| L. Boullée: "El cenotafio de Newton" |
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| Escrito por Ignacio Martínez Buenaga (CREHA) |
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Proyecto para el cenotafio de Newton. E. Louis Boullée. El Neoclasicismo francés que había iniciado su lenguaje clasicista con obras como el Petit Trianon (1762) y se había consagrado en ejemplos tan característicos como el Panteón de París de J.G. Soufflot (1764) y Iglesia de Madeleine de Vignon (1807), presenta también un ámbito mucho más sorprendente, en cierto modo revolucionario, y que no por ser una propuesta insólita e imposible de realizar, no resulta igualmente atractiva y sugerente. Se trata del Neoclasicismo Visionario, que tiene en Claude-Nicolas Ledoux y sobre todo en la figura Etienne- Louis Boullée a sus mejores representantes. En general se trata de una arquitectura que no lo es, porque sus proyectos rebasan la lógica constructiva y nunca se llegaron a realizar, al menos en la obra de Boullé, no tanto en la de Ledoux, que sí que llegó a construir numerosos edificios y todos ellos además de una enorme significación. Su particular concepto del clasicismo, se interpreta de manera muy poco ortodoxa, empleando por ejemplo los órdenes clásicos según su funcionalidad y no su normativa, y los componentes formales con absoluta libertad, entremezclando ábacos entre los tambores de los fustes, óculos en los frontones, grandes peristilos, rotondas como remates en altura, y todo ello bajo un concepto del canon mucho más monumental y de una gran pureza de volúmenes. El caso de Boullée es diferente porque comenzó su carrera como arquitecto en una línea muy similar a la de Ledoux, y pronto se hizo merecedor de importantes encargos y reconocido prestigio. Pero repentinamente y de una forma que no deja de resultar singular, abandonó su labor como arquitecto y empezó a dibujar imágenes arquitectónicas imposibles. En realidad, su verdadera pasión era la pintura, y si se hizo arquitecto lo fue por presiones familiares y sin ninguna vocación. De ahí esa crisis tardía que le convirtió en un visionario de la arquitectura. Ya existía un precedente parecido, cuando apareció en Italia la figura de Piranesi al que ya vimos en esta misma sección de Miradas, arquitecto de origen veneciano que también en la segunda mitad del S. XVIII, le dio por concebir una arquitectura que quería exalatar la edilicia romana pero no bajo presupuestos técnicos, sino llevado solamente del sentimiento del drama y la nostalgia. El resultado fue una arquitectura impracticable, pero inolvidable por su evocación romántica. Boullée fue en cierto modo un Piranesi francés. Las arquitecturas visionarias de Boullée siguen un esquema de racionalidad geométrica, en las que las formas más potentes son según él las elementales: pirámide, cubo, cilindro, cono y sobre todo la esfera, que considera la forma esencial y cuyos efectos de luz y sombreado resultan según él, los más puros y perfectos. Así el Neoclasicismo de Boullée, basado en volúmenes rotundos, subrayados por sus efectos de luz y sombra, supone la búsqueda de un nuevo origen de lo clásico, adaptado a las nuevas condiciones sociales de la época. Su famoso Cenotafio de Newton aunque no pasaría de ser un proyecto irrealizable es su obra más conocida, si bien no sabríamos decir si dentro del campo de la arquitectura o de la pintura. Porque tan importantes como sus soluciones técnicas que ahora analizaremos, son en realidad sus recursos propiamente pictóricos: como la escala de las construcciones y su relación con las figuras que pululan entre medio como hormigas diminutas; o sus cielos tormentosos y dramáticos, o sus violentos contrastes de luz y sombra. La idea del Cenotafio a Newton nace de su propia fascinación por este personaje al que considera una figura central en la historia del Hombre. La construcción está constituída por una gigantesca esfera hueca, sobre una base cilíndrica aterrazada y convertida en parque. A su vez, la bóveda interior estaba atravesada por infinidad de diminutos orificios para recrear durante el día una ilusión de cielo estrellado. En el fondo de la misma estaría el catafalco del científico, al que se llegaría por un sinfín de pasadizos. Con esta obra, Boullée otorgaba la máxima expresión arquitectónica a su forma geométrica preferida, la esfera, alcanzando un proyecto constructivo poco menos que de ciencia ficción, como todas las realizaciones imposibles pero maravillosas, de la arquitectura visionaria. Y a la vista de todo ello cabría preguntarse qué queda en los proyectos de Boullé de arquitectura Neoclásica. Y podríamos decir que en sus proyectos hay una referencia aunque sea lejana a la monumentalidad de la arquitctura romana; también, como dijimos más arriba, su nitidez de volúmenes y la importancia de la geometría nos remiten al lenguaje clásico, y aún podría añadirse la valoración moral que artistas como él o Ledoux le otorgan a la arquitectura, porque la entienden con una valoración moral, ya que la consideran un vehículo de transformación de la sociedad, y es en este sentido sobre todo en lo que coinciden con el concepto general del arte neoclásico, que en pintura defiende por ejemplo David. Pero por lo demás la arquitectura de Boullée trasciende a su tiempo y su entorno, adelantándose a estilos constructivos que vendrán después, en un caso en cierto modo equiparable al de Goya en la pintura. Boullée preludia las Vanguardias del S. XX y es precedente en muchos aspectos de lo que significará en su momento
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