versión ostentosa del gótico final.

En efecto, la nueva arquitectura conserva muchos de los elementos tectónicos que habían definido al estilo gótico del siglo anterior, pero introduce ahora una serie de resabios formales, en su mayoría de corte ornamental, con los que se pretende otorgar el necesario brilllo de suntuosidad que los edificios requieren en ese momento. No faltan detalles provinientes del último gótico civil desarrollado en el norte de Europa, pero se suman también otros que están enraizados en nuestra propia arquitectura, lo que le da a este estilo un sello muy peculiar en Castilla.

Desde el punto de vista formal las novedades se advierten principalmente en la utilización de abovedamientos más complejos y de mayor fantasía, como ocurre con las bóvedas de crucería estrellada, que multiplican sus nervios; la utilización también de arcos más aparatosos y decorativos, como conopiales, mixtilíneos, angrelados, escarnazos, trebolados, etc (muchos de los cuales certifican ese referente propiamente hispano y más concretamente hispano-musulmán); los pilares se estilizan en lo posible evitando la sensación de macicez o volumen; y sobre todo se insiste en el tema ornamental, recubriendo interiores y exteriores de un léxico abigarrado de motivos, muchos heredados del gótico tradicional, aunque exagerados (pináculos, cresterías, antepechos, cornisas, ventanas, portadas, etc), y otros novedosos, como esgrafiados (también de tradición musulmana), puntas, florones, conchas y muy frecuentemente motivos heráldicos, muy habituales debido a su clara intencionalidad de encumbramiento social. Esta barroquización del gótico a través del elemento decorativo, tendrá su continuidad en el siglo siguiente, dando lugar a un peculiarísmo periodo renacentista en nuestro país.

San Juan de los Reyes responde en gran medida a este nuevo lenguaje. Se trata de una construcción promovida por los Reyes Católicos para conmemorar la Batalla de Toro (1476) y que además se ideó en un principio como panteón de los propios reyes, si bien el cabildo toledano se negó a ello.

Consta el edificio de una Iglesia de una sola nave y cuatro tramos, crucero que no se acusa en planta y un ábside poligonal de cinco paños en la cabecera.

Nada especialmente novedoso si no fuera por el paroxismo ornamental del interior del templo, que además en este caso, curiosamente, contrasta con la austeridad decorativa de exterior. No faltan apenas ninguno de los elementos citados con anterioridad: cresterías; bóvedas de crucería estrellada; temas heráldicos; arcos rebajados de todo tipo; decoración vegetal; bestiario natural y fantástico; temas heráldicos; ventanas de arcos trilobulados; pilastras embozadas por delgadísimos boceles y decoración floral; antepechos; y al exterior, cresterías y floridos pináculos.

Consta también el edificio de un claustro, terminado ya por Enrique Egas en el S. XVI, y que supone una prolongación uniforme de lo construído en la iglesia, lo que demuestra la continuidad formal, prolongada además en el tiempo, entre nuestro último Gótico y nuestro primer Renacimiento.

En resumen, un edificio que responde a esa síntesis característica de este periodo entre las influencias provinientes del norte de Europa y el léxico hispano, todo ello a través de la personalidad de su autor, heredero de una tradición flamenca aunque en realidad formado en el arte hispano con el que convivió la mayor parte de su vida.

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